25 Junio 2007 Seguir en 
El fuego, implacable, consumió ayer un pedazo de historia de Tucumán. La casona que perteneció a Juan B. Terán, emplazada en Villa Nougés, quedó completamente destruida por la acción de las llamas. Afortunadamente no hubo víctimas, pero los vecinos quedaron conmovidos por el siniestro.
La casa, conocida como "Vila Lolette" funcionaba actualmente como hostería y cuando se desató el fuego no había nadie en el interior. En una dependencia cercana viven los caseros Eduardo Lorenzo Masa, de 47 años, su esposa Antonia Artaza y sus tres hijos, Yésica, María y Santiago. Fue Masa quien, poco antes de las 12.30, encendió la chimenea y luego se retiró. Según las primeras versiones, una chispa habría saltado y habría caído sobre una cortina, que rápidamente fue presa de las llamas. El viento hizo el resto. Cuando Masa advirtió que salía humo del interior, ya nada podía hacerse. El hombre atinó a comunicarse con la Policía y a sacar algunos muebles de la vivienda.
Máximo García Hamilton, miembro del directorio de la sociedad a la que pertenece la casa, explicó que todo el primer piso, en el que había tres habitaciones, era de madera. "Los techos y el piso, además de los muebles, ardieron rápidamente", explicó. La parte inferior, en la que había cuatro habitaciones, además de dependencias de servicio, también sufrió los efectos del fuego. El casero aseguró que, por más que recibió ayuda de algunos vecinos, nada pudo hacer para sofocar las llamas.
Desde Yerba Buena
La casona está ubicada a unos 300 metros de la hostería de Villa Nougés. Quienes estaban allí se asustaron al ver las llamas, que alcanzaban los 10 metros de altura. El siniestro se percibía desde Yerba Buena. En un primer momento tres dotaciones de Bomberos, dos de la capital y una de Lules, se alistaron para concurrir hasta la zona. Pero los camiones más grandes no pudieron subir, por lo que únicamente se pudo trabajar con una pequeña camioneta cisterna de los bomberos de la Policía. "Por el peso de los camiones, y por el estado del camino, era imposible que llegaran. Es un problema muy grande", explicó el segundo jefe de la Unidad Regional Oeste, comisario mayor Julio Ramos. Los bomberos debieron trabajar sacando agua de las piletas, de un aljibe y de los pozos de la zona. Pero no alcanzaba. Vecinos ayudaban arrojando agua con baldes, pero como había riesgo de derrumbe, decidieron retirarse.
Las pérdidas fueron totales. Más de seis horas después de que se inició el incendio, los socorristas continuaban apagando pequeños focos ígneos en el interior. Las llamas habían resquebrajado por completo las paredes y las columnas de piedra y laja.
La impotencia de los bomberos motivó el reclamo de los vecinos. "No puede ser que lo único que se puede hacer es esperar a que se queme. Eso significa que cualquier casa de la zona está absolutamente desprotegida ante un incendio. Hay que solucionar esto en forma urgente. Hasta las casas de San Javier corren peligro. Habría que poder un destacamento de Bomberos", indicó Marcos López. "Ojalá que esto sirva para tomar conciencia del peligro", dijo por su parte Luis Paz.
Finalmente, cuando las llamas se apagaron, se pudo advertir el daño que habían causado. Sólo una parte de la estructura se mantenía en pie. En el interior de la casi centenaria vivienda no había quedado nada.
La casa, conocida como "Vila Lolette" funcionaba actualmente como hostería y cuando se desató el fuego no había nadie en el interior. En una dependencia cercana viven los caseros Eduardo Lorenzo Masa, de 47 años, su esposa Antonia Artaza y sus tres hijos, Yésica, María y Santiago. Fue Masa quien, poco antes de las 12.30, encendió la chimenea y luego se retiró. Según las primeras versiones, una chispa habría saltado y habría caído sobre una cortina, que rápidamente fue presa de las llamas. El viento hizo el resto. Cuando Masa advirtió que salía humo del interior, ya nada podía hacerse. El hombre atinó a comunicarse con la Policía y a sacar algunos muebles de la vivienda.
Máximo García Hamilton, miembro del directorio de la sociedad a la que pertenece la casa, explicó que todo el primer piso, en el que había tres habitaciones, era de madera. "Los techos y el piso, además de los muebles, ardieron rápidamente", explicó. La parte inferior, en la que había cuatro habitaciones, además de dependencias de servicio, también sufrió los efectos del fuego. El casero aseguró que, por más que recibió ayuda de algunos vecinos, nada pudo hacer para sofocar las llamas.
Desde Yerba Buena
La casona está ubicada a unos 300 metros de la hostería de Villa Nougés. Quienes estaban allí se asustaron al ver las llamas, que alcanzaban los 10 metros de altura. El siniestro se percibía desde Yerba Buena. En un primer momento tres dotaciones de Bomberos, dos de la capital y una de Lules, se alistaron para concurrir hasta la zona. Pero los camiones más grandes no pudieron subir, por lo que únicamente se pudo trabajar con una pequeña camioneta cisterna de los bomberos de la Policía. "Por el peso de los camiones, y por el estado del camino, era imposible que llegaran. Es un problema muy grande", explicó el segundo jefe de la Unidad Regional Oeste, comisario mayor Julio Ramos. Los bomberos debieron trabajar sacando agua de las piletas, de un aljibe y de los pozos de la zona. Pero no alcanzaba. Vecinos ayudaban arrojando agua con baldes, pero como había riesgo de derrumbe, decidieron retirarse.
Las pérdidas fueron totales. Más de seis horas después de que se inició el incendio, los socorristas continuaban apagando pequeños focos ígneos en el interior. Las llamas habían resquebrajado por completo las paredes y las columnas de piedra y laja.
La impotencia de los bomberos motivó el reclamo de los vecinos. "No puede ser que lo único que se puede hacer es esperar a que se queme. Eso significa que cualquier casa de la zona está absolutamente desprotegida ante un incendio. Hay que solucionar esto en forma urgente. Hasta las casas de San Javier corren peligro. Habría que poder un destacamento de Bomberos", indicó Marcos López. "Ojalá que esto sirva para tomar conciencia del peligro", dijo por su parte Luis Paz.
Finalmente, cuando las llamas se apagaron, se pudo advertir el daño que habían causado. Sólo una parte de la estructura se mantenía en pie. En el interior de la casi centenaria vivienda no había quedado nada.
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