La paradoja del chino mandarín
Al parecer, no son pocos los que alientan la campaña sucia para la segunda vuelta. Los segundos de Macri y Filmus tienen un pasado público que soporta la suciedad que los agrede. Por Angel Anaya - Columnista.
12 Junio 2007 Seguir en 
Buenos Aires.- Pareciera que no son pocos los que por una u otra razón participan o alientan la campaña sucia del ballottage porteño siguiendo las pautas del lenguaje chino mandarín: el pasado está delante y por consiguiente se lo ve, y el futuro detrás, oculto a las miradas. En tales condiciones, parece también lógico que la memoria sea el recurso más común. Pero ese estilo, a diferencia de China, es muy peligroso aquí, pues cada vez que nuestros políticos hacen uso de él, casi siempre aparecen compartiendo los mismos pecados que se imputan. Amigos, parientes, peronistas, radicales, suelen integrar una gran familia que las generaciones más veteranas conocen bien y las menos desconocen. ¿Cuántos saben o recuerdan que Néstor Kirchner fue un bastión de Carlos Menem para la privatización de YPF y la reforma constitucional de 1994? ¿Quiénes que Daniel Filmus integraba el equipo del alcalde porteño menemista Carlos Grosso? ¿Alguien pensará que Domingo Cavallo fue un asiduo consultor de Kirchner? Las memorias más veteranas podrían colaborar en esa gran historia si se interesaran mediante el chino mandarín sobre quienes sobrevolaron el poder tratando de atrapar algún espacio. Los porteños lo saben o lo intuyen por el estilo ramplón que se agudiza conforme se acerca el domingo 24. Excepciones a las reglas
No se trata de ideologías, sino de viejas complicidades en los pecados recíprocos que se imputan, como puede advertirse fácilmente si se observan con atención las bancas del Congreso. La recomposición política que se está produciendo en el país y parece tener su escena máxima en el distrito federal, permite observar también que los segundos de Mauricio Macri y Daniel Filmus, Gabriela Michetti y Carlos Heller, muy opuestos ideológicamente, no integran aquella categoría del pasado connivente y consiguientemente son reputados como aportantes de excepción a sus respectivas fórmulas. De excepción en la medida que acuden al electorado con un bagaje ideológico y un pasado público que soporta sin contaminaciones la suciedad que los agrede. Michetti, en el ala más progresista de la democracia cristiana que representó Carlos Auyero y Heller, miembro de una familia marxista que no niega su ascendencia política y tiene relaciones poco más que formales con al kirchnerismo. No son pocos los políticos que se resisten al modelo del chino mandarín y se los puede hallar en las listas de legisladores que debutaron en la primera vuelta porteña, por lo que el ballottage, de cuyo resultado repetidor están dando señales las nuevas encuestas, tendrá un efecto nacional significativo. Pocos parecen advertir esa consecuencia, especialmente Kirchner y sus Fernández, cuyas dificultades visuales les impiden practicar con eficacia el chino mandarín. (De nuestra Sucursal)







