El proyecto marcha sobre ruedas

Alperovich conserva la iniciativa y explota al máximo su fortaleza y la debilidad de sus contendientes. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

10 Junio 2007
El ajetreo electoral no descansa, aunque no llegó aún a su cénit. Los preparativos para la segunda vuelta entre el ministro Daniel Filmus y Mauricio Macri inundan los medios de comunicación, preferentemente audiovisuales, con Néstor Kirchner predicando una lucha ideológica que es funcional a sus conveniencias. La elección del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires medirá el estado de opinión de los ciudadanos de ese distrito. El grado de polarización que construyeron el jefe de campaña Néstor Kirchner y Macri es de difícil reproducción en otra elección distrital como es Tucumán. Kirchner disparó la pelea por continuidad en la Casa Rosada, bajo el ropaje de la confrontación de dos modelos socioeconómicos aparentemente opuestos, sin precisar si él o su esposa, Cristina, liderarán el binomio oficialista para los comicios presidenciales de octubre. Ninguno de los que se proponen poner en riesgo al kirchnerismo en octubre ha podido despegar para achicar diferencias.
La simetría entre el paisaje político nacional y el doméstico es indiscutible, aunque existen algunas variaciones que fortalecen más al oficialismo. El gobernador José Alperovich no dudó en hacer todo lo tácticamente posible para expandir su supremacía. La desvinculación de las elecciones federales de las domésticas le ayuda en ese objetivo. Lo demás lo agrega la reforma de la Constitución de 2006, que acomodó el régimen político al plan continuista. Ha preparado todo para ser el propietario inobjetable de la urna.
¿Qué hizo para llegar a ese punto? Aniquilar a la disidencia de Fernando Juri y de Stella Maris Córdoba, y obstruir la penetración no deseada de algún empinado funcionario de la Casa Rosada en la provincia. Celo de caudillo, posiblemente. Pero también puede ser producto de la necesidad de mantener el distrito como una base de operaciones resguardada de las influencias extrañas. Salta, con Juan Carlos Romero, y Santiago del Estero, con el matrimonio Juárez, son dos ejemplos cercanos en una región gobernada por caudillismos de distinto color político.
El montaje de una red de seguridad política de la magnitud planeada por la Casa de Gobierno responde no sólo al designio de asegurar la capacidad de mando hasta 2011. Puede también ser la plataforma de lanzamiento de un proyecto que trascienda los límites regionales y abarque el país. Hay quienes piensan que Alperovich está empeñado en obtener la mayor diferencia de votos que pueda acumular en las elecciones de agosto para remontar vuelo rumbo a la Rosada, hacia 2011. Integrar la fórmula presidencial oficialista de aquel año sería uno de los fines no explícitos de la operación electoral propulsada por el mandatario, que quiere renovar su permanencia en la Casa de Gobierno. Según esa idea, Juan Luis Manzur -segundo de la fórmula- cuidaría bien del poder cada vez que viaje Alperovich.

La desigualdad operativa
El estado de primacía del gobernador se muestra cuando se aprecia la inmensa desproporción que hay entre los partidos satélite del oficialismo y las organizaciones opositoras. De los 103 partidos comunales, municipales y provinciales reconocidos hasta la semana anterior, puede afirmarse que más del 80% se identifica con la causa alperovichista. La maquinaria proselitista de la Casa de Gobierno es formidable, que llegó incluso a partir el campo gremial en fracciones nítidamente diferenciadas.
El armado gubernamental se perfecciona con el régimen del acople, mediante el cual listas de postulantes a legisladores de distintos partidos aportan sus votos a una fórmula común, que en este caso es la de Alperovich y Manzur. El gobernador conserva el derecho de veto a la aceptación de los hipotéticos socios.
Siglas históricas como Acción Provinciana se insertaron en el proceso de acople, y otras acortaron su lejanía con el peronismo y el dueto Alperovich-Manzur. Este es el caso del Frente Grande, desde donde explican que juegan al lado del alperovichismo, a partir de su entronque con el presidente Kirchner. Con tamaña oferta de partidos afines, los juristas que aparecen en los puestos inferiores de las listas legislativas, se hallarán en una situación de alto riesgo, por la intensidad de la competencia.
La amalgama es heterógenea, pero sirve a los fines de la reelección del gobernador. Este aprendió bien la lección tras su paso por la Unión Cívica Radical y por el mirandismo: dio jerarquía constitucional a una herramienta que lo favorece y domestica a sus eventuales aliados. La política fabricó las normas conforme lo indicaba Alperovich. Los convencionales constituyentes de 2006 no trepidaron en dar forma jurídica al objetivo político marcado por la Casa de Gobierno.

El espectáculo de la diáspora
La dispersión de las fuerzas refractarias al oficialismo es lo que singulariza la realidad política tucumana. Ni la adhesión a un postulante presidencial común, como es Roberto Lavagna, ha podido sepultar las divergencias entre fuerzas políticas próximas. Es oceánica la diferencia que separa a los radicales que avalan a Mario Marigliano para la gobernación, de aquellos que cerraron filas detrás de Esteban Jerez para igual cargo. De la misma magnitud, es la que aleja a aquellos del frente comandado por Alejandro Sangenis y Rodolfo Danesi. Estos aún no decidieron si presentarán fórmula de gobernador y vice, pero el plazo para mantener la indefinición se les hace cada vez más estrecho. La diáspora es un dato del paisaje político provinciano. El acuerdo Sangenis-Danesi ofertará al ex diputado radical Alfredo Neme Scheij para la intendencia de San Miguel de Tucumán.
Las rencillas por la supervivencia tornan improbable la unificación de los grupos opositores. La gravitación de los personalismos agudiza el problema. Nada hace suponer que el destino de las elecciones locales vaya a ser torcido por el desenlace del ballottage en Buenos Aires.
El bussismo procura reponerse de la sangría de dirigentes. Apeló ahora a la lealtad de la diputada Eusebia Jerez de Sosa para que sea la número dos de Ricardo Bussi en la carrera electoral que concluirá el 26 de agosto. FR experimentó en estos últimos años una fuga de cuadros comparable con la que sufrió el radicalismo con el acceso de Alperovich al Gobierno. Algunos recalaron en otros partidos, pero la mayoría engrosó las filas del tejido político que controla el engranaje estatal desde 2003. La deserción del matrimonio Sierra Morales en la sección del oeste es tal vez la expresión más relevante de ese estado de cosas. A la habilidad y el pragmatismo descarnado de Alperovich se adiciona la debilidad de sus contrincantes y a su impotencia para superar querellas sólo explicables por el sentimiento de supervivencia en una banca legislativa. De no mediar un milagro -que en política suele ser escasear-, Alperovich conservará la propiedad de la urna. La hegemonía personalista seguirá con buena salud.

Tamaño texto
Comentarios