La UNT tuvo su propio cacerolazo

Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

18 Agosto 2007
El conflicto por el reencasillamiento no docente trae a la memoria de diciembre de 2001, cuando la gente salió a la calle porque le tocaron el bolsillo. La sesión que no fue.

En la rebelión de los no docentes de la UNT que se alzaron contra el reencasillamiento que habían acordado los representantes gremiales de Apunt con la patronal universitaria y con la Nación, sólo faltaron las cacerolas. Es que la movilización no docente que se ha generado en la Universidad estatal ha estado impulsada, sin duda, por el bolsillo. Como el cacerolazo de 2001. Lo cual, valorativamente hablando, no es bueno ni malo. Es el dato de una época en la que a las revoluciones las agita el ánimo de supervivencia. Al margen de esa reminiscencia de tiempos convulsionados para la República, la movida de los no docentes universitarios también trae a la memoria el proceso de desmembramiento del movimiento sindical de la docencia provincial tucumana, que en el año 2000 rompió la hegemonía del dirigente César Zelarayán, con la conformación de un grupo disidente por un lado, y de un gremio opositor -la UDT, UDA- por el otro.
Hace apenas dos meses, nadie hubiera soñado en el seno de la UNT que a la dirigencia tradicional que hoy conduce Apunt le naciera un hijo pródigo. El jueves, los "autoconvocados" celebraron que desde el Rectorado de la UNT se los haya incluido en una mesa para revisar el reencasillamiento con el que no todos están conformes. Con razón, observan que esa es una suerte de legitimación para un sector que no es institucional ni tiene personería gremial. Más aún: la protesta ya ha dejado emerger nuevos liderazgos en el sector no docente de la UNT, que podrá ponerse a prueba en la próxima convocatoria para renovar delegados (los mandatos están vencidos desde hace tiempo). En un futuro más lejano, el año próximo hay elecciones para renovar autoridades en Apunt. Hasta entonces se verá si esta fuerza incipiente se ha institucionalizado como para pelearle el poder a la comisión actual.
Sin embargo, aun cuando las filas del tradicional gremio de los no docentes están raleadas, lo cierto es que fue la gente de Apunt la que tomó el martes el rectorado y les puso un candado a las puertas de la institución, y con ese accionar logró impedir la sesión del Consejo Superior de la UNT, que después de la Asamblea Universitaria es la máxima expresión de democracia en la institución.
Las autoridades de la UNT, que condenaron "toda actitud antidemocrática", argumentaron que dejaban efecto la sesión "porque no estaban dadas las garantías de seguridad para sesionar". Sin embargo, así como los decanos marcaron presencia, no lo hizo -al menos públicamente- el resto del Consejo Superior, en el que también hay un representante de los no docentes que está más cerca de la conducción de Apunt que de los autoconvocados. Si se observa que el actual Consejo Superior ha venido demostrando actitudes de autonomía, llamó la atención el silencio del cuerpo colegiado en esta circunstancia en la que la UNT parecía un barco en zozobra, con paros de un lado y quites de colaboración del otro, con turnos de exámenes caídos y un segundo semestre académico de arranque incierto.
Según el rector de la UNT, este es un tiempo de desafíos. A diferencia de su antecesor, Mario Marigliano, que no distinguía entre opositores y enemigos, y que manejaba la institución a su antojo, Cerisola quiere proyectarse como un dirigente democrático que gestiona "a puertas abiertas" pero que, al mismo tiempo, "no duerme la siesta" (como se dijo alguna vez de De la Rúa, volviendo a diciembre de 2001).
Sin embargo, qué mejor prueba de fe democrática -y de búsqueda de transparencia -que impulsar la intervención del Consejo Superior en la instancia de revisión del reencasillamiento, un trámite que ya ha sido reconocido -cuanto menos- como "desprolijo".

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