29 Julio 2007 Seguir en 
La historia vuelve a repetirse..., dice el tango “Por la vuelta”, cuya letra es de Enrique Cadícamo y la música de José Tinelli. Esta suerte de eterno retorno que nos envuelve a los tucumanos desde hace décadas, parece ser un sino del cual resulta difícil escapar. Si despertara por unas horas en esta ciudad, don Fernando de Mendoza y Mate de Luna, que ordenó el traslado de San Miguel de Tucumán desde Ibatín hasta su actual emplazamiento en 1685, e intentara cruzar la avenida que lleva su nombre, sería probablemente atropellado por algún desaprensivo conductor o sería testigo de un espectacular choque con víctimas mortales. Si se quedara a vivir un mes, se enteraría de que cada 30 días se producen 40 accidentes en la avenida que lo homenajea y que las soluciones que se proponen para atenuar la peligrosidad siguen siendo las mismas.
En marzo de 2000, la Municipalidad capitalina comenzó a emplear radares para los conductores respetaran los límites de velocidad y para hacer descender la siniestralidad en la avenida Mate de Luna. En el Concejo Deliberante se aplaudió la iniciativa. Sin embargo, algunos ediles manifestaron que esta era una solución alternativa porque los controles se harían algunos días, es decir que serían circunstanciales. Se consideraba por ese entonces tres proyectos distintos para incrementar la cantidad de semáforos. Se dijo también una vez más que era necesario realizar una campaña educativa. “Trabajaremos en todos los sectores de la ciudad donde consideremos que es necesario para acabar con lo que están acostumbrados a cometer transgresiones”, dijo en esa ocasión un funcionario municipal de Tránsito, sin saber quizás que esas palabras ya habían sido dichas antes en numerosas oportunidades y que serían repetidas muchas veces más en el futuro. El control de radares desapareció sin pena ni gloria.
Según las estadísticas actuales, la avenida Mate de Luna ocupa el tercer lugar en cantidad de accidentes, detrás de Roca y Juan B. Justo. De acuerdo con la medición municipal más del 70 % de los choques en la capital se registran en estas avenidas y los protagonistas son conductores cuyas edades van de 20 a 40 años. En 2006, los percances en la Mate de Luna aumentaron un 35%, como consecuencia de la ausencia de controles, exceso de velocidad e imprudencia. La creciente siniestralidad en esa vía llevó a las autoridades a replantear los controles para impedir los excesos de velocidad y el viernes la Municipalidad realizó operativos con radares móviles y anticipó que en las próximas semanas se instalará un sistema de fotomultas y radares fijos en los semáforos. Un funcionario señaló que además de los controles es necesario generar conciencia vial y que tratar de que las multas sean efectivas, ya que actualmente la mayoría no se paga, lo que desnuda una deficiencia de la autoridad.
Un urbanista afirmó que el control con radares no solucionará el problema de la inseguridad en la Mate de Luna que se convirtió en la columna vertebral de la ciudad, a causa del crecimiento de la población hacia el oeste. Propuso alternativas e hizo hincapié en combatir el arraigado hábito de quebrantar la ley. Años atrás, por iniciativa municipal, urbanistas españoles hicieron un estudio sobre el tránsito en San Miguel de Tucumán. Nuestros especialistas también hicieron valiosos aportes para solucionar esta problemática urbana. Sin embargo, se sigue apelando a fórmulas remanidas, y lo grave es que la mayoría de las multas no se cobra, según un funcionario. Sin penalidades efectivas y severas, sin educación vial y sin una planificación adecuada del tránsito no se podrá cambiar el hábito y la historia volverá a repetirse.
En marzo de 2000, la Municipalidad capitalina comenzó a emplear radares para los conductores respetaran los límites de velocidad y para hacer descender la siniestralidad en la avenida Mate de Luna. En el Concejo Deliberante se aplaudió la iniciativa. Sin embargo, algunos ediles manifestaron que esta era una solución alternativa porque los controles se harían algunos días, es decir que serían circunstanciales. Se consideraba por ese entonces tres proyectos distintos para incrementar la cantidad de semáforos. Se dijo también una vez más que era necesario realizar una campaña educativa. “Trabajaremos en todos los sectores de la ciudad donde consideremos que es necesario para acabar con lo que están acostumbrados a cometer transgresiones”, dijo en esa ocasión un funcionario municipal de Tránsito, sin saber quizás que esas palabras ya habían sido dichas antes en numerosas oportunidades y que serían repetidas muchas veces más en el futuro. El control de radares desapareció sin pena ni gloria.
Según las estadísticas actuales, la avenida Mate de Luna ocupa el tercer lugar en cantidad de accidentes, detrás de Roca y Juan B. Justo. De acuerdo con la medición municipal más del 70 % de los choques en la capital se registran en estas avenidas y los protagonistas son conductores cuyas edades van de 20 a 40 años. En 2006, los percances en la Mate de Luna aumentaron un 35%, como consecuencia de la ausencia de controles, exceso de velocidad e imprudencia. La creciente siniestralidad en esa vía llevó a las autoridades a replantear los controles para impedir los excesos de velocidad y el viernes la Municipalidad realizó operativos con radares móviles y anticipó que en las próximas semanas se instalará un sistema de fotomultas y radares fijos en los semáforos. Un funcionario señaló que además de los controles es necesario generar conciencia vial y que tratar de que las multas sean efectivas, ya que actualmente la mayoría no se paga, lo que desnuda una deficiencia de la autoridad.
Un urbanista afirmó que el control con radares no solucionará el problema de la inseguridad en la Mate de Luna que se convirtió en la columna vertebral de la ciudad, a causa del crecimiento de la población hacia el oeste. Propuso alternativas e hizo hincapié en combatir el arraigado hábito de quebrantar la ley. Años atrás, por iniciativa municipal, urbanistas españoles hicieron un estudio sobre el tránsito en San Miguel de Tucumán. Nuestros especialistas también hicieron valiosos aportes para solucionar esta problemática urbana. Sin embargo, se sigue apelando a fórmulas remanidas, y lo grave es que la mayoría de las multas no se cobra, según un funcionario. Sin penalidades efectivas y severas, sin educación vial y sin una planificación adecuada del tránsito no se podrá cambiar el hábito y la historia volverá a repetirse.







