"Cuando el público va al teatro hace un acto de fe"

Graciela Dufau presentará un unipersonal en Tucumán, que lleva el título de su primer libro: "Confidencias de una bruja".

30 Junio 2007
"Lo maravilloso de este trabajo es poder darles valor a las palabras", dice la actriz Graciela Dufau. Y cuando habla por teléfono desde su casa en Buenos Aires, su voz suena pausada y profunda, casi como si se tratara de una profeta que lanza su oráculo. Y lo cierto es que la gran actriz argentina llegará a Tucumán con un unipersonal que lleva el título de su primer libro: "Confidencias de una bruja". La obra, que está dirigida por el marido de Dufau, Hugo Urquijo, se verá esta noche, a las 22, en el teatro San Martín. "Se trata de una puesta que intercala a distintos personajes femeninos extraídos de libros de otros autores y, también incluyo el texto ?Esperando a García Márquez?, que sí pertenece a mi libro", señaló la artista. A pesar del cansancio que le provocan sus agitadas giras, la actriz respondió con buen ánimo al llamado de LA GACETA. Habló no sólo de teatro, sino también del valor de la palabra y del rol de la televisión como formadora de opinión.

-¿En qué se parecen estos personajes? ¿Cómo son?
- Son personajes que recorren el humor, el amor... son personas que cuentan historias, que cuentan cuentos al público. Porque cada historia es como un cuento.

- ¿Cómo se hace para enfrentar sola al público y, encima, representar varios personajes en una sola obra?
- Bueno, le confieso que es extremadamente cansador. A pesar de mis años de carrera, no he perdido aún el miedo que surge el día del estreno. Le voy a confesar algo. Cuando se estrenó esta obra, acordamos con mi marido que él haría un juego de luces antes de que yo salga a escena. Cuando llegó el momento de salir, yo me quedé paralizada un par de minutos. Mi marido no sabía qué pasaba. Porque yo sabía que cuando uno sale a escena, ya no hay vuelta atrás. Y un unitario exige aún más. Hay que recurrir a toda la capacidad creativa para entretener, en el buen sentido de la palabra, al espectador que busca eso, justamente, entretenerse. Y yo lo que busco es que el espectador salga más liviano, en el mejor sentido de la palabra. Busco que se sienta mejor que cuando entró a la sala, que se vaya placentero por lo que vio, que sienta que valió la pena ir al teatro. Porque ir al teatro es un trabajo para el actor y para el espectador, también.

- ¿Por qué es un trabajo para el espectador?
- Porque tiene que hacer un esfuerzo. No es lo mismo que estar en la casa, en pantuflas, en pijamas, comiendo algo mientras mira una película o un programa de televisión. Acá tiene que ir al teatro, dispuesto a prestar atención y a hacer trabajar su imaginación. Así que ese es el peso y esa es la responsabilidad del actor. Yo diría que cuando el público va al teatro, hace un acto de fe. Y los actores también hacen un acto de fe. Deben intentar convencer al público de que ha dejado de ser él mismo para convertirse en otra persona. Esto es lo maravilloso que tiene el teatro: nos permite valorizar la palabra.

- ¿No cree usted que el avance de la tecnología y la pauperización de los contenidos televisivos tienen mucho que ver en esta suerte de involución del lenguaje?
- No tengo dudas de esto. Hoy los jóvenes hablan cada vez con menos palabras. Y las palabras tienen cada vez menos significado. En este sentido hay un empobrecimiento. En esta obra, por dar un ejemplo, tratamos de hacer un camino inverso. Hay una sobreabundancia de adjetivos.

- ¿Qué le gusta de la TV actual?
- No miro mucha televisión. Sólo veo los noticieros, "CQC" y también el canal "Film & Arts", en el que puedo disfrutar de entrevistas realizadas a varios actores o conciertos de música clásica. Esto es lo que a mí me gratifica, pero no quiere decir que a los demás también les deba causar el mismo efecto.

Tamaño texto
Comentarios