Miedos alperovichistas y fantasmas del peronismo

Por Alvaro José Aurane - Redacción LA GACETA.

14 Junio 2007
Acaba de cumplirse un año de la jura de la Constitución en cuya letra, además de la voracidad de poder, se advierte el intento del alperovichismo por conjurar riesgos con el PJ.

La mansión Winchester, en California, está inspirada en el miedo. Su hacedora, Sarah, se casó en 1862 con William Winchester, heredero de la fábrica de rifles a repetición. En poco tiempo, perdió a su hijita y a su esposo. Un médium le dijo que era perseguida por los fantasmas de los muertos por esas armas. Y le aseguró, para más disparates, que debía construir un hogar para esas ánimas o ella sería víctima de los caídos a balazos durante la Conquista del Oeste y la Guerra de Secesión. Sólo estaría a salvo mientras durara la obra.
En 1922, cuando la desequilibrada mujer murió, la casa tenía siete pisos, 160 habitaciones, seis cocinas, 47 chimeneas, 52 tragaluces e infinidad de elementos que repetían el número 13 (al último de los 13 baños, que tiene 13 ventanas, se llega por medio de 13 escalones). Pero lo inquietante no es el tamaño. Son muchas de las 10.000 ventanas que dan a un muro. Son varias de las 476 puertas que dan al vacío. Son buena parte de las 40 escaleras que llevan a ninguna parte.
En Tucumán, la Constitución de 2006 (ayer, 13, se cumplió un año de su jura) es otra construcción forjada en el pavor. Claro que hay en su letra una voracidad de poder alarmante. Pero en ese digesto, que desequilibra la república vapuleando la Justicia, también deben advertirse los temores políticos del gobernador. La suma de ellos es el miedo al peronismo.
Ese susto signa la breve historia alperovichista. En sus inicios, el mandatario intentó prescindir del PJ. Designó un gabinete casi sin peronistas. Ignoró a los dirigentes hasta para inaugurar obras. Alentó la formación del Partido de la Victoria y de Participación Cívica -con ex correligionarios-. Y adquirió como aliados a muchos de sus opositores de 2003. Sin embargo, al final, el gobernador no pudo, no quiso o no supo construir una estructura alternativa. Y se abrazó al PJ. Hasta hizo a su esposa presidenta del partido. Y se apoyó en el peronismo para continuar su carrera. A modo de propaganda, jubiló irreciclables “compañeros” que aparecían en presupuestos estatales desde los 80. Pero el andamiaje peronista sigue intacto en las listas de candidatos oficiales para las comunas, las intendencias, los concejos y la Legislatura. A despecho de su pregonada nueva política. Y también del “rojkesismo”, al que José Alperovich se cuida de expandir. Lo puso al frente de los comicios de diputados de 2005, pero lo postergó para los de la reforma, en 2006. Le dio lugar en las internas del PJ, pero no en las listas para la próxima elección.
Ya decidido por el peronismo, el mandatario concibió una arquitectura legal contra sus fantasmas. Primero construyó las defensas. Fijó que sólo pueden destituirlo con el voto de las tres cuartas partes del Tribunal Legislativo: esa cifra baja a dos tercios para remover vocales de la Corte. Y se aseguró la Junta Electoral, integrándola con el vicegobernador y el fiscal de Estado, al que puso en lugar del ministro fiscal (es el jefe de los fiscales penales). El tercer miembro es el presidente del superior tribunal.
Luego, ató la suerte de los legisladores a la suya. A diferencia de otras provincias y del Congreso de la Nación, no les dio reelección indefinida porque tampoco la hay para él. Finalmente, para mantener al alperovichismo “en obra”, pautó que puede ser reelecto en 2007 y en 2011. Ese es el conjuro contra el miedo al peronismo. Alperovich parece intuir -con tino- que el PJ lo acompañará mientras él retenga el poder y sea útil como candidato.
Pero muchas de las nuevas estructuras constitucionales llevan a ningún lugar. Están objetadas judicialmente. Y en Tribunales hay quienes, sólo a modo de hipótesis, conjeturan que las desigualdades para destituir al gobernador respecto de la remoción de los jueces supremos no se sostienen. Tampoco la nueva Junta Electoral. Ni el régimen de enmienda de la Constitución por la Legislatura. En cuanto al CAM y al Jurado de Enjuiciamiento, puede que sobrevivan como mecanismos de selección y de remoción de jueces, que suplantan los sistemas puramente políticos. Pero una cosa es declarar no justiciables los institutos y otra es el carácter justiciable de la composición de esos organismos. Esa es una discusión diferente.
Y hay más. En materia política, lo más importante que deberá resolver la Corte será la validez de la cláusula transitoria por la que el actual mandato no debe ser considerado el primero. Gracias a este artículo (el 159), los electos en 2003 tienen chances de ser reelectos dos veces. El asunto colisiona con la igualdad ante la ley: sólo ellos tendrán la posibilidad de gobernar durante 12 años consecutivos.
Lo que resta elucidar es si eso se tratará en el Poder Judicial tarde o temprano. Unos jueces opinan que un planteo contra esa cláusula sólo debería considerarse si el gobernador formalizara su candidatura para ser reelecto en 2011. Pero otros sostienen que, si es reelecto dentro de 73 días, es procedente discutir el asunto cuando reasuma el cargo. Claro que Alperovich podrá declararse despreocupado por un fallo adverso, aduciendo que tiene planes nacionales para 2011. Pero es diferente no querer gobernar la provincia hasta 2015 que no poder hacerlo. Especialmente, en el PJ.
En la edificación de la nueva Constitución hubo un error de diagnóstico: conjura los fantasmas del peronismo, pero no a los de la Justicia. Esa que viene siendo, sistemáticamente, blanco de los disparos alperovichistas. Al final, no sólo había que temerle al PJ.

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