18 Junio 2007 Seguir en 
La súper profesionalización de algunas actividades deportivas ha obligado en los últimos tiempos a quienes las regulan a bajar ostensiblemente la edad de quienes las practican. Hoy, los deportistas de elite son cada día más jóvenes y por ello, también las carreras deportivas en la alta competencia se han acortado. Sin embargo, existen todavía numerosos y saludables casos de gente que sigue adelante con sus prácticas pese al paso del tiempo. Y lo hacen en un nivel superlativo, lo cual constituye un ejemplo no sólo para nuevas generaciones, sino también para muchas personas que abandonan la actividad en la creencia de que ya no pueden dar más de lo que dieron.
Hace algunos días, el caso del que se hizo eco LA GACETA fue el del equipo B de hockey de damas de San Martín. Grandes figuras del pasado reciente de la actividad se unieron el año pasado para seguir adelante con su afición y al mismo tiempo demostrar cuánto saben del deporte. En 2006 estuvieron cerca de ascender y este año, en la primera parte de la temporada, finalizaron la fase clasificatoria del Anual como líderes.
Esta particular situación no es nueva ni tampoco constituye un caso aislado. Pero gana en valor, porque estas mujeres se debaten contra equipos conformados por jugadoras de menor edad y, lejos de desentonar, ganaron protagonismo.
En una buena cantidad de deportes se observan casos en los que la experiencia y la juventud se dan la mano para llevar adelante un proyecto. Ocurre en actividades de conjunto tales como el fútbol, el rugby, el voleibol o el basquetbol, pero también se pueden encontrar ejemplos en disciplinas individuales tales como el tenis o el automovilismo. En ellos, es normal hallar nombres con mucha historia al lado de jóvenes de reciente debut y con un futuro promisorio.
El fenómeno de los atletas avezados integrados a prácticas activas no es patrimonio sólo de los tucumanos. Explotó en los últimos años en todo el mundo y comenzó a ser seguido de cerca ya no sólo por organizadores de torneos, sino también por auspiciantes y por la televisión. Los especialistas atribuyen esta iniciativa a la conjunción que representa el aumento de la expectativa de vida y a una mejora general de la calidad de vida de los mayores. Estos se acercan al deporte competitivo de veteranos generalmente después de los 40 años, algunos tras una vida de practicarlo con constancia, y otros después de años de sedentarismo.
Esta tendencia requiere sin embargo de ciertos cuidados obligados y naturales, dadas las circunstancias. Si bien los deportes recomendables para los mayores son los de resistencia -carreras de largo alcance, maratones- y no los de reacción -como el fútbol o el pádel-, esto varía según el deportista. En todos los casos, contar con chequeos médicos periódicos y asesoramiento profesional es inedudible.
El impacto de la actividad en la calidad de vida de los practicantes es por demás saludable. Con el deporte, muchos logran abstraerse de las preocupaciones diarias, alejándose del estrés. También toman distancia de los problemas como el sobrepeso y el sedentarismo, al tiempo de dotarlos de reflejos propios de personas más jóvenes. Pero también les brinda un ámbito de contención para compartir experiencias junto a gente de su edad e incluso intercambiar vivencias con atletas más jóvenes. Recuperan, en definitiva, el espíritu de compromiso y de sacrificio que bien supieron desarrollar en sus años más jóvenes. Eso, sin dudas representa una vivencia impagable y altamente plausible.
Hace algunos días, el caso del que se hizo eco LA GACETA fue el del equipo B de hockey de damas de San Martín. Grandes figuras del pasado reciente de la actividad se unieron el año pasado para seguir adelante con su afición y al mismo tiempo demostrar cuánto saben del deporte. En 2006 estuvieron cerca de ascender y este año, en la primera parte de la temporada, finalizaron la fase clasificatoria del Anual como líderes.
Esta particular situación no es nueva ni tampoco constituye un caso aislado. Pero gana en valor, porque estas mujeres se debaten contra equipos conformados por jugadoras de menor edad y, lejos de desentonar, ganaron protagonismo.
En una buena cantidad de deportes se observan casos en los que la experiencia y la juventud se dan la mano para llevar adelante un proyecto. Ocurre en actividades de conjunto tales como el fútbol, el rugby, el voleibol o el basquetbol, pero también se pueden encontrar ejemplos en disciplinas individuales tales como el tenis o el automovilismo. En ellos, es normal hallar nombres con mucha historia al lado de jóvenes de reciente debut y con un futuro promisorio.
El fenómeno de los atletas avezados integrados a prácticas activas no es patrimonio sólo de los tucumanos. Explotó en los últimos años en todo el mundo y comenzó a ser seguido de cerca ya no sólo por organizadores de torneos, sino también por auspiciantes y por la televisión. Los especialistas atribuyen esta iniciativa a la conjunción que representa el aumento de la expectativa de vida y a una mejora general de la calidad de vida de los mayores. Estos se acercan al deporte competitivo de veteranos generalmente después de los 40 años, algunos tras una vida de practicarlo con constancia, y otros después de años de sedentarismo.
Esta tendencia requiere sin embargo de ciertos cuidados obligados y naturales, dadas las circunstancias. Si bien los deportes recomendables para los mayores son los de resistencia -carreras de largo alcance, maratones- y no los de reacción -como el fútbol o el pádel-, esto varía según el deportista. En todos los casos, contar con chequeos médicos periódicos y asesoramiento profesional es inedudible.
El impacto de la actividad en la calidad de vida de los practicantes es por demás saludable. Con el deporte, muchos logran abstraerse de las preocupaciones diarias, alejándose del estrés. También toman distancia de los problemas como el sobrepeso y el sedentarismo, al tiempo de dotarlos de reflejos propios de personas más jóvenes. Pero también les brinda un ámbito de contención para compartir experiencias junto a gente de su edad e incluso intercambiar vivencias con atletas más jóvenes. Recuperan, en definitiva, el espíritu de compromiso y de sacrificio que bien supieron desarrollar en sus años más jóvenes. Eso, sin dudas representa una vivencia impagable y altamente plausible.







