20 Agosto 2007 Seguir en 
Buenos Aires.- "Querer hacer música y humor, y humor y música a toda costa", la primera premisa que reza en el estatuto interno que fijó las reglas de Les Luthiers, probablemente revele hoy el principal secreto sobre la permanencia del grupo en el mundo del espectáculo nacional e internacional durante 40 años.
"Honrar a Johan Sebastian Mastropiero por sobre todos los demás compositores", ayuda también a definir al conjunto, inclinado en sus comienzos a Bach y la música clásica, para después ir anexando con el paso del tiempo otros ritmos.
El tercer punto de ese Estatuto, donde dicen que deberán "creer en los OMINIS (Objetos Musicales No Identificables)"a fin de convertir a cualquier objeto en instrumento musical", explica bajo qué formas conformarían su perfil artístico.
Luego, "tener probado gusto por la buena música, demostrar fascinación por la cultura y el arte y ser inteligente y con muchas ganas de divertirse", completa las metas de cinco hombres, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés, Carlos López Puccio, Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, nucleados en Les Luthiers.
"Si todo terminara, estaría contento con lo que hicimos. Hace 40 años hubiera firmado por la cuarta parte de esto", explicó Mundstock a modo de título cuando se le preguntó por el camino que recorrió el quinteto.
Pero para entender a Les Luthiers lo mejor es empezar por el principio, un principio que se remonta a los años 60 cuando grupos de jóvenes vivían ese espíritu embrionario con vientos de cambios que caracterizó a la década.
"No coincidir casi nunca en nada pero respetar en todo lo posible las opiniones, pensamientos, ideas y creaciones del otro y aceptar las decisiones de la mayoría", selló un compromiso en la vida del conjunto.
Todo comenzó a principios de los 60, en el coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, que participaba de festivales corales nacionales en los cuales los estudiantes presentaban, como cierre, entremeses humorísticos.
Un día de comienzos de 1964, Gerardo Masana, un integrante del coro de Ingeniería, se presentó a un ensayo con un libreto y unas partituras bajo el brazo, una caja con pelucas y un sueño: poner en escena una opereta cómica llamada Il figlio del pirata, con música de Carlos Mangiagalli. La obra había sido estrenada en Madrid en 1883 y, desde entonces, había pasado al olvido. El libreto era un cuadernillo de papel amarillento copiado a pluma y cosido a mano, que tenía más de 70 años y que había traído desde Barcelona por el abuelo materno de Gerardo, un inmigrante catalán que había sido actor.
La intención de Masana era presentar esa obra en el cierre del Quinto Festival Nacional de Coros Universitarios, a realizarse en La Plata. El entusiasmo con el que Masana se abocó a los preparativos, hizo que un grupito de coreutas lo siguieran sin vacilar. Finalmente, el sábado 26 de septiembre de 1964, la obra fue presentada, y tuvo una magnífica repercusión entre el público. Aquella función fue histórica; por primera vez, actuaron juntos cuatro futuros integrantes del grupo: Mundstock, Núñez Cortés, Rabinovich y el propio Masana. (DPA)
"Honrar a Johan Sebastian Mastropiero por sobre todos los demás compositores", ayuda también a definir al conjunto, inclinado en sus comienzos a Bach y la música clásica, para después ir anexando con el paso del tiempo otros ritmos.
El tercer punto de ese Estatuto, donde dicen que deberán "creer en los OMINIS (Objetos Musicales No Identificables)"a fin de convertir a cualquier objeto en instrumento musical", explica bajo qué formas conformarían su perfil artístico.
Luego, "tener probado gusto por la buena música, demostrar fascinación por la cultura y el arte y ser inteligente y con muchas ganas de divertirse", completa las metas de cinco hombres, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés, Carlos López Puccio, Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, nucleados en Les Luthiers.
"Si todo terminara, estaría contento con lo que hicimos. Hace 40 años hubiera firmado por la cuarta parte de esto", explicó Mundstock a modo de título cuando se le preguntó por el camino que recorrió el quinteto.
Pero para entender a Les Luthiers lo mejor es empezar por el principio, un principio que se remonta a los años 60 cuando grupos de jóvenes vivían ese espíritu embrionario con vientos de cambios que caracterizó a la década.
"No coincidir casi nunca en nada pero respetar en todo lo posible las opiniones, pensamientos, ideas y creaciones del otro y aceptar las decisiones de la mayoría", selló un compromiso en la vida del conjunto.
Todo comenzó a principios de los 60, en el coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, que participaba de festivales corales nacionales en los cuales los estudiantes presentaban, como cierre, entremeses humorísticos.
Un día de comienzos de 1964, Gerardo Masana, un integrante del coro de Ingeniería, se presentó a un ensayo con un libreto y unas partituras bajo el brazo, una caja con pelucas y un sueño: poner en escena una opereta cómica llamada Il figlio del pirata, con música de Carlos Mangiagalli. La obra había sido estrenada en Madrid en 1883 y, desde entonces, había pasado al olvido. El libreto era un cuadernillo de papel amarillento copiado a pluma y cosido a mano, que tenía más de 70 años y que había traído desde Barcelona por el abuelo materno de Gerardo, un inmigrante catalán que había sido actor.
La intención de Masana era presentar esa obra en el cierre del Quinto Festival Nacional de Coros Universitarios, a realizarse en La Plata. El entusiasmo con el que Masana se abocó a los preparativos, hizo que un grupito de coreutas lo siguieran sin vacilar. Finalmente, el sábado 26 de septiembre de 1964, la obra fue presentada, y tuvo una magnífica repercusión entre el público. Aquella función fue histórica; por primera vez, actuaron juntos cuatro futuros integrantes del grupo: Mundstock, Núñez Cortés, Rabinovich y el propio Masana. (DPA)







