28 Julio 2007 Seguir en 
"El bailarín no sólo debe tener una buena técnica para lucirse sino que en el escenario debe ser un artista, debe poder cumplir su rol", le dijo a LA GACETA Rina Valverde, que durante la semana brindó un curso de perfeccionamiento en el taller Bajo Jardín (San Juan 279), que dirige Alejandra Deza.
La maestra del Instituto del Teatro Colón, donde enseña hace más de 20 años, quedó sorprendida con la energía y concentración con que los niños y adolescentes asistieron a su curso: "creo que la atención y esa energía favorecen el aprendizaje y son elementos muy importantes en el proceso", dijo, al referirse al conjunto de más de 50 alumnos que participaron en la actividad.
En un diálogo con LA GACETA, Valverde insistió en las bondades de la técnica de la danza clásica, como soporte para otros ritmos o géneros porque exigen un gran entrenamiento de barra y la demarcación de los pasos en el centro. "El bailarín debe tener una musculatura apropiada y buenas proporciones, por ejemplo. Es mucho lo que exige la técnica clásica", resumió. Desde este punto de vista, sostuvo: "no cualquiera puede ser bailarín; se puede estudiar sí, pero para ser profesional otras son las exigencias".
Consultado sobre las edades apropiadas para iniciarse en la enseñanza, la maestra dijo que no debería pasar de los 8 años: "es lo que se aconseja, habitualmente; antes, los chicos puede realizar expresión corporal, pero no más que eso. De todos modos, los varones pueden iniciarse un poco más tarde y no hay problemas. Pero las niñas no, porque requieren otro tipo de entrenamiento que son las puntas, que no usan los varones; aprender a pararse en punta es muy complicado", explicó. Posteriormente contestó que el peso "es relativo", pero que la estatura de los profesionales debe ser intermedia.
Cuando se le preguntó sobre el rol del bailarín en una puesta, respondió que se aprecia la técnica y la parte interpretativa. "Hoy la técnica es más exigente, porque las mismas coreografías son muy complicadas, y porque incursionan en diferentes estilos, con mucha fusión".
Rina Valverde fue maestra de importantes bailarinas como Paloma Herrera.
La maestra del Instituto del Teatro Colón, donde enseña hace más de 20 años, quedó sorprendida con la energía y concentración con que los niños y adolescentes asistieron a su curso: "creo que la atención y esa energía favorecen el aprendizaje y son elementos muy importantes en el proceso", dijo, al referirse al conjunto de más de 50 alumnos que participaron en la actividad.
En un diálogo con LA GACETA, Valverde insistió en las bondades de la técnica de la danza clásica, como soporte para otros ritmos o géneros porque exigen un gran entrenamiento de barra y la demarcación de los pasos en el centro. "El bailarín debe tener una musculatura apropiada y buenas proporciones, por ejemplo. Es mucho lo que exige la técnica clásica", resumió. Desde este punto de vista, sostuvo: "no cualquiera puede ser bailarín; se puede estudiar sí, pero para ser profesional otras son las exigencias".
Consultado sobre las edades apropiadas para iniciarse en la enseñanza, la maestra dijo que no debería pasar de los 8 años: "es lo que se aconseja, habitualmente; antes, los chicos puede realizar expresión corporal, pero no más que eso. De todos modos, los varones pueden iniciarse un poco más tarde y no hay problemas. Pero las niñas no, porque requieren otro tipo de entrenamiento que son las puntas, que no usan los varones; aprender a pararse en punta es muy complicado", explicó. Posteriormente contestó que el peso "es relativo", pero que la estatura de los profesionales debe ser intermedia.
Cuando se le preguntó sobre el rol del bailarín en una puesta, respondió que se aprecia la técnica y la parte interpretativa. "Hoy la técnica es más exigente, porque las mismas coreografías son muy complicadas, y porque incursionan en diferentes estilos, con mucha fusión".
Rina Valverde fue maestra de importantes bailarinas como Paloma Herrera.







