Sin candidatos preferidos

Algunos prelados hicieron trascender su malestar por el modo en que se acordó la nominación de Cristina de Kirchner a la Presidencia. Por Guillermo Villareal - Columnista de la agencia DyN.

22 Julio 2007
La Iglesia Católica no apoyará a ningún candidato en las presidenciales de octubre, porque se declara prescindente en materia electoral, aunque auspicia la inserción de cuadros laicos en las estructuras político-partidarias existentes. Los obispos alientan en este sentido una reforma política y del Estado que asegure -según fuentes religiosas- la inclusión social desde el punto de vista de los derechos políticos de la ciudadanía. Una prerrogativa constitucional que, al entender eclesiástico, no se respetó al lanzar la candidatura de Cristina de Kirchner.
A pesar de que no hubo un pronunciamiento institucional sobre las aspiraciones de la primera dama a suceder a su marido en Balcarce 50, algunos prelados hicieron trascender su malestar por el modo en que se acordó su nominación. “Así se excluye a la gente de las decisiones y se impone a dedo candidatos, buenos o malos, pero que deberían ser elegidos en internas abiertas. No es un problema de este gobierno, sino crónico de la política argentina”, se quejó un obispo que pidió reserva de su identidad.
Otra fuente episcopal aclaró, en tanto, que la Iglesia tampoco fogonea la idea -según una versión que circula en ambientes políticos- de un frente antikirchnerista para evitar que la senadora se alce con la presidencia en octubre. Rumor que va tomando cada vez más fuerza y se sustenta en una supuesta “profecía” sobre un estallido social en 2008 que la oposición le atribuye al cardenal Jorge Bergoglio.
Tanto Roberto Lavagna como Elisa Carrió, y sobre todo Eduardo Duhalde, aseguran -confirman sus allegados- haber escuchado el mismo pronóstico de boca del purpurado porteño, que además los exhortó a evitar ese eventual escenario.
Pero en el Episcopado niegan la especie e interpretan que la versión forma parte de una suerte de “operación de distracción” del Gobierno. “La Casa Rosada necesita de estas maniobras de distraimiento en momentos en que los casos de corrupción le explotan en las manos. Qué mejor entonces que pegarle a la Iglesia en estas circunstancias”, observó un habitual vocero eclesiástico ante una consulta.
Por su parte, el Gobierno ensaya -pudo constatar esta agencia- una estrategia para que Cristina no aparezca tan enfrentada con la Iglesia Católica los meses previos a la elección. Un grupo de allegados ya trabaja en consecuencia e inclusive mueve contactos curiales en Roma para que la primera dama mantenga un aparte con el papa Benedicto XVI tras las tradicionales audiencias de los miércoles. Todavía no hay fecha cierta, pero transcendió que el embajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Custer, ya habría obtenido el visto bueno del secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone.
De concretarse, la senadora y candidata se diferenciaría de Néstor Kirchner, que rehúye de esa u otra circunstancia protocolar con el líder de la Iglesia Católica, con el que apenas se saludó cuando asumió su pontificado en 2005.
El primer mandatario está por convertirse, además, en el único jefe de Estado argentino -desde el advenimiento de la democracia- en culminar su mandato sin realizar una visita oficial o mantener una audiencia privada con el Papa.
Pero ese intento K de acercar a Cristina a la Iglesia conlleva, sin embargo, el peligro de “puentear” al Episcopado argentino que encabeza el cardenal Bergoglio. Una práctica habitual que mereció críticas de los obispos durante la gestión de Carlos Menem, quien por mediación de su operador Esteban Caselli llegó a tener -según quien las contabilice- seis o siete encuentros de distinto rango diplomático con Juan Pablo II.

Tamaño texto
Comentarios