31 Julio 2007 Seguir en 
La victoria de Andrés “Pigu” Romero en el torneo de Hamburgo, uno de los más importantes del Tour Europeo de golf es, por cierto, una proeza para el deporte tucumano. Con este triunfo, el golfista oriundo de Yerba Buena pasó a ocupar el puesto 29 del ranking mundial. Pocos días antes, el joven de 26 años había obtenido el tercer puesto en el Abierto Británico, en Escocia. Desde que debutó en el Abierto del Norte en 1998, cuando ocupó el cuarto lugar, Romero comenzó a diseñar una meteórica e inesperada carrera en este deporte. Formado en el campo del Jockey Club, en Alpa Sumaj, obtuvo hasta el momento diez títulos: dos veces ganó en el Tour de las Américas (Panamá y Medellín, en 2003); tres veces el Abierto del Norte (2003, 2006 y 2007) y una vez el De Vicenzo Classic (2005); en 2006 triunfó en el Abierto del Litoral (Rosario) y en el Torneo de Maestros (Olivos). En Europa sólo había ganado el Morson International Open, en Manchester, por el Challenge Tour.
El triunfo en el campo de Gut Kaden, Hamburgo (Alemania), donde en 2006 había finalizado en cuarto lugar, constituye un premio a un joven que se crió en el seno de un hogar humilde, y a su esfuerzo y disciplina para lograr ser lo que siempre anheló. Tiene ocho hermanos, su padre es fletero y su madre ama de casa. A los ocho años dio sus primeros golpes en el golf. “Como no tenía dinero para comprar un palo, empecé practicando con una rama de mora. Yo sabía que las posibilidades de jugar al golf eran muy escasas porque en casa no había un mango. Pero con dedicación, esfuerzo y ganas, pude llegar... Las privaciones que pasé me estimulan para seguir adelante con todo, y para poder tener lo que nunca tuve”, dijo en una ocasión.
El premiado deportista, que trabajó de caddie; contó en otra oportunidad que, cuando tenía que intervenir en un torneo importante, su hermano se encargaba de pedir plata prestada para que pudiera participar. A partir de este jueves, “Pigu” disputará el torneo Bridgestone Invitational, en Ohio (EE.UU), y luego intervendrá en el último certamen de Grand Slam de la temporada, el PGA Championship, que este año tendrá lugar en Southern Hill, Oklahoma. Pero, más allá del dinero ganado y del camino ascendente, hasta el momento, Romero sigue conservando la humildad. Sus logros deportivos están sustentados en su talento, en una gran dosis de suerte y, particularmente, en su perseverancia y su disciplina para progresar en este deporte tan competitivo, en el cual ningún tucumano había logrado trascender anteriormente en el ámbito internacional.
Estas victorias de Romero, que hoy enorgullecen a los tucumanos, deben llevarnos a la reflexión. En estos tiempos, en una sociedad donde la importancia del esfuerzo y del sacrificio como herramientas esenciales para llegar a buen puerto en una meta propuesta, está muy devaluada, la labor de “Pigu” debería convertirse en un ejemplo para que los jóvenes tomen conciencia de que “querer es poder” y que para llegar al triunfo en cualquier aspecto de la vida hay que prepararse intensamente, de otro modo, será muy difícil poder sortear adversidades de toda índole que se nos presentarán.
A menudo, programas televisivos estimulan a los jóvenes a intentar llegar al éxito por el camino más fácil. No necesariamente el éxito debe ser sinónimo de fama y de dinero. Tener éxito en la vida puede significar también destacarse en el colegio o en la universidad como alumno o docente, en la sociedad como ciudadano o como político de raza, es decir, con vocación de servicio, por dar sólo unos ejemplos.
Todo esfuerzo tiene su premio. Sería bueno que tuviéramos siempre presente ese refrán.
El triunfo en el campo de Gut Kaden, Hamburgo (Alemania), donde en 2006 había finalizado en cuarto lugar, constituye un premio a un joven que se crió en el seno de un hogar humilde, y a su esfuerzo y disciplina para lograr ser lo que siempre anheló. Tiene ocho hermanos, su padre es fletero y su madre ama de casa. A los ocho años dio sus primeros golpes en el golf. “Como no tenía dinero para comprar un palo, empecé practicando con una rama de mora. Yo sabía que las posibilidades de jugar al golf eran muy escasas porque en casa no había un mango. Pero con dedicación, esfuerzo y ganas, pude llegar... Las privaciones que pasé me estimulan para seguir adelante con todo, y para poder tener lo que nunca tuve”, dijo en una ocasión.
El premiado deportista, que trabajó de caddie; contó en otra oportunidad que, cuando tenía que intervenir en un torneo importante, su hermano se encargaba de pedir plata prestada para que pudiera participar. A partir de este jueves, “Pigu” disputará el torneo Bridgestone Invitational, en Ohio (EE.UU), y luego intervendrá en el último certamen de Grand Slam de la temporada, el PGA Championship, que este año tendrá lugar en Southern Hill, Oklahoma. Pero, más allá del dinero ganado y del camino ascendente, hasta el momento, Romero sigue conservando la humildad. Sus logros deportivos están sustentados en su talento, en una gran dosis de suerte y, particularmente, en su perseverancia y su disciplina para progresar en este deporte tan competitivo, en el cual ningún tucumano había logrado trascender anteriormente en el ámbito internacional.
Estas victorias de Romero, que hoy enorgullecen a los tucumanos, deben llevarnos a la reflexión. En estos tiempos, en una sociedad donde la importancia del esfuerzo y del sacrificio como herramientas esenciales para llegar a buen puerto en una meta propuesta, está muy devaluada, la labor de “Pigu” debería convertirse en un ejemplo para que los jóvenes tomen conciencia de que “querer es poder” y que para llegar al triunfo en cualquier aspecto de la vida hay que prepararse intensamente, de otro modo, será muy difícil poder sortear adversidades de toda índole que se nos presentarán.
A menudo, programas televisivos estimulan a los jóvenes a intentar llegar al éxito por el camino más fácil. No necesariamente el éxito debe ser sinónimo de fama y de dinero. Tener éxito en la vida puede significar también destacarse en el colegio o en la universidad como alumno o docente, en la sociedad como ciudadano o como político de raza, es decir, con vocación de servicio, por dar sólo unos ejemplos.
Todo esfuerzo tiene su premio. Sería bueno que tuviéramos siempre presente ese refrán.







