Una nueva regulación de la naturaleza

Las heladas se produjeron en el marco de un escenario externo desfavorable para el azúcar y con un precio bajo en el mercado local. El lado positivo de la nueva crisis. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

16 Julio 2007
Al igual que un boxeador que recibe un gancho al mentón, el sector productivo tucumano quedó groggy la semana pasada, por efecto de las tremendas heladas que se registraron en todo el territorio provincial. Todavía se desconoce el impacto real de las temperaturas inferiores a cero grado centígrado sobre los cultivos, pero "a ojo de buen cubero" se sabe que los daños serán de consideración, y se percibirán palmariamente cuando comience a despuntar el calor, probablemente a partir de la segunda quincena de agosto. En este contexto desfavorable, la actividad azucarera quedó de rodillas ante la fiereza del clima, que asestó un nuevo golpe certero contra las expectativas de que este año se iba a lograr una superzafra, mejor o similar a la de 2006.
Pero los problemas productivos del sector azucarero no comenzaron con las bajas temperaturas, sino que se remontan a las intensas lluvias otoñales que postergaron el inicio de la zafra y frenaron la maduración de las cañas. Este dato es clave para el futuro de la zafra, porque se entiende que el principal efecto de las heladas es la interrupción del proceso madurativo de la materia prima.
Durante la mayor parte de junio de 2006, los rendimientos fabriles de los 15 ingenios tucumanos promediaron el 11% diario, mientras que en igual período del presente año apenas rondaron el 10,2%. Hasta fines de junio de la zafra pasada, los rindes generales llegaban al 10,5%, en tanto que ahora promedian el 10%. O sea, medio punto menos sólo por el exceso de humedad, sin contar las heladas. Pero no se quedaron en esos valores los rendimientos en 2006, sino que fueron aumentando hasta superar en la mayoría de los ingenios el 12%, con un promedio final de 11,2%. ¿Se estancarán ahora los rindes en el 10,2% por efecto de las heladas? Ya sería un punto menos que el año pasado, o sea alrededor de 150.000 toneladas de azúcar, de acuerdo con los volúmenes de caña disponibles para la molienda 2007.
El sector lleva elaboradas 332.000 toneladas de azúcar, contra las 398.000 toneladas producidas en hasta la fecha en 2006. O sea, 66.000 toneladas menos, sin contabilizar aún los daños por las heladas.
Pero no sólo en el plano productivo parece complicada la situación del sector azucarero. De movida, los ingenios les liquidan a los cañeros U$S 100 menos que en 2006 por tonelada que se exporta. Les pagan U$S 220 la tonelada, valor que es bastante aceptable, si se tiene en cuenta que deriva de contratos cerrados con anterioridad a la baja de los precios internacionales (a los valores de hoy, recibirían U$S 180 por tonelada). De cualquier forma, se exporta el 26% de lo que se produce, dos puntos menos que lo establecido en la temporada pasada. Esta menor tendencia exportadora ya se siente en los precios internos, puesto que se comercializa dentro del país más azúcar que lo que se demanda, porque los productores no pueden financiarse con la exportación, como hicieron el año pasado. Por lo tanto, de un precio vagón ingenio que podría rondar los $ 0,93 por kilo, se vende a alrededor de $ 0,85 -según fuentes del ámbito cañero-, lo que sigue redundando en menos ingresos para todos.
Mientras los industriales impulsan el retorno del warrant como alternativa de financiación y para secar un poco la plaza interna, los pronósticos externos tampoco son alentadores para la actividad, ya que se vaticina que en 2008 se mantendrá el actual superávit en la oferta mundial del azúcar en alrededor de 9 millones de toneladas.
En verdad, ni los azucareros ni los analistas se imaginan qué podría pasar con los cañaverales helados cuando comiencen a subir las temperaturas. La esperanza de algunos es que, debido a las pérdidas por las heladas, se inicie una descompresión de la oferta en el país, que permitiría una suba en los precios internos de azúcar. De darse esta situación, nuevamente la naturaleza habrá regulado lo que el hombre no puede o no se atreve a hacer por sí mismo.