03 Julio 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Los analistas querían develar primero si iba a ser un pingüino o una pingüina y cuando se observó que la fumata de la tarde del domingo había sido blanca y a favor de Cristina Fernández comenzaron a interrogarse sobre los porqués del presidente Néstor Kirchner. Y ahora se preguntan, desde la estrategia, si la decisión no podría tener retorno ante el riesgo que ha tomado el Presidente.
Desde la cercanía del poder se ha explicado una y otra vez que todo se trata de un juego táctico, por el cual la aparición de su esposa le otorga a Kirchner la posibilidad de renovar la apuesta en 2011, en un juego de alternancias que pueden llevar la preeminencia matrimonial hasta el año que se quiera imaginar como final.
No creían
Aunque el Presidente pareció cerrar las puertas de cualquier retroceso futuro cuando dijo “no me creían” y aseguró que está acostumbrado “a cumplir con la palabra empeñada”, sin embargo, la situación todavía puede promover especulaciones y ello es lícito, debido a su condición natural de animal político.
Kirchner es un fino estratega acostumbrado a pulsar la realidad, ahora bastante trastocada por las derrotas en la Capital Federal y en Tierra del Fuego, y está claro que se irá del Gobierno con mejor imagen e intención de voto que la senadora.
Pero como fundamental hay que computar también una situación casi inédita en la política criolla, ya que además el marido le estaría dejando a la esposa una herencia complicada.
Los reparos, que además no podrían hacerse públicos, están más que claros en varios rubros de extrema sensibilidad: atrasos en precios y tarifas, una crisis energética palpable desde un probable menor nivel de actividad, superávit fiscal en declinación, causas judiciales que salpican a la actual Administración y un ostensible divorcio del mundo, tras un default no resuelto y amistades internacionales de complicada cercanía. En cuanto a la interna de Palacio, si bien el Presidente parece haberla zanjado a favor de Cristina con su opinión omnímoda, quienes se jactan de presionar porque se revea la posición de que la candidata haya sido pingüina explican que ni los sindicatos ni algunos intendentes bonaerenses quieren saber nada de negociar con la senadora, por sus posiciones cerradas que ellos no entienden.
Experiencia histórica
Como argumento tienen la experiencia histórica que demuestra que para llegar al número de votos que se requiere para ganar en primera vuelta eso sólo se consigue con una ventaja holgada en la provincia de Buenos Aires.
El Presidente lo sabe y hacia ese distrito ha dirigido todos sus cañones, ya que allí Daniel Scioli le asegura al FPV un número importante de votos, aunque está el riesgo latente si se presenta un inoportuno corte de boleta.
Tampoco se descarta un escenario de neto cuño duhaldista, el mismo que le hizo morder el polvo a Carlos Menem en 2003, con la aparición de una o dos fórmulas más del PJ, que dividan el voto peronista y le quiten a Cristina los puntos necesarios para que caiga por debajo del 40% y para que entonces aparezca en escena un ballottage de final incierto.
Ante todas estas posibilidades, hasta ahora imaginadas en una mesa de arena a cuatro meses vista, el sentido común indica que no estaría para nada dicha todavía la última palabra en materia de candidatura presidencial, ya que en política nunca nada puede darse por definitivo. Además, en el peronismo un renunciamiento siempre está a la vuelta de la esquina. (DyN)
Desde la cercanía del poder se ha explicado una y otra vez que todo se trata de un juego táctico, por el cual la aparición de su esposa le otorga a Kirchner la posibilidad de renovar la apuesta en 2011, en un juego de alternancias que pueden llevar la preeminencia matrimonial hasta el año que se quiera imaginar como final.
No creían
Aunque el Presidente pareció cerrar las puertas de cualquier retroceso futuro cuando dijo “no me creían” y aseguró que está acostumbrado “a cumplir con la palabra empeñada”, sin embargo, la situación todavía puede promover especulaciones y ello es lícito, debido a su condición natural de animal político.
Kirchner es un fino estratega acostumbrado a pulsar la realidad, ahora bastante trastocada por las derrotas en la Capital Federal y en Tierra del Fuego, y está claro que se irá del Gobierno con mejor imagen e intención de voto que la senadora.
Pero como fundamental hay que computar también una situación casi inédita en la política criolla, ya que además el marido le estaría dejando a la esposa una herencia complicada.
Los reparos, que además no podrían hacerse públicos, están más que claros en varios rubros de extrema sensibilidad: atrasos en precios y tarifas, una crisis energética palpable desde un probable menor nivel de actividad, superávit fiscal en declinación, causas judiciales que salpican a la actual Administración y un ostensible divorcio del mundo, tras un default no resuelto y amistades internacionales de complicada cercanía. En cuanto a la interna de Palacio, si bien el Presidente parece haberla zanjado a favor de Cristina con su opinión omnímoda, quienes se jactan de presionar porque se revea la posición de que la candidata haya sido pingüina explican que ni los sindicatos ni algunos intendentes bonaerenses quieren saber nada de negociar con la senadora, por sus posiciones cerradas que ellos no entienden.
Experiencia histórica
Como argumento tienen la experiencia histórica que demuestra que para llegar al número de votos que se requiere para ganar en primera vuelta eso sólo se consigue con una ventaja holgada en la provincia de Buenos Aires.
El Presidente lo sabe y hacia ese distrito ha dirigido todos sus cañones, ya que allí Daniel Scioli le asegura al FPV un número importante de votos, aunque está el riesgo latente si se presenta un inoportuno corte de boleta.
Tampoco se descarta un escenario de neto cuño duhaldista, el mismo que le hizo morder el polvo a Carlos Menem en 2003, con la aparición de una o dos fórmulas más del PJ, que dividan el voto peronista y le quiten a Cristina los puntos necesarios para que caiga por debajo del 40% y para que entonces aparezca en escena un ballottage de final incierto.
Ante todas estas posibilidades, hasta ahora imaginadas en una mesa de arena a cuatro meses vista, el sentido común indica que no estaría para nada dicha todavía la última palabra en materia de candidatura presidencial, ya que en política nunca nada puede darse por definitivo. Además, en el peronismo un renunciamiento siempre está a la vuelta de la esquina. (DyN)







