19 Agosto 2007 Seguir en 
Pasan los días y José Ignacio González sigue sin aparecer. Y, lo que es peor aún, no hay ni un indicio para determinar qué pasó con el empleado de la Secretaría de Educación ni, mucho menos, dónde se encuentra.
González subsistía con menos de $ 1.200 mensuales, ya que su sueldo era sometido a embargos por no haber cumplido con el pago de algunas deudas que habrían sido originadas a causa de su adicción al juego. El 13 de julio fue visto por última vez, en un bar de la plazoleta Mitre. Allí, según confirmaron fuentes policiales, se había reunido con un allegado para pedirle que extrajera un préstamo de $ 1.000 a su nombre.
La fiscal Adriana Giannoni, que investiga el caso, con el correr de los días descubrió que González tenía al menos dos cuentas donde se movían importantes sumas de dinero. En un principio se pensó que él prestaba su nombre, pero luego se comprobó que también operaba con esos fondos.
Por ese motivo, todas las hipótesis de la desaparición giran en torno de las transacciones financieras. Inclusive, no se descarta que se esté ante un caso de lavado de dinero.
La teoría que se fue dejando de lado al aparecer nuevos indicios, indicaba que González habría huido después de haber extraído dinero de una de las cuentas en la que se depositaban fondos que no eran suyos. Sin embargo, los investigadores no entienden por qué se escapó sin la tirilla de su documento o sin cobrar su salario y medio aguinaldo, y sin sus tarjetas de crédito y de débito.
Otra hipótesis que manejan los pesquisas es que el desaparecido haya extraído dinero sin autorización y que por ello haya sido víctima de un ajuste de cuentas. Pero hasta el momento no probaron que el empleado de Educación haya retirado dinero en efectivo de las dos cuentas que encontraron a su nombre.
Los investigadores, con los nuevos elementos reunidos en la causa, no descartan que González, al enterarse de los fondos que se manejaban en las cuentas a su nombre, podría haber amenazado con dar a conocer todo en caso de que no recibiera una mejor retribución económica por su tarea de testaferro. A causa de esta actitud, podría haber sido víctima de una venganza.
La última y, quizás más improbable, es que la desaparición de González haya sido un mensaje para algún personaje del sistema financiero paralelo. Los motivos y el destinatario son, por ahora, una incógnita.
Un problema
"Es muy difícil investigar este caso. La denuncia de su desaparición se hizo por lo menos 20 días después de que fue visto por última vez. Son muchos días para reconstruir", aseguró Miguel Gómez, jefe de Seguridad Personal que está a cargo de la investigación del caso.
Para colmo, los pesquisas se encontraron con otro problema: el empleado de Educación era una persona muy reservada que prácticamente no comentaba sobre su vida privada y, con el correr de la investigación, se toparon con datos desconocidos de la vida de González.
Otro elemento que juega en contra de la Policía es que no hay familiares que aporten datos de relevancia para poder avanzar aún más rápido con la investigación.
"Nos sorprendemos todos los días al leer el diario. No podemos creer que haya tenido la posibilidad de manejar semejante cantidad de dinero. Es imposible que esa plata haya sido suya. No tenía cómo obtenerla", expresó José Carlos Rodríguez, empleado de Educación.
Los compañeros de trabajo y vecinos de González aún no entienden muchas cosas. "Se dice que era casado, pero nosotros nunca lo vimos con una mujer. También aseguran que manejaba plata, pero apenas si le alcanzaba para comer. Este es un caso muy extraño, que nos sorprende día a día", expresó Laura Jiménez, vecina del desaparecido.
La información oficial indica que esa cuenta se habría cerrado luego de que las autoridades del banco les solicitaron a los titulares que justificaran las grandes sumas de dinero que allí se depositaban.
Hasta el momento, la Justicia comprobó que González compartía una cuenta con el comerciante Julio César Pavón. En esa caja de ahorro se depositaban cheques de montos pequeños y que habían sido librados en diversas provincias. González recibía entre $ 20 y $ 50 por semana por prestar su nombre.
Hasta ahora, la Justicia descubrió tres situaciones llamativas. La primera, un documento librado en abril pasado por Juan Carlos Medina, un jubilado de Dipos que murió de una afección cardíaca en febrero de 2005.
También estableció que la cuenta que Pavón poseía con González, era manejada por Agustina Carranza, que pasó, en cuestión de meses, de ser empleada a socia del comerciante.
Otro de los datos importantes para la investigación es que González, el 29 de junio, días antes de su desaparición, transfirió fondos de su cuenta a otra que tenía Carranza con Raúl Martín Garrido. Ambos, al igual que Pavón, son fieles de la Iglesia Universal del Reino de Dios y negaron conocer y tener relaciones comerciales con González.
Si realmente no tenían negocios en común, por qué el empleado de Educación les transfirió $ 10.000 a su cuenta, se preguntan los investigadores. Ese es el interrogante que deberían responder cuando la fiscal Giannoni los cite a declarar nuevamente.
Ayuda
Ante la sospecha de que está ante un caso de lavado de dinero, la fiscal solicitó la colaboración de una contadora que forma parte de un equipo del Poder Judicial.
La profesional, según confirmaron las fuentes consultadas, se encargará de analizar los movimientos y las transacciones que se realizaron en esas cuentas. Una vez que finalice su trabajo, le sugerirá a la fiscal Giannoni que adopte una serie de medidas en busca de indicios para esclarecer el caso.
Uno de los cheques que se depositaron en la caja de ahorro del desaparecido había sido librado en abril pasado por un hombre que murió en febrero de 2005.
Julio César Pavón le habría entregado entre $ 20 y $ 50 por semana a González por prestarle la caja de ahorros que tenía en un banco.
Agustina Carranza negó tener vínculo comercial con González, pero el desaparecido le transfirió casi $ 10.000 a su cuenta.
González subsistía con menos de $ 1.200 mensuales, ya que su sueldo era sometido a embargos por no haber cumplido con el pago de algunas deudas que habrían sido originadas a causa de su adicción al juego. El 13 de julio fue visto por última vez, en un bar de la plazoleta Mitre. Allí, según confirmaron fuentes policiales, se había reunido con un allegado para pedirle que extrajera un préstamo de $ 1.000 a su nombre.
La fiscal Adriana Giannoni, que investiga el caso, con el correr de los días descubrió que González tenía al menos dos cuentas donde se movían importantes sumas de dinero. En un principio se pensó que él prestaba su nombre, pero luego se comprobó que también operaba con esos fondos.
Por ese motivo, todas las hipótesis de la desaparición giran en torno de las transacciones financieras. Inclusive, no se descarta que se esté ante un caso de lavado de dinero.
La teoría que se fue dejando de lado al aparecer nuevos indicios, indicaba que González habría huido después de haber extraído dinero de una de las cuentas en la que se depositaban fondos que no eran suyos. Sin embargo, los investigadores no entienden por qué se escapó sin la tirilla de su documento o sin cobrar su salario y medio aguinaldo, y sin sus tarjetas de crédito y de débito.
Otra hipótesis que manejan los pesquisas es que el desaparecido haya extraído dinero sin autorización y que por ello haya sido víctima de un ajuste de cuentas. Pero hasta el momento no probaron que el empleado de Educación haya retirado dinero en efectivo de las dos cuentas que encontraron a su nombre.
Los investigadores, con los nuevos elementos reunidos en la causa, no descartan que González, al enterarse de los fondos que se manejaban en las cuentas a su nombre, podría haber amenazado con dar a conocer todo en caso de que no recibiera una mejor retribución económica por su tarea de testaferro. A causa de esta actitud, podría haber sido víctima de una venganza.
La última y, quizás más improbable, es que la desaparición de González haya sido un mensaje para algún personaje del sistema financiero paralelo. Los motivos y el destinatario son, por ahora, una incógnita.
Un problema
"Es muy difícil investigar este caso. La denuncia de su desaparición se hizo por lo menos 20 días después de que fue visto por última vez. Son muchos días para reconstruir", aseguró Miguel Gómez, jefe de Seguridad Personal que está a cargo de la investigación del caso.
Para colmo, los pesquisas se encontraron con otro problema: el empleado de Educación era una persona muy reservada que prácticamente no comentaba sobre su vida privada y, con el correr de la investigación, se toparon con datos desconocidos de la vida de González.
Otro elemento que juega en contra de la Policía es que no hay familiares que aporten datos de relevancia para poder avanzar aún más rápido con la investigación.
"Nos sorprendemos todos los días al leer el diario. No podemos creer que haya tenido la posibilidad de manejar semejante cantidad de dinero. Es imposible que esa plata haya sido suya. No tenía cómo obtenerla", expresó José Carlos Rodríguez, empleado de Educación.
Los compañeros de trabajo y vecinos de González aún no entienden muchas cosas. "Se dice que era casado, pero nosotros nunca lo vimos con una mujer. También aseguran que manejaba plata, pero apenas si le alcanzaba para comer. Este es un caso muy extraño, que nos sorprende día a día", expresó Laura Jiménez, vecina del desaparecido.
Podrían analizar una tercera cuenta
La posible existencia de una tercera cuenta bancaria tiene en vilo a todos los investigadores. La fiscal Adriana Giannoni espera que, entre el martes y el miércoles, una entidad crediticia le confirme que allí había otra caja de ahorro que podría estar vinculada al caso González.La información oficial indica que esa cuenta se habría cerrado luego de que las autoridades del banco les solicitaron a los titulares que justificaran las grandes sumas de dinero que allí se depositaban.
Hasta el momento, la Justicia comprobó que González compartía una cuenta con el comerciante Julio César Pavón. En esa caja de ahorro se depositaban cheques de montos pequeños y que habían sido librados en diversas provincias. González recibía entre $ 20 y $ 50 por semana por prestar su nombre.
Hasta ahora, la Justicia descubrió tres situaciones llamativas. La primera, un documento librado en abril pasado por Juan Carlos Medina, un jubilado de Dipos que murió de una afección cardíaca en febrero de 2005.
También estableció que la cuenta que Pavón poseía con González, era manejada por Agustina Carranza, que pasó, en cuestión de meses, de ser empleada a socia del comerciante.
Otro de los datos importantes para la investigación es que González, el 29 de junio, días antes de su desaparición, transfirió fondos de su cuenta a otra que tenía Carranza con Raúl Martín Garrido. Ambos, al igual que Pavón, son fieles de la Iglesia Universal del Reino de Dios y negaron conocer y tener relaciones comerciales con González.
Si realmente no tenían negocios en común, por qué el empleado de Educación les transfirió $ 10.000 a su cuenta, se preguntan los investigadores. Ese es el interrogante que deberían responder cuando la fiscal Giannoni los cite a declarar nuevamente.
Ayuda
Ante la sospecha de que está ante un caso de lavado de dinero, la fiscal solicitó la colaboración de una contadora que forma parte de un equipo del Poder Judicial.
La profesional, según confirmaron las fuentes consultadas, se encargará de analizar los movimientos y las transacciones que se realizaron en esas cuentas. Una vez que finalice su trabajo, le sugerirá a la fiscal Giannoni que adopte una serie de medidas en busca de indicios para esclarecer el caso.
Puntos oscuros
En las cuentas que están a nombre de González se produjeron movimientos de hasta $ 600.000. Sus allegados aseguran que no tenía ni para comer.Uno de los cheques que se depositaron en la caja de ahorro del desaparecido había sido librado en abril pasado por un hombre que murió en febrero de 2005.
Julio César Pavón le habría entregado entre $ 20 y $ 50 por semana a González por prestarle la caja de ahorros que tenía en un banco.
Agustina Carranza negó tener vínculo comercial con González, pero el desaparecido le transfirió casi $ 10.000 a su cuenta.







