"Juré como abogado ante la Corte", dijo Murillo

El hombre, que permaneció detenido 24 horas y que sigue imputado en la causa, aseguró que él no falsificó ninguna documentación. Investigación.

EN SU CASA. Mario Murillo pidió que no se lo retratara de frente. LA GACETA / JOSE NUNO
EN SU CASA. Mario Murillo pidió que no se lo retratara de frente. LA GACETA / JOSE NUNO
19 Junio 2007
“Feliz día Papá, te amo, y le agradezco a Dios por tenerte”. Esta frase estaba escrita en una hoja de carpeta con el dibujo de la mano de un niño abierta con los nombres de los miembros de la familia. Es lo que quedó de la celebración del Día del Padre en la casa de Mario Alberto Murillo, uno de los acusados por usurpación de título de abogado y de ejercer la profesión. La causa se inició tras la denuncia del Colegio de Abogados y, además de Murillo, está imputada Miryam Bulacio, aunque ambos permanecen en libertad.

Ayer, Murillo accedió a hablar con LA GACETA, en su casa ubicada en un tranquilo barrio de Yerba Buena, la que obtuvo a través del Instituto de la Vivienda, según aclaró. Murillo no quiso que se lo grabara, ni que le tomaran fotos de frente. Sus respuestas fueron ambivalentes y en muchos casos sin sustento, pero aseguró que, con su accionar, no pretendió hacerle mal a nadie.

Café de por medio y en algunos tramos de la conversación con lágrimas en los ojos, dijo que lo que hizo está mal, aunque no especificó qué hizo. Aclaró que la oficina de calle 9 de Julio al 500, que fue allanada la semana pasada por la Policía Federal, la había alquilado a su nombre, y que su hermano Juan Murillo, abogado, no tiene nada que ver con la actividad que realizaba él allí desde el año pasado, en forma particular. Murillo tiene 44 años, y es cardíaco. Está bajo observación médica debido a dos angioplastias que sufrió hace más de dos años.

Apenas iniciada la entrevista dijo: “no voy a hablar sobre algunos temas, por recomendación de mi abogado, el doctor Carlos Mayer.
Agradezco que el diario me brinde la oportunidad para hacer mi descargo, pero por el momento sólo voy a responder las preguntas que considere pertinentes”, dijo ante la presencia de su esposa, con quien tiene dos hijos, uno de 10 y otro de 20 años. Tuvo especial cuidado en preservar los nombres de ellos. Este fue el diálogo.

-¿Usted es abogado?
-No le voy a contestar esa pregunta. Juré como abogado ante la Corte Suprema de Justicia que preside Carlos Alfredo Dato, en noviembre de 2005.

-¿Está arrepentido de haber jurado como alguien que no es?
-Lo que hice mal, reconozco que está mal. Pero no falsifiqué nada, no hice fortuna ni me beneficié en nada, ni siquiera económicamente. Hice (trabajos en el fuero) civil, representé a personas comunes, no actué para empresarios ni para firmas financieras.

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-¿Cómo logró registrarse en el Colegio de Abogados?
-Presenté mi título y todo lo que me exigían. Lo mismo que hacen todos.

-¿El título no es, acaso, falso?
-No, nada es falso. Lo que tengo es auténtico. Lleva firmas legales, la del rector de la UNT y la del decano de la Facultad de Derecho.

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-¿Usted quiere decir que esa documentación la compró dentro de la UNT?
-No puedo contestarle esa pregunta. La respuesta se la di en mi declaración ante el juez (Mario) Racedo (según trascendió le habría dicho al magistrado que se había pagado para obtener el título, con el cual luego solicitó y recibió la matrícula profesional correspondiente). Lo que puedo decirle es que son varias las facultades en las que hay problemas; no es sólo la de Derecho. Hay títulos falsos de arquitectos e ingenieros.

-¿Desde cuándo trabajaba con su hermano en el estudio?
-Trabajé como su secretario desde 1985; luego se enfermó él, y hace dos años yo; tenía que seguir viviendo. Con mi problema de salud no conseguía trabajo y conocía este oficio. Hace 20 años que pasilleo los Tribunales; era el que presentaba la documentación de su estudio; todo el mundo me conoce, y a pesar de lo que pasó me considero una persona de bien. No le quise hacer daño a nadie. LA GACETA (C)