El concepto oficial de la vergüenza provinciana

Al oficialismo no lo avergüenza que el mandatario y los funcionarios no deban pedir licencia para hacer campaña. Por Alvaro José Aurane - Redacción LA GACETA.

21 Junio 2007
Mientras en la plaza Independencia policías golpeaban a jubilados transferidos que pedían el 82% móvil, el gobernador decía que lo inmoral son las dobles candidaturas.

"Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: -La uva -le susurró- está hecha de vino. Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos". La uva y el vino, de Eduardo Galeano, en El libro de los abrazos.

El Gobierno, por boca de quien lo representa, dijo el martes que las dobles candidaturas son una inmoralidad. Al frente, un grupo de policías golpeaba ancianos. En la provincia insegura, los golpes de los hombres de las fuerzas de seguridad desmayaban a dos abuelas. No amenazaban otra integridad que la propia: hacía frío y la gripe no respeta edades. El Ejecutivo tampoco. Eran jubilados transferidos que reclamaban el reconocimiento del 82% móvil. La diferencia en los haberes no les serviría para vacaciones europeas, camionetas 4x4, acumulación de propiedades ni emprendimientos industriales y comerciales a nombre de testaferros. Les sería útil para comprar los medicamentos que les prescribe el médico, en lugar del genérico al que los obliga el bolsillo flaco. Semejante aspiración, se ve, es poner palos en la rueda. Así que les dieron palos a ellos.
Pero el gobernador, en nombre del Gobierno, a la misma hora, dijo que, en realidad, la vergüenza son los dirigentes que se postulan, a la vez, como gobernador y legislador, o como intendente y concejal. Ellos son los que escandalizan al mandatario. Y a sus mandaderos. Los pobres viejos molidos ante la estatua de la Libertad, no.
Tampoco dijeron que es una vergüenza que los mismos que vetaron el reclamado 82% móvil sean los que decretaron, en secreto, que el gobernador y sus ministros, como representantes de esos reprimidos abuelos, deben ganar $ 9.000 por mes. Por lógica, tampoco riñe con el pudor que mientras el jefe del Ejecutivo les daba de comer en su casa a los candidatos a legisladores del oficialismo -esos que se postulan para controlar al alimentador-, se haya llegado al acuerdo de que, en la próxima composición parlamentaria, la dieta también será de $ 9.000. Y, por supuesto, no afirmaron que vaya contra el recato que entre esos comensales estuvieran quienes votaron contra el 82% móvil para los apaleados. De paso, tampoco es vergonzante el nepotismo.

Otra que pudor...
Obviamente, tampoco avergüenza al oficialismo que gobernador, funcionarios, intendentes y delegados comunales no deban pedir licencia para hacer proselitismo. Y jamás dijeron que sea contrario a la ética que el jefe de Gobierno les haya pedido a los legisladores que comían en su residencia (a los cenadores) la derogación de la prohibición de inaugurar obras durante los 30 días previos a los comicios. Una abrogación útil para disimular con el cuento del "estamos trabajando fuerte" una campaña de cortes de cinta financiada con fondos públicos.
Este blanqueo del uso electoralista de las rentas generales fue decidido por los reformadores de la Constitución en ese mismo comedor. Pero ninguno de los impugnados institutos fue considerado, digamos, ruborizante por el alperovichismo. Ni las mayorías especiales para enjuiciar al gobernador, y no a la Corte. Ni las mayorías políticas en los mecanismos de designación y remoción de jueces. Ni la mayoría de miembros del Ejecutivo en la Junta Electoral Provincial.
En el subtrópico, el Constituyente es un poder soberano, pero sus miembros son soberanos levantamanos. Luego, no hay contrición cuando se toma el nombre del pueblo en vano. No es una vergüenza que el primer DNU del Ejecutivo, este año, con media provincia bajo el agua, fuera otorgarse superpoderes para el manejo del erario, con la excusa de asistir a los inundados. Ni haberles dicho a los anegados que gracias a la tragedia, ahora todos podrían tener una vivienda. Ni haber prorrogado la emergencia hídrica hace unas semanas, en la estación seca, para mantener el manejo discrecional de $ 60 millones en plena campaña electoral.
Decididamente, el Gobierno tampoco considera una vergüenza los ininterrumpidos casos de corrupción con dineros públicos, siempre en grado de presunción, claro está. Por eso, los injustificados millones que recibe Famaillá cada vez que hay comicios cerca, a veces con abultados cheques de ignota procedencia depositados en la cuenta oficial, merecen públicos abrazos de respaldo a las autoridades municipales. La prescripción de $ 53 millones en deudas de usuarios con la ex Dipos, además de una desmentida desinformada y poco seria, fue recompensada con ascensos firmados por el mandatario. Y el misterio de los $ 164 millones que la Contaduría General informa como coparticipados, pero la Coordinación de Municipios y Comunas no, derivó en candidaturas legislativas. O sea, fueros. Con el pasivo que el Sepapys dejó vencer y los millones que la Secretaría de Coordinación traspapeló podrían pagarles durante 6 años el 82% a los transferidos. Porque ese reconocimiento para 22.000 tucumanos que trabajaron toda su vida insume $ 35 millones anuales: el 1% del presupuesto provincial.
Si esas no son vergüenzas reconocidas, tal vez son desvergüenzas oficializadas. Si las personas son las palabras que cuentan lo que son, tal vez las sociedades que integran son los votos que cuentan aquellos que las gobiernan. Juan Bautista Alberdi, quien murió un 19 de junio como el del pasado martes sin vergüenza, sentenció que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Por andar maldiciendo así, repatriaron sus restos y los pusieron en Casa de Gobierno. Esa que tiene vista a las golpizas contra abuelos. Pero eso no avergüenza. Vergüenza son las dobles candidaturas. Qué inmoralidad la de la oposición?