Los pasajeros de los aviones están indefensos

12 Junio 2007
Persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio; persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra; persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita; persona que muere por culpa ajena o por accidente fortuito. Todas estas son acepciones de la palabra víctima que proporciona el Diccionario de la Real Academia Española. Acerca del significado de "indolente" señala: que no se afecta o conmueve. Insensible, que no siente el dolor. El ciudadano argentino pareciera ser víctima de un Estado indolente que en muchos casos, es incapaz de resolver sus problemas.
La crisis del transporte aéreo en el país no es nueva, pero se ha agravado en los últimos meses. El 1 de marzo pasado, en medio de un temporal que azotó a Buenos Aires, un rayo dañó el sistema de transmisión de datos por radar, instalado en el aeropuerto internacional de Ezeiza, con el que los operadores controlan el tránsito aéreo en esa terminal y en el aeroparque "Jorge Newbery". El 10 de marzo el jefe de prensa de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) indicó que habían concluido las reparaciones relacionadas con el daño del radar. Dijeron que los trabajos habían demandado a la FAA un desembolso de 150.000 dólares. Mientras tanto, los pilotos del gremio Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) habían denunciado que el Ministerio de Defensa de la Nación había sometido a "desinversión" a la infraestructura involucrada en el control del tránsito aéreo. El vocero de la FAA aseguró en ese momento que el organismo castrense preveía incorporar 11 radares en el segundo semestre de este año, uno de los cuales sería utilizado para control en aeroparque y en el aeropuerto de Ezeiza.
Pero el conflicto prosiguió y casi todas las semanas, los usuarios debieron padecer postergaciones y reprogramaciones de vuelos con los consiguientes perjuicios. A lo largo de estos meses, se sucedieron paros de pilotos por la inseguridad creciente en los vuelos; se atribuyeron las demoras a la falta de aviones en la flota de Aerolíneas y a un radar que funcionaba manualmente. El 7 de mayo los pilotos denunciaron que dos aviones habían estado a punto de chocar en el aire, lo que fue evitado por maniobras evasivas a partir de una alarma que suena en las aeronaves. Las Fuerzas Armadas y las empresas involucradas negaron el incidente. El día 12, dos aeronaves volaron a escasa distancia porque un avión privado se cruzó a apenas 15 km delante de una nave de Austral que estaba descendiendo en un aeropuerto de la provincia de Buenos Aires. En estas últimas semanas, se sumó como inconveniente la niebla que impidió en Buenos Aires el despegue normal de los aviones.
Pero más allá de estos graves percances en nuestra aerolínea más importante, la principal víctima de esta situación es el viajero. Las constantes reprogramaciones afectan sobremanera a los tucumanos que, al igual que en otras ciudades, deben soportar largas horas de espera en la estación aérea u optar por viajar en ómnibus; personas de otras provincias o extranjeros deben pasar la noche en hoteles con la esperanza de poder viajar al día siguiente. Hay gente que ha perdido compromisos pactados u operaciones quirúrgicas en otros lugares, así como viajes al exterior a causa de estos contratiempos que provocan un estado de frustración e impotencia porque nadie se hace cargo del daño que provocan en las personas.
El Estado provincial no debería permanecer indolente a esta grave situación que ocasiona múltiples perjuicios económicos y sociales a los tucumanos y a los turistas, teniendo en cuenta que el aeropuerto Matienzo es una de las principales puertas a Tucumán.

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