Esta película de Bart Freundlich promete mucho en sus primeros tramos, en los que la influencia de los filmes de Woody Allen resulta innegable. Los diálogos son ingeniosos, los personajes muestran aspectos originales, el psicoanálisis tiene un rol fundamental y el barrio neoyorquino de Manhattan luce en todo su esplendor, y recibe el tratamiento de un personaje más. Y el tema es la relación de pareja, desde el doble punto de vista de un matrimonio establecido y con dos hijos, y el de una pareja en la que el novio está más que contento con la situación y la novia suspira por formalizar la relación y tener un bebé. La falta de compromiso de los varones precipita la ruptura de las parejas, a pesar de que queda claro que la crisis no se debe a la falta de amor. Y allí empiezan los problemas, no sólo para los personajes sino también para el director y guionista. Las situaciones comienzan a reiterarse, la originalidad queda archivada y hasta las actuaciones -muy sólidas en general- caen en un tono rutinario que opaca el brillo alcanzado durante los primeros minutos. El tramo final de la película resulta decididamente obvio, y las situaciones se ven forzadas para encaminar la trama hacia un happy end que deja al espectador con la sensación de que el director no supo resolver el nudo dramático planteado en el comienzo. A pesar de estos inconvenientes, el relato es ágil y el filme proporciona una buena dosis de diversión.
Comedia. EE.UU, 2005. DIRECCION: BART FREUNDLICH. CON JULIANNE MOORE, DAVID DUCHOVNY, BILLY CRUDUP Y MAGGIE GYLLENHAAL. ATP/92´VIOLENCIA: sin escenas SEXO: con escenas COMPRENSION: fácil







