El camión electoral siente el peso del acoplado
En el oficialismo hay una preocupación capital por tratar de sumar la mayor cantidad de bancas legislativas. Se avecina una intestina lucha entre alperovichistas. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
17 Agosto 2007 Seguir en 
“Muchachos: no se están moviendo”. Cuenta la leyenda que el sábado, con este frase -suavizada por cuestiones de estilo-, José Alperovich intentó despertar a los candidatos del oficialista Frente para la Victoria que, según sus allegados, están algo achanchados y esperando que el domingo 26 le lluevan votos. Claro que algo de culpa debe tener el propio gobernador. En cada reunión política suele decir que a las elecciones las ganará caminando y sólo mostrando lo que hizo durante sus cuatro años de gestión. Ese discurso se hizo cuerpo en los dirigentes territoriales.En el oficialismo ya no hay códigos y si alguna vez los hubo, el propio Alperovich se ocupó de romperlos. Por eso no sorprendió que uno de sus más estrechos hombres de confianza haya cruzado el puente hacia la protesta pública. Los trapitos dejaron de lavarse en casa y ahora se secan a la luz del electorado. Sergio Mansilla coordina, desde una secretaría, a dirigentes municipales y de comunas rurales cada vez más descontentos por los apadrinamientos alperovichistas hacia los acoplados. Y en la queja mayoritaria salta una factura casi común: “llevamos más de cuatro años en el proyecto alperovichista y creo que tenemos más derechos que los acoplados”, dijo uno de ellos. En el partido, eso se llama lealtad, acota otro dirigente del PJ.
Alperovich, como estratega político, entiende que la pelea debe darse en municipio por municipio y circuito por circuito. En su lógica está luego la recompensa. Cuentan que después de aquel encendido discurso sabatino, el jefe del PE deslizó un comentario que puso los pelos de punta a más de uno candidato: las relaciones políticas dependerán de los resultados que se obtengan en las urnas.
El oficialismo y la oposición coinciden en que resulta difícil efectuar sondeos respecto de cuál puede ser el resultado de las elecciones, en cuanto a la distribución de las bancas, por imperio de los acoples.
El oficialismo ya hizo algunos y quedó con una preocupación capital por el avance de los acoplados y de la oposición en un territorio siempre difícil para la Casa de Gobierno: San Miguel de Tucumán. A tal punto que en varias listas opositoras se comenta que obtendrían nueve bancas legislativas en capital, una cifra que puede dejar un tendal de heridos en el Frente para la Victoria donde convergen legisladores, funcionarios y dirigentes que responden a Fernando Juri. Entre el lunes y el martes, Alperovich recibirá el último sondeo que puede ir vislumbrando cómo sería la nueva composición del tablero legislativo y hacia dónde orientar el aparato electoral.
Un estratega oficial comenta, a modo de ejemplo, cómo puede iniciarse bien una elección: una buena logística con 200 autos que transporten votantes le asegura a un candidato a concejal o a legislador un piso inicial de 1.000 votos (fieles). La cuestión pasará luego a no perder punteros políticos, ya que en los días previos y hasta la misma jornada de comicio serán tentados para traspasarse a otras listas. En el barrio, eso se llama traición. Sin embargo, en la política de hoy todo vale. El oficialismo prepara una fiesta popular para la noche del 26. Dicen que traerán a un chaqueño y a varios nocheros para celebrar el día de la democracia. Claro que faltarán algunos invitados, dolidos por el resultado.
En las ciencias políticas se dice que el que conduce persuade y el que manda obliga. En la granja de José hay pollitos oficialistas y acoplados en fuga. Algunos porque les cortaron los víveres; otros porque no fueron persuadidos, sino obligados a compartir espacios políticos.
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