Obras que no se hacen porque no reditúan votos

10 Junio 2007
La falta de planificación, el cortoplacismo, las obras demagógicas son características propias de nuestra idiosincrasia. Se sabe hace mucho tiempo que Tucumán tiene un enorme déficit en lo que a servicios públicos se refiere. Por ejemplo, gobernantes y funcionarios de turno, así como especialistas, han señalado en cientos de ocasiones que la red de agua y cloacas en la capital es obsoleta porque la ciudad y su conurbano han crecido de una manera desmesurada en las últimas décadas.
En estos días, informamos que desde que se inició 2007, la Municipalidad realizó 43 actas de infracción a la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) por el derrame de líquidos cloacales y de agua potable en las calles de la ciudad. Un funcionario municipal le dijo a nuestro diario que la mayoría de las denuncias de los vecinos está vinculada con este problema. Manifestó que esta situación provoca un tremendo daño a la ciudad, porque la Municipalidad está invirtiendo mucho dinero en pavimento y resulta que, al poco tiempo de completarse una obra, la calzada se deteriora porque no se arreglan a tiempo las cañerías rotas. En mayo pasado, el subsecretario municipal de Obras Públicas había afirmado que el 90% del origen del deterioro del pavimento era ocasionado por pérdidas de agua o falencias en el sistema cloacal, y que la SAT era la única responsable.
Esas expresiones fueron desmentidas por el secretario del área, que afirmó que la Municipalidad y la SAT trabajan en forma conjunta. En ambos casos, la Sociedad Aguas del Tucumán se llamó al silencio, es decir que no quiso dar ninguna explicación a la comunidad. Un directivo del Colegio de Arquitectos señaló que, si se pavimentaron 280 cuadras, era necesario hacer una adecuada red de colectores pluviales, obra que no se efectuó. Indicó también que hay un gran número de conexiones clandestinas a la red de desagües y de cloacas. Según el profesional, hay un atraso de 25 años en esta materia.
La obsolescencia de esta red también afecta la construcción. Por esa razón, la Municipalidad no puede otorgar factibilidad para la concreción de obras. En consecuencia, están paralizados muchos emprendimientos, lo cual -se vaticina- producirá una grave caída en la economía del sector, así como perjuicios a inversores y a usuarios. Son 67 edificios emplazados dentro de las cuatro avenidas que esperan la emisión de factibilidad -para iniciar la obra o para obtener el certificado final-. Un miembro de la Cámara de Administradores de Consorcios afirmó que hay edificios de 200 departamentos que emplean la misma cañería de entrada de agua que tenía la casa que había antes en el lugar. A veces -según dijo- hay una manguera de media pulgada para 30 departamentos. En este caso, un directivo de la SAT señaló que las construcciones avanzan más rápido que el plan de obras proyectado por la empresa, y manifestó que sería peligroso conducir un caudal excesivo a través de cañerías que ya tienen más de 80 años de antigüedad y que estaban calculadas para abastecer a inmuebles de hasta tres pisos.
La discusión entre la Municipalidad y la SAT por sacarse de encima la responsabilidad es, por cierto, estéril, porque con palabras y acusaciones no se construyen las obras necesarias que requieren urgentemente la provincia y su capital.
Se ha dicho con frecuencia que las obras de cloacas y de agua no se hacen nunca porque no se ven y, por lo tanto, no reditúan votos, expresión que se ha convertido desafortunadamente en una verdad. Sería auspicioso, por el bien de los ciudadanos, que algún gobernante se animara a tomar el toro por las astas para quebrar este maleficio.

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