10.000: el número mágico de los comicios
Un aspirante a legislador por la capital deberá obtener 10.000 votos, como mínimo, en los comicios de agosto para entrar a terciar en la pelea por las últimas bancas. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.
13 Junio 2007 Seguir en 
Para entrar a pelear por una banca de legislador por la capital, un candidato deberá conseguir como mínimo 10.000 votos el 26 de agosto, ya sea oficialista, acoplado u opositor. ¿Cómo se llega a esta cifra? Con un cálculo simple: se parte de la posibilidad de que el oficialismo obtenga entre el 50% y el 60% de los votos de la capital, apostando a que sufrague el 80% de los 293.000 ciudadanos empadronados. No es una estimación complicada, y lo saben los que aspiran a vestirse de parlamentario siendo opositor o yendo acoplado al Frente para la Victoria. Estos últimos son, precisamente, los que están más que preocupados por tratar de llegar a ese número mágico. Claro que si se hila un poco más fino, para estar verdaderamente tranquilos tendrán que esforzarse por seducir a entre 12.000 y 15.000 votantes; si lo logran, con seguridad serán miembros de la Cámara. Cabe mencionar que con esos valores estarán peleando por los últimos lugares de las 19 bancas en juego; tal vez de la 12 en adelante, puesto que en el oficialismo ocupa el jurista Antonio Alvarez. Un dato no menor: los opositores pelearán en el mismo mercado de votos, lo que significará una disputa adicional entre ellos.Representatividad
El cálculo tiene valor cuando se compara la derogada Ley de Lemas con el actual sistema de acople desde el punto de vista de la representatividad. Desde 1991 hasta 2003, los sublemas facilitaron el acceso a cargos públicos a personas que habían conseguido pocos votos. De hecho, en la última elección provincial ingresaron a la Cámara dirigentes de la capital que habían reunido menos de 5.000 sufragios: Daniel Heredia, Rodolfo Ocaranza, Fernando Juri Debo, Antonio Raed, Antonio Alvarez, Juan Rojas, Marta Zurita, José Cano, Rodolfo Danesi, Jorge Mendía, Juan Roberto Robles, Alejandro Sangenis y Pedro Stordeur. Es decir, 13 de los 18 parlamentarios sumaban entre todos apenas 60.000 votos. Si se piensa que opositores y acoplados deberán llegar, cada uno, al mágico número de 10.000, se puede afirmar que el acople significa una avance en la representatividad. A diferencia de 2003, en agosto, Juri Debo, Cano, Danesi, Mendía, Robles y Sangenis deberán duplicar el número de sufragios para soñar con la reelección. Lo mismo vale para el resto de los que competirán, como Luis José Bussi, Enrique Romero y Gumersindo Parajón. Todos deben soñar con esa cifra; sólo ella les permitirá asomarse a la puerta de la sede de la avenida Sarmiento al 600.
Desconfianza
Ahora bien, los valores también preocupan al oficialismo, ya que los acoplados, además de pelear en su propio espacio electoral, tratarán de captar los votos del peronismo y de los independientes, que son el núcleo de sostén del Frente para la Victoria. Es decir que, en una porción inestimable, los socios políticos del alperovichismo les estarán restando votos a los candidatos a legisladores del oficialismo (sólo sumarán sus sufragios a la fórmula gubernamental). Para entender por qué en la Casa de Gobierno hay cierta inquietud con los pedidos de acople hay que detenerse a pensar cuánta lealtad que se le puede exigir a un legislador de la lista propia y cuánta al que salió acoplado. Lo que el gobernador, José Alperovich, les va a exigir a los próximos legisladores es que no traben su gestión, o sea: acompañen y aprueben. Hasta el momento, pidieron el acople Frente Participación Cívica (Mendía), Lealtad Popular (Claudio Morata), Comunidad en Organización (Rolando Alfaro), Movimiento de Afirmación Peronista (Juri Debo), Unión Norte Grande (Carlos Canevaro) y Acción Provinciana (Bernardo García Hamilton). Todos llevarán el apellido Alperovich en la boleta, pero no serán lo mismo.
De cualquier forma, no vale la pena aún hacer especulaciones sobre los posibles comportamientos de los futuros legisladores capitalinos. Antes, los interesados deben trabajar para conseguir el número mágico: el que asegura el nivel mínimo de representatividad.







