17 Agosto 2007 Seguir en 
Análisis de Juan Carlos Di Lullo, Redacción LA GACETA. George Lucas respetó a rajatabla varias de las recetas básicas de la industria del entretenimiento y eso le bastó para inscribir su nombre en la historia del cine hace ya 30 años. Deslumbró a los espectadores con las batallas intergalácticas -aunque muchos de los trucos eran tecnológicamente elementales-; trazó con mano segura los personajes centrales y los clasificó sin medias tintas en buenos y malos (y creó un villano antológico en el personaje de Darth Vader); dio rienda suelta al humor y a la imaginación en personajes secundarios como R2 D2, C3PO o Chewbacca; confió los roles centrales a actores prácticamente desconocidos, con lo que no hubo una estrella con fulgor propio capaz de eclipsar a la película; inventó una serie de accesorios irresistiblemente atractivos (espadas laser, cascos, armas estrafalarias y capas), que permitieron desarrollar un descomunal merchandising; se encargó de abrir un costado místico en la historia (La Fuerza, El Lado Oscuro) como para alimentar cualquier tipo de interpretaciones; ganó premios por docenas a inspiró imitaciones y parodias; gastó relativamente poco y le alcanzó para hacer una de las películas más taquilleras de la historia, que inició una saga memorable. ¿Qué más podía pedir la industria cinematográfica?
NOTICIAS RELACIONADAS






