20 Agosto 2007 Seguir en 
Cuando arrancó, Empleado de Mes tocó para unos cuantos amigos y para los técnicos que los escuchaban: a pesar de la buena performance del grupo, con temas como "Coca" (dedicado a los varitas de la Banda del Río Salí), la fría noche hasta impedía sacar las manos de los bolsillos para aplaudir. Pero cuando Daniel Melero se subió al improvisado escenario al aire libre en los jardines del boliche "Recórcholis", ya había cerca de 400 personas que lo aplaudieron en todo momento.
Entre las 22.30 y la 1 de la madrugada, no sólo habían pasado dos horas y media, sino la presentación de un conjunto de artistas que ya clasifican en primera en el pop local y también en Buenos Aires, con un muestrario de géneros y de estilos: pop, noise, indie, etc.
Monoambiente, por ejemplo, aunque tuvo que lidiar con algunos acoples en el sonido, pasó de suaves canciones, como "La am en la efeméride rural" (cantada por Eduardo Ferrer), a algunas más agitadas como la de Juan Cruz Palacio ("El bien máximo") y otras con ajustada melodía, como "El desierto" (interpretada por Agustín Goytía).
Luego, sorpresivamente, subieron al escenario Juan Diosque y su banda. Con su electroacústica interpretaron un set de temas, algunos tan cortos que no fueron pocos los no se dieron cuenta de que ya habían terminado, y los aplausos llegaron con retardo. "En general no me gustan las cosas largas; una película larga es una tortura para mí. He buscado en "I Can Cion", por ejemplo, procesar el mayor grado de información en menor tiempo, sin que por eso deje de ser bello", le había dicho a LA GACETA unas horas antes del show.
Posteriormente fue el turno de Klemm, y la presentación fue la oportunidad para comprobar el crecimiento de la banda, con un conjunto de composiciones que empezó a calentar la noche. Federico Carlorossi, Eduard, Fligman y Quique Ilid sonaron ajustadamente con "Liquidación" y "Capaz", e interpretaron una hermosa versión de "Como pasa el tiempo", con las inconfundibles voces del Chueco y de Fede.
Alrededor de la 1, Daniel Melero subió al escenario: con un apreciable buen humor, no sólo cantó sino que desarrolló una verdadera performance. Arrancó con "La sed" y continuó con canciones como "Líneas", "Sin respuestas" y "Nena mía", entre otras, de diferentes discos. Curioso caso el de este artista, que alienta un increíble bajo perfil, pero que en el escenario logra transformarse, con su música, en una verdadera interpretación que conquista a los espectadores. Otra curiosidad: en su banda, el mismo Juan Diosque toca la batería, pero de parado.
Artistas, teatristas y músicos constituyeron el grueso del público que escuchó a Melero. Producidos y sin producir, chicas de boutique y muchachos con zapatillas caras, se mezclaron para cobijarse debajo de una de las carpas, en un espacio en el que se habían creado distintos ambientes donde también se proyectaban videos y cortos. Decididamente, "Recórcholis" lució distinto gracias a las intervenciones artísticas. Y cuando Melero terminó su show, esa confusión fue mayor en la pista de baile, al ritmo de los dj?s Gustavo Lamas y Dany Nijenshon.
Entre las 22.30 y la 1 de la madrugada, no sólo habían pasado dos horas y media, sino la presentación de un conjunto de artistas que ya clasifican en primera en el pop local y también en Buenos Aires, con un muestrario de géneros y de estilos: pop, noise, indie, etc.
Monoambiente, por ejemplo, aunque tuvo que lidiar con algunos acoples en el sonido, pasó de suaves canciones, como "La am en la efeméride rural" (cantada por Eduardo Ferrer), a algunas más agitadas como la de Juan Cruz Palacio ("El bien máximo") y otras con ajustada melodía, como "El desierto" (interpretada por Agustín Goytía).
Luego, sorpresivamente, subieron al escenario Juan Diosque y su banda. Con su electroacústica interpretaron un set de temas, algunos tan cortos que no fueron pocos los no se dieron cuenta de que ya habían terminado, y los aplausos llegaron con retardo. "En general no me gustan las cosas largas; una película larga es una tortura para mí. He buscado en "I Can Cion", por ejemplo, procesar el mayor grado de información en menor tiempo, sin que por eso deje de ser bello", le había dicho a LA GACETA unas horas antes del show.
Posteriormente fue el turno de Klemm, y la presentación fue la oportunidad para comprobar el crecimiento de la banda, con un conjunto de composiciones que empezó a calentar la noche. Federico Carlorossi, Eduard, Fligman y Quique Ilid sonaron ajustadamente con "Liquidación" y "Capaz", e interpretaron una hermosa versión de "Como pasa el tiempo", con las inconfundibles voces del Chueco y de Fede.
Alrededor de la 1, Daniel Melero subió al escenario: con un apreciable buen humor, no sólo cantó sino que desarrolló una verdadera performance. Arrancó con "La sed" y continuó con canciones como "Líneas", "Sin respuestas" y "Nena mía", entre otras, de diferentes discos. Curioso caso el de este artista, que alienta un increíble bajo perfil, pero que en el escenario logra transformarse, con su música, en una verdadera interpretación que conquista a los espectadores. Otra curiosidad: en su banda, el mismo Juan Diosque toca la batería, pero de parado.
Artistas, teatristas y músicos constituyeron el grueso del público que escuchó a Melero. Producidos y sin producir, chicas de boutique y muchachos con zapatillas caras, se mezclaron para cobijarse debajo de una de las carpas, en un espacio en el que se habían creado distintos ambientes donde también se proyectaban videos y cortos. Decididamente, "Recórcholis" lució distinto gracias a las intervenciones artísticas. Y cuando Melero terminó su show, esa confusión fue mayor en la pista de baile, al ritmo de los dj?s Gustavo Lamas y Dany Nijenshon.







