30 Julio 2007 Seguir en 
Si las fábricas azucareras se ponen firmes en no aceptar caña quemada, la cuestionada práctica perdería sentido. La caña helada se resentirá con el calor.El territorio cañero de Tucumán comprende 217.000 hectáreas, según el informe satelital que elaboró este año la Estación Experimental. En semejante superficie (sólo inferior al área sojera, de 270.000 hectáreas), las zonas afectadas por la quema de caña son ínfimas. Pese a la magnitud de los incendios en cañaverales, que la semana pasada pusieron en vilo el delicado sistema energético de la región, ni por asomo se quemó todo el cultivo. Queda mucha caña, y es de esperar que prime la razón y comience a disminuir esta forma de cosecha tan poco saludable. Sin embargo, los próximos días serán claves.
Se espera que a mediados de agosto empiece a subir la temperatura en Tucumán. Esto significará que la materia prima del azúcar que resultó afectada por las heladas comenzará a “avinagrarse” y a perder contenido sacarino. Con rindes bajos, esas cañas carecerán de valor para la molienda. Ese es el motivo por el cual los cañeros necesitan imperiosamente que los ingenios procesen lo antes posible su producción. Y para lograr este propósito algunos presionan con caña quemada, que debe ser molida sí o sí antes de las 48 horas de haber sido incendiada. En algunos casos, para que les reciban la materia prima, los cañeros que queman apelan a la relación contractual de años que mantienen con los ingenios.
Y hablando de ingenios -y del Gobierno-, en la última semana trascendió que la Dirección de Medio Ambiente labró un acta de infracción contra una fábrica azucarera por el delito de quema de caña (no por recibir caña quemada, sino por propiciar un incendio), pero desde esa repartición se hizo hasta lo inimaginable para no dar a conocer el nombre de la empresa infractora.
¿Es posible que antes de que las altas temperaturas invadan la provincia se desate una locura de incendios en cañaverales? Que eso suceda -o no- dependerá de la postura que asuman los dueños de los ingenios: si estos se ponen firmes en no aceptar caña quemada, la modalidad perdería sentido de inmediato.
El tiempo que les queda a los quemadores de caña “apurados” es poco. Por lo tanto, el Gobierno deberá profundizar los controles en los próximos días y poner énfasis en verificar que no ingrese caña quemada a las fábricas.







