Cortes de gas y de luz: Macri se relame y el Gobierno niega la crisis

Kirchner no pudo sacar a flote a Filmus, su candidato, por la vía del desprestigio de su rival. Por Hugo E. Grimaldi - Columnista de DyN.

17 Junio 2007
BUENOS AIRES.- El pico de frío, la falta de gestión, la imprevisión, la crisis o la mala suerte enmarcan la cruda verdad que emerge de la restricción energética que sufre la Argentina: se llamen como se llamen las causas, ya sean excusas oficiales o calificaciones interesadas de la oposición, cuando se agotan todos los atajos (cortes a Chile e importaciones de apuro), cuando la demanda supera a la oferta y cuando la realidad indica que no existe gas ni luz para todos, no hay más remedio que racionalizar y cortar el suministro.
Esta antipática consecuencia, que no es fruto de una premisa neoliberal de los 90 ni un designio de los dioses opuestos al actual modelo “de crecimiento con inclusión”, tal como parecen creer algunos de los funcionarios que se empecinan en barrer debajo de la alfombra, es la que le está haciendo pagar un alto costo político a la cúpula del área de Energía y al Gobierno todo. La novedad es que se trata del primer costo que se contará en votos y que será en la Capital Federal.
Durante los últimos días se notó claramente que para intentar cambiarle el rumbo al resultado del ballottage porteño, el gobierno nacional se había preocupado en tejer una segunda semana de campaña sin agresiones ostensibles hacia Mauricio Macri, después de haberlo entronizado durante la primera como el demonio a vencer.
El propio candidato oficial, Daniel Filmus hizo saber puertas adentro de la Casa Rosada que esa no le parecía la mejor estrategia para llegar a conseguir 40% del electorado, la cota mínima que pretenden alcanzar las autoridades nacionales. Dijo Filmus que la suciedad de la política no se alineaba con su modo de sentir y de actuar y pidió cambios.

Cambio de estrategia
Entonces Néstor Kirchner se corrió de la escena, archivó la orden de contrastar modelos, dejó de victimizar a Macri y se dedicó a loar las virtudes de su candidato antes que a criticar a “la derecha”, ya que las encuestas demostraban que, con agresiones, aquel se despegaba de tal forma del postulante oficial que ninguna le daba menos de “un seis adelante”, tal como por entonces decían, eufóricos, los dirigentes de PRO. En medio de este viraje comunicacional y de fundamentos en el rumbo de la campaña, apareció un contrapeso más que interesante para el Gobierno como fue el caso del sospechado título universitario de Juan Carlos Blumberg, quien se había acercado políticamente a Macri y al que se lo ubicaba como potencial candidato a la gobernación de Buenos Aires por parte de PRO.
Lo cierto es que el resbalón del “ingeniero” Blumberg dejó al ingeniero Macri desairado y lo obligó a repetir la estrategia que había usado con Jorge Sobisch: huir despavorido de su eventual compañero de ruta. Las denuncias -aún no desmentidas ni explicadas por el interesado- fueron motorizadas por alguien, que las hizo llegar a los diarios, aunque desde el Gobierno se asegura que ellos no tuvieron nada que ver y que las mismas partieron desde algún potencial contrincante en la compulsa bonaerense.
Otra noticia que involucró a Macri, también publicada por la prensa en la semana, tuvo que ver con ciertas declaraciones atribuidas a prominentes primeras líneas de PRO, quienes habrían estimulado, se dijo, ya en su carácter de referente nacional, un cierto acercamiento de Mauricio con Roberto Lavagna, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy para converger en una suerte de masa antioficialista en el ballottage de octubre.
Las primeras espadas del Gobierno salieron a mezclar un poco las barajas para concluir que Macri quería abandonar la ciudad de Buenos Aires y esto obligó al candidato a volver a aclarar que su vocación era quedarse al frente de la Jefatura de Gobierno hasta 2011. “Si los porteños nos hubieran elegido en 2003, con la gestión como plataforma hoy estaríamos peleando la nacional, pero lo concreto es que todo se postergó cuatro años porque entonces prefirieron a Ibarra”, arriesgó con un dejo de sorna un referente de PRO. Ante tantas dificultades macristas, la situación venía bastante mejor para el Gobierno, con la ganancia de “un punto por día” según había señalado Filmus. La distancia al menos no se seguía agrandando y hasta la propia Casa Rosada se animó a difundir encuestas con cierta trampa, ya que no se hacía evidente la proyección de indecisos para evitar mostrar la brecha. En todos los casos, los guarismos de Macri siempre tenían “un cinco adelante”.
Sin embargo, el “General Invierno” metió la cola en la campaña y la ola de frío más importante “de los últimos 45 años”, según la justificación que hizo famosa hace unas semanas el ministro Julio De Vido, volvió a abatirse sobre el país y a castigar a la ciudad de Buenos Aires desde un costado impensado y peligroso para que el Gobierno consiga una derrota digna: los taxis.

Al menos 37.000 votos
El dato no es menor porque en la Capital Federal circulan con su licencia habilitada más de 37.000 vehículos de alquiler, 80% de los cuales se impulsan con gas, el fluido que el Comité de Crisis Energética, tal su nombre oficial, ordenó cortarle el viernes a las estaciones de servicios que lo comprimen (GNC) antes de inyectarlo en los tanques. Aunque todos los autos pueden desplazarse también con combustibles líquidos, obviamente más caros, y la mayoría con gasoil, que tampoco abunda, buena parte de los 30.000 taxis afectados dejaron de trabajar y sus peones de llevar a su casa “la diaria”, la suma que les queda en el bolsillo después de que le pagan el alquiler a los dueños, quienes utilizan ese ingreso para pagar impuestos o aún para atender la cuota del mismo auto.
Unos y otros, casi todos los taxistas, cansados desde siempre de la parálisis oficial a la hora de ordenar el caos que provocan los piqueteros, serán desde ahora la usina pro-Macri que durante la última semana de campaña más sentirá el Gobierno. El viernes cortaron avenidas céntricas y si comienzan a circular serán críticos implacables.
“Algún costo político tenían que pagar alguna vez”, señaló Jorge Lapeña, un consultor que viene pronosticando estos cuellos de botella energéticos desde hace mucho tiempo y al que sistemáticamente se estigmatizó desde el poder por su pasado radical.
El Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, que orienta Lapeña, suele diagnosticar que uno de los principales problemas que llevó a la actual situación energética fue la falta de definición en materia tarifaria, congeladas a partir de la Ley de Emergencia Económica que establecía también la renegociación de los contratos. “Con su demora, eso hizo que las tarifas quedaron congeladas más tiempo de lo necesario, mientras las empresas se desequilibraron financieramente y en infraestructura”, señaló Gerardo Rabinovich, director de su Departamento Técnico.
Sin aludir al incentivo tarifario como estímulo de la inversión en el largo plazo, la tesis del Gobierno es la del mal menor en la coyuntura, ya que gracias a los cortes a las estaciones de GNC, dicen, se ha podido priorizar el consumo en casas de familia y comercios, unos 10 millones en electricidad y cerca de seis millones en el caso del gas, y que la culpa del problema lo tiene el alto nivel de crecimiento industrial y el mejor estándar de vida de la gente.

La justificación
“Esto pasa en un país donde no teníamos trabajo y ahora tenemos trabajo, donde teníamos industrias cerradas y ahora están abiertas... donde la gente también consume más energía o gas para calefaccionarse”, acaba de decir, sin ponerse colorado, el subsecretario de Combustibles, Cristian Folgar quien no tuvo más remedio que admitir al menos alguna responsabilidad gubernamental, al decir, después de cuatro años de gestión, que “hay que adecuar la infraestructura al nuevo perfil de consumo”.
En este punto no es menor la necesidad de abastecimiento de gas boliviano, con una situación complicada al extremo, ya que no sólo no se ha comenzado con las obras del gasoducto, sino que no hay ninguna seguridad de que luego de terminado esté disponible el fluido en el comienzo del caño, ya que Bolivia no termina de definir su política de explotación. Igualmente, las obras demorarán como mínimo entre dos y tres años, mientras la demanda de gas sigue creciendo a un ritmo de 6% anual. Desde su defensa de lo indefendible, el mismo Folgar insistió en que “los desafíos que impone un crecimiento récord de la Argentina no se pueden calificar con una palabra peyorativa: crisis”. Y desnudó que ese era su gran problema, el que desvela a medio gobierno. No reconocer que cuando un animal tiene melena de león, cola de león y ruge como león es león. (DyN)

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