El miedo a Vera no deja en paz a los pobladores

Asesinato en Los Pizarro. La búsqueda. Los vecinos recordaron que el asesino vendía leche cuando era chico y no pueden creer la masacre que desató con sus propios familiares. Tantas apariciones tienen a la Policía desconcertada y molesta ya que, a esta altura, ya no saben qué es verdad y qué forma parte del imaginario popular. Más búsquedas.

SIN EXITO.Los policías buscaron rastros de Vera en el cementerio, donde algunos vecinos dijeron haberlo visto, pero no encontraron huellas del asesino. LA GACETA/  OSVALDO RIPOLL
SIN EXITO.Los policías buscaron rastros de Vera en el cementerio, donde algunos vecinos dijeron haberlo visto, pero no encontraron huellas del asesino. LA GACETA/ OSVALDO RIPOLL
22 Junio 2007
Fueron siete años en los que Jorge Orlando Vera tuvo todo el tiempo a su disposición para planear su venganza. Por eso quienes lo conocen, sobre todo aquellos con los que compartió la cárcel, están seguros de que la sangrienta faena del condenado aún no terminó. "Vera juró que todos los que habían declarado contra él se la iban a pagar, y por ahora van sólo tres, pero son como siete", aseguró ayer un joven que fue llevado a declarar por la Policía.
Los vecinos dicen que el miércoles 13 de junio, cuando se cometió la masacre, hubo un hombre que salvó su vida sólo por su fanatismo por Boca Juniors. Es que este hombre era pareja de Olga Zamudio pero esa noche, en vez de ir a visitarla, se quedó en la casa de un amigo viendo la primera final de la Copa Libertadores. Cuando se enteró de lo que había sucedido, escapó y actualmente está en Buenos Aires. Zamudio y sus dos hijos Gustavo y Jorge fueron torturados y luego ultimados a balazos por Vera, quienes los responsabilizaba por la condena a nueve años de prisión que recibió por violar a tres de sus hijas. Pero hay otras personas a las que el asesino tiene amenazadas, entre ellas familiares y miembros de la escuela a la que concurrían las víctimas. Según comentan, durante el tiempo que permaneció en prisión, Vera ahorró todo el dinero que pudo (era el encargado de hacer las compras para los presos fuera del penal), por lo que se especula que cuenta con un respaldo económico para asegurarse su fuga más allá de los límites de Tucumán. "Pero no se irá hasta haber terminado su trabajo", dijo ayer uno de los investigadores que lo siguen.
Al haberse criado en Los Pizarro es un conocedor de la zona, por lo que su captura se vuelve más difícil. Además es conocido por todos. "Yo no le tengo miedo ?indicó ayer el vecino Miguel Angel Gómez- lo conozco desde chico y lo vi el martes. Pero si viene por mi casa le voy a dar comida, o lo que me pida. Tampoco es cuestión de hacerse el valiente". Gómez recordó que, cuando era chico, Vera vendía leche en La Cocha. "Quién iba a pensar que se hiciera violador y asesino", se preguntó el hombre de 80 años, domiciliado en Tala Grande. En los interminables senderos de la zona, más de uno asegura haberlo visto en estas noches. "Señor, aquí estuvo haciendo fuego. Nadie se animó a arrimársele", dijo un lugareño de apellido Soria. "Sí, estuvo parado casi una hora ahí, debajo de ese árbol", añadió otro, conocido como "Tití". "Vino hasta al río a buscar agua", afirmó Mario Quiroga, quien vive a la vera del río San Ignacio. Tantas apariciones tiene a la Policía desconcertada y molesta ya que, a esta altura, ya no saben que es verdad y que forma parte del imaginario popular. Gómez tiene una certeza: "No se alejará de la zona. El cuerpo de su hijo quedó boca abajo, y eso lo mantiene ligado en espíritu con él. Siempre es así. Debe tener el alma enferma, pero no se va a poder ir a otra parte". En algo coinciden todos: Vera circunda Los Pizarro. No se alejó, y lo que es peor, no lo hará. Todos aseguran que tiene una obra inconclusa.