La necesaria libertad de expresión

07 Junio 2007
El 7 de junio de 1810, con La Gazeta de Buenos Ayres, comenzó la historia del periodismo argentino. La Primera Junta indicó por decreto su fundación, por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli. “¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de La Gazeta de Buenos Ayres”, escribió Mariano Moreno.
Esta nueva celebración del Día del Periodista es oportuna para reflexionar sobre nuestra profesión, que fue blanco, a menudo, de los gobiernos autoritarios que padecimos en la historia. Afortunadamente, la práctica de la democracia ha ganado terreno no sólo en nuestro país, sino también en toda América. Las elecciones periódicas, los gobiernos, las legislaturas y Congresos, los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones y grupos sociales de los distintos sectores de la sociedad, han contribuido a que los ciudadanos tengan una mayor conciencia de sus derechos, y en menor medida, de sus deberes.
En el preámbulo de la Declaración de Chapultepec, realizada en México en marzo de 1994, la Sociedad Interamericana de Prensa señala que la práctica democrática debe reflejarse en instituciones modernas, representativas y respetuosas de los ciudadanos; pero debe presidir también la vida cotidiana. La democracia y la libertad son un binomio indisoluble que sólo germinarán con fuerza y estabilidad si se arraigan en los hombres y mujeres de nuestro continente. Sin la práctica diaria de ese binomio, los resultados son previsibles: la vida individual y social se trunca; la interacción de personas y de grupos queda cercenada, el progreso material se distorsiona; se detiene la posibilidad de cambio; se desvirtúa la Justicia; el desarrollo humano se convierte en mera ficción. La libertad no debe ser coartada en función de ningún otro fin.
La prensa siempre ha incomodado al poder, especialmente a los gobiernos de tinte autoritario. Un ejemplo de ello es la decisión del presidente venezolano, Hugo Chávez, de no renovarle la concesión de transmisión al canal de televisión RCTV de Caracas, la emisora más antigua del país, con el argumento de que se trata de un medio de comunicación golpista; el hecho provocó una ola de críticas en el país y en el exterior. Hay otros países del mundo, como China, donde tampoco hay libertad de expresión. En la reunión de la Asociación Mundial de Periódicos que se está desarrollando en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y donde LA GACETA está presente, se eligió periodista del año y le otorgaron la Pluma de Oro de la Libertad a Shi Tao, un hombre que está en prisión desde hace tres años por haber divulgado en una nota por el e-mail de Yahoo las órdenes que había dado el gobierno chino a los medios para que no contaran la verdadera historia de lo que había sucedido en la plaza Tiananmen. El periodista trabajaba en el diario “Noticias económicas contemporáneas”.
En nuestro país, tanto el Gobierno nacional como el provincial se han caracterizado por sus constantes ataques hacia la prensa independiente, cuando se informa acerca de hechos de corrupción o se formulan críticas a su gestión. Ello pone de relieve, en el marco de la democracia, rasgos propios de gobiernos dictatoriales. En otra oportunidad, señalamos desde esta columna que la libertad de expresión no es un regalo del poder, sino un derecho del pueblo.

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