El gran tropiezo en la OIT

Sorpresa en la Casa Rosada por la exigencia de la Organización Internacional del Trabajo de que la CTA tenga el mismo rango que la CGT. Un gobierno sin suerte. Por Angel Anaya - Redacción LA GACETA.

07 Junio 2007
Buenos Aires.- La decisión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de urgir al Gobierno para que modifique la ley sindical y otorgue personería gremial a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), en igualdad con la CGT, ha provocado gran sorpresa en la Casa Rosada. Esa exigencia obligó al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, a conformar una comisión tripartita para estudiar los asuntos mencionados en el comunicado del organismo ginebrino. En las últimas asambleas anuales el tema había rondado blandamente el debate en la OIT, pero ahora ha llegado el momento del endurecimiento, precisamente cuando se espera que la senadora Cristina Fernández de Kirchner acuda al foro sindical de las Naciones Unidas y hable en otra de sus presentaciones como eventual candidata presidencial. Esa visita de la primera dama fue gestionada por la CGT con la previsible pompa y circunstancia, pero ahora tendrá un adverso contexto que le hará muy difícil esquivar el problema del unicato sindical cuestionado. Unicato que invariablemente asoció a la CGT a los gobiernos con origen justicialista, como el actual, de Néstor Kirchner. Hasta el momento ha sido muy difícil obtener una confirmación del viaje de Cristina a Ginebra, previsto para la semana próxima. En todo caso, si bien la senadora por Buenos Aires no participará de debates, tampoco podrá eludir un  tema tan crítico como el de la libertad de asociación sindical con igualdad de derechos. Es evidente que el Gobierno, especialmente el kirchnerismo, no anda con su sostenida suerte de tiempo atrás, desde el tropiezo que el Presidente tuvo en Misiones y que él mismo ha reconocido. Después llegaron Santa Cruz, con su complicada crisis, y el domingo último, los 22 puntos de Mauricio Macri sobre su pupilo político Daniel Filmus. Ahora, según se suponía, la campaña para el ballottage se hace tan sucia y contaminante que los porteños deberán vivir con máscaras de buceo mentales para conservar el sentido común. Por lo pronto, esa suciedad ha ofendido como electorado a buena parte de ellos, al desconsiderar el sentido y la libertad de sus votos, afirmando que se equivocaron y que sólo una minoría lo hizo sabiamente. Por otra parte, la nacionalización del debate por Kirchner -no compartida por algunos de sus fieles operadores- ha evidenciado no tanto desconocimiento histórico sobre el distrito federal, como un nerviosismo extremado, muy perjudicial para un político. El horizonte está muy próximo ahora, pero muy velado por los celajes que confunden al oficialismo y no le permiten advertir que si el ballottage no modifica el orden electivo de la primera vuelta, quedará una huella muy profunda sobre la campaña presidencial, por haber elaborado un liderazgo nacional opositor muy perturbador. (De nuestra Sucursal)