"Mi trabajo no tiene nada de folclórico o costumbrista"

El artista tucumano, residente en Miami, acaba de participar en Art Bassel, en Basilea, y visitó la provincia para continuar con su obra que refleja y evoca paisajes de Tucumán.

ENTRE LA FOTOGRAFIA Y LA PINTURA. Los trabajos de Pablo Soria ya han recorrido algunas de las ferias de arte más importantes de Europa y de EE.UU.
ENTRE LA FOTOGRAFIA Y LA PINTURA. Los trabajos de Pablo Soria ya han recorrido algunas de las ferias de arte más importantes de Europa y de EE.UU.
22 Julio 2007
Con su cámara en mano, Pablo Soria está de vuelta en Tucumán. Sus visitas a la ciudad siempre son repartidas: una parte de su tiempo lo utiliza para visitar a su familia pero otra, para recolectar imágenes, para respirar un poco de aire puro en los montes y en los cerros y, en definitiva, para recobrar inspiración y preparar nuevos trabajos. A su regreso de la feria de arte más importante del mundo, Art Bassel, en Basilea, el tucumano retomó su trabajo en Miami -donde reside hace más de 10 años- y, desde allí, viajó para Argentina. “Fui a conocer San Antonio de los Cobres. Me siento como apunado todavía”, dice medio en serio y medio en broma cuando conversa con LA GACETA. En Basilea, a través de las galerías Ambrosino y Arte x Arte que lo representan, pudo vender más de una decena de sus obras, productos híbridos que tienen un poco fotografía y un poco de pintura.
En 2003 Soria obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Visuales, uno de los galardones más relevantes del país.
“Creo que asistimos a un boom de las ferias. Es allí donde se mueven las obras, porque estos eventos acaparan el interés de los coleccionistas. Las ferias son la gran vidriera del arte en estos momentos”, reflexiona antes de contar que se prepara para una nueva exposición en Zurich, en setiembre, y en Miami, en diciembre. “Me entusiasma mostrar mis obras en otros países, y que la gente se conecte me da mucha satisfacción. Hay una conexión sensitiva, porque casi todo lo que exhibo son imágenes de Tucumán, aunque el público lo pueda asociar con paisajes de otras provincias, aunque no sepa que existe este lugar”. De todas formas, aclara rápidamente, “no estoy vendiendo Tucumán, mi trabajo no tiene nada de folclórico o costumbrista”.
Técnicamente, la mayoría de sus imágenes están impresas sobre Litex Camera Film tonalizado en sepia, montadas sobre una pintura acrílica hecha sobre papel o madera.

- Pasaron muchos años desde que te fuiste a Buenos Aires.
- Si, así es. Después de que se instalara “Tito” Quiroga, llegué yo un poco a ser aquel al que todos identificaban como el tucumano. Hoy el movimiento es tan vertiginoso, y hay tanta necesidad de legitimación, que me contaban que hay muchos artistas tucumanos en distintas galerías. Cuando me fui no había ese movimiento que hay ahora.

- ¿Y vos cómo te encontrás en ese vértigo?
- Me siento en una situación de privilegio; tengo un galerista que me muestra siempre, pertenezco al staff permanente de Ambrosino Gallery. No es mi situación la de esos jóvenes que se exhiben hoy y mañana desaparecen no se sabe hasta cuándo.

- Estuviste en el Salón de Artes de la UNT. ¿Qué opinión tenés?
- Observo que estas cosas han crecido mucho; me acuerdo en mi época, había una amaneramiento muy marcado con escuelas; antes todos los cuadros eran iguales, y ahora no; veo que hay expresiones muy distintas. Creo que el perfil de estos salones debe ser el de alentar a las jóvenes generaciones. Por eso, sin entrar a juzgar los premios, sí pienso que ya no tendría que presentarse gente que tiene una gran trayectoria.

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