Los excesos de la TV "berreta"

El casi prostibulario baile del caño generó un efecto que aún sigue sacudiendo a los medios. La "cabaretización" de los contenidos. Por Gustavo Martinelli - Redacción LA GACETA.

10 Junio 2007
“Ladran Sancho, señal de que cabalgamos”. La frase, que se le atribuye al hidalgo Don Quijote de la Mancha, fue usada casi textualmente por el conductor Marcelo Tinelli días atrás, cuando retrucó la movida del Comfer, que sancionó su programa “ShowMatch” por su ya célebre “baile del caño”. Sin entrar a calificar sus dichos, hay una realidad que duele: la televisión vive en un vértigo constante, y no sólo por la atroz competencia entre Canal 13 y Telefe por unos puntos más de rating. También porque se ha llegado a un nivel tal de procacidad y de mal gusto que los anunciantes se mostraron desconcertados y llamaron a la cordura ante semejante “cabaretización” de los contenidos. Cordura que, al parecer, está bastante lejos. Sobre todo, por la decisión de Tinelli de doblar la apuesta y organizar un nuevo baile, esta vez con strip tease incluido.
Pero el casi prostibulario “baile del caño” generó un efecto que aún sigue sacudiendo los medios. Esta semana, la redacción de LA GACETA se vio literalmente copada por una andanada de cartas de lectores que criticaban no sólo los excesos de “ShowMatch” sino también la “berretización” de la televisión argentina, y hacían referencia a ciclos de una  profunda pobreza intelectual pero de gran potencial para los escándalos, como el célebre “Gran Hermano”.
Lo cierto es que el espectáculo de Nazarena Vélez generó en los adultos mil interpretaciones. A tal punto que el mismísimo Enrique Pinti exigió, como lo manifestó a un medio porteño días atrás, “una llamada de atención urgente”. “Hay que cuidar el buen gusto. El baile del caño lo hemos visto en 1.500 películas norteamericanas, pero lamer el caño es otra cosa. Hemos visto bailar desnudo a Julio Bocca y nadie se escandalizó, porque es erótico, pero de buen gusto. El erotismo barato hay que dejarlo para el video condicionado”, señaló el comediante. Si a una persona mayor como Pinti la actuación de Vélez le generó esta reacción, ¿qué podría esperarse de un chico que lo mira por TV? Es cierto que siempre cabe la libertad de apagar el televisor o de cambiar el canal. Pero también es cierto que aquello que se ve de noche y genera más de 25 puntos de rating se repite, casi como una letanía, en cada uno de los ciclos de la mañana y de la tarde -que, se suponen, gozan de protección al menor- dedicados a hablar, justamente, de lo que se trasmitió la noche anterior. Frente a la apabullante realidad de este “fenómeno” que impide la evasión, las preguntas de los chicos se multiplican y los padres se encuentran ante la difícil tarea de tener que explicar que esa mujer que se contornea semidesnuda colgada de un caño mientras dos chicos desnudos vacían botellas de champán sobre sus pechos, en realidad es una actriz que busca la fama a cualquier costo. Según los psicólogos, los chicos son curiosos por naturaleza, y poder ver lo que hacen los grandes los atrapa, porque ésa es justamente la mayor fantasía infantil. Por eso no es cuestión de limitar la curiosidad, sino de evitar que queden aplastados por ella. Pero lo más grave no son la exhibición de la desnudez, el lenguaje vulgar ni las conductas impropias. Lo peor, sin duda, es el modelo de éxito que se transmite a los adolescentes. Y es aquí donde deben actuar los padres. Porque sería muy triste que en un futuro cercano terminemos viendo cómo, en las fiestas de 15, el tradicional baile del vals fue reemplazado por un grotesco caño alrededor del cual las chicas contorneen su adolescencia al ritmo del rock pesado.

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