16 Agosto 2007 Seguir en 
Hace medio siglo, ni el más afiebrado de los autores de ciencia ficción se atrevía a soñar un futuro con una red informática capaz de brindar grabaciones en audio y video a pedido del usuario, o canales de televisión dedicados exclusivamente a la transimisión de video clips (entre otras cosas, porque todavía no existían los video clips).En esos años, la única posibilidad de ver a los cantantes mientras interpretaban los éxitos de moda era en los conciertos en vivo o a través de las películas. Eran moneda corriente entonces los filmes con estructuras argumentales prácticamente inexistentes, que servían de mero esqueleto para que la estrella de la canción pudiera interpretar una decena de temas ante las cámaras.
Hace medio siglo, el éxito de sus discos llevó a Elvis a las pantallas; en 1957, "El rock de la prisión" lo presentaba como un ex convicto que alcanza el éxito en el mundo de la música; pero el valor histórico de aquel estreno no residía en la trama, o en las virtudes narrativas o estéticas de la película. Simplemente, le dio la posibilidad a toda una legión de fanáticos de Presley de admirar su hipnótico baile y de disfrutar del ritmo de sus canciones. El entusiasmo del público era tal que llevaba a los espectadores a imitar a su ídolo y ensayar los pasos de baile en los pasillos de la platea.
Elvis prolongó su romance con el público a través de un par de docenas de títulos que tenían la exclusiva finalidad de presentarlo -generalmente en lugares paradisíacos y rodeado de beldades- en personajes que no exigían mayores cualidades interpretativas y siempre adaptados a la imagen del astro. Así pasaron "Chicas, chicas, chicas", "Diversión en Acapulco", "Viva Las Vegas" o "Paraíso hawaiano", entre otras. Era la oportunidad de ver a Elvis.
Después nos acostumbramos a internet, Much Music, MTV y todo lo demás; pero esa es otra historia.










