20 Junio 2007 Seguir en 
Son unos cuantos y cargan muchos años sobre su espalda. Aún tienen fuerzas para protestar; pero no la suficiente como para impedir que un grupo de policías destruyera la reducida carpa que habían armado en la plaza Independencia para pedir que el Gobierno les reconozca el pago del 82% móvil. Algunos jubilados setentones pueden gritar y hasta arrojarle un golpe al policía que se esconde tras el escudo de metal con el que lo empuja, pero también hay mujeres que aunque más no sea por sus canas merecen respeto, como la pobre anciana que se ahogaba en su impotencia sentada en un banco de la plaza después de haber sufrido el atropello de los agentes que no se detuvieron a pensar en sus años cansados. Con sólo mirar su rostro afligido la pregunta se vuelve obvia: ¿por qué nadie no los recibe ni los escucha? "Todo es político", se susurra desde la Casa de Gobierno, detrás de cuyas ventanas algunos funcionarios siguieron atentamente los detalles de la protesta de ayer, para minimizar las justas quejas de los jubilados. El atropello a la gente mayor es inexcusable, incluso si tras el reclamo existiera motivación política, a causa del tiempo electoral, en algunos de los pasivos. ¿Nadie puede darles una respuesta, aunque más no sea por respeto a esa mujer asustada? La solución a sus problemas está en 25 de Mayo y San Martín.Lo ocurrido ayer lleva a pensar que la actitud fue calculada y que esconde un mensaje para aquellos que han amenazado con instalarse en la plaza Independencia cuatro días antes del 9 de julio, para hacer oír sus demandas al presidente, Néstor Kirchner. La Corriente Clasista y Combativa (CCC), que agrupa a desocupados, y los municipales del interior han adelantado su intención de ocupar el paseo público para demandar subsidios y una mejora salarial. El 7 de junio hubo un enfrentamiento violento de estos grupos con la policía, y lo ocurrido ayer es un mal presagio. Para desgracia de todos, la frontera entre el interés político y el reclamo justo desaparecerá más adelante. Si el objetivo del operativo fue enviar señales, los destinatarios deben darse por anoticiados de que las autoridades no están dispuestas a ceder la plaza, por temor a que la oposición haga su juego, ni a jubilados, ni a trabajadores ni a desocupados, tengan o no tengan razón.
El Gobierno se siente obligado a mostrar que Tucumán está con el Presidente y una plaza ocupada por manifestantes no es una buena postal; menos, si se producen disturbios en un día en el que la provincia concitará la atención nacional, no sólo por la celebración de un hecho histórico como la Declaración de la Independencia, sino porque se espera que aquí se devele el más grande "misterio" político: si será Cristina Fernández de Kirchner o su esposo el candidato a la presidencia el 26 de octubre. Así las cosas, el escenario debe estar en condiciones. Es por eso que lo de ayer tiene todo el sentido de una advertencia. El jefe de Policía, Hugo Sánchez, dijo que no hubo represión. Ayer no... tal vez mañana sí.
El mensaje es más que claro. El que quiera entender, que entienda: Tucumán debe ser una fiesta en la plaza Independencia. Sería a todas luces negativo para el PE tener que recurrir nuevamente a la cancha de San Martín...
Un balcón y una plaza llena; esos son los elementos distintivos -y más que simbólicos- en las horas más importantes de la historia del peronismo. Pero todo indica que, por lo pronto, ya podemos imaginarnos una plaza invadida por policías el 9 de julio, el Día de la Independencia.







