03 Junio 2007 Seguir en 
La falta de previsión es uno de los males endémicos de los argentinos y, por ende, de los tucumanos. Estos pocos días de bajas temperaturas desnudaron una triste realidad en muchas de las escuelas, cuya infraestructura se halla en condiciones poco dignas para soportar la condición climática que atenta contra los alumnos y los docentes. “Casi no puedo escribir. Me siento incómodo con la campera y la bufanda, y lo mismo tengo frío”, se quejó uno de los miles de alumnos tucumanos que durante toda la mañana no consiguió entrar en calor. En su escuela, como en la mayoría de los establecimientos estatales, no hay estufas. A falta de vidrios en las ventanas, plásticos y cartones resultan inútiles en muchos locales escolares para frenar el viento helado y el aguanieve que entra en las aulas.
A principios de febrero pasado, se anunció que el Gobierno iba a destinar $ 5,6 millones para el Plan de Aprestamiento Escolar con la intención de garantizar el normal inicio de las clases. Los fondos iban a ser distribuidos por el Ministerio de Educación, a nombre de los directores de las 800 escuelas de la provincia. Las partidas iban de los $ 8.000 a los $ 18.000, de acuerdo con las características de cada establecimiento, según el informe elaborado por esa cartera. El titular de Construcciones Escolares dijo en esa ocasión que el proceso de aprestamiento escolar estaba dirigido a superar problemas básicos de infraestructura: servicios sanitarios: agua potable, iluminación, desinfecciones, desagote de pozos, cambio de vidrios rotos, arreglo de goteras entre otros ítems. Era de prever que el monto a distribuir no iba a alcanzar para realizar tantas obras.
La Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (Atep), luego de efectuar un reciente sondeo, señaló que más del 50 % de las escuelas carece de las condiciones mínimas para funcionar en pleno invierno, situación que se agrava con la cantidad de chicos porque son, en general, más de 40 por aula.
La directora de una escuela de Villa 9 de Julio, cuyas ventanas están tapadas con plástico, dijo que los $ 12.000 que recibió para el aprestamiento el 21 de marzo sólo les alcanzó para revestir paredes húmedas, arreglar techos y una parte de los baños. Manifestó que solicitó por nota a la Secretaría de Educación más recursos pero le dijeron que no había. Indicó que desde marzo de 2005 la escuela inició cinco expedientes pidiendo a Infraestructura Escolar pintura y arreglos de sanitarios, albañilería, carpintería y herrería, sin respuesta hasta el momento, y agregó que la Legislatura había aprobado un pedido de fondos para la reparación total de la escuela pero nunca pudo cobrar el dinero.
Otro de los tantos establecimientos afectados por los rigores climáticos es la escuela parroquial Divino Maestro, a la que asisten 520 chicos de los barrios más humildes de la periferia; carece de estufas y el frío se cuela por los vidrios rotos y el techo que siempre está húmedo y por donde se filtra el agua cuando llueve. Su directora hizo un llamado a la comunidad para que donara ropa y zapatillas para sus alumnos, ya que muchos concurren con una remera debajo del delantal. La ministra dijo que el dinero otorgado para el aprestamiento les debería haber alcanzado a las directoras para hacer los arreglos más importantes y que hay una ley que dispone que debe haber fondos periódicos para el mantenimiento de las escuelas.
Lo cierto es que las palabras, las argumentaciones y la ley, al parecer, no pueden evitar que los alumnos y los docentes se congelen en las escuelas. Ya es hora de que dejemos de aplicar parches a los problemas y les brindemos soluciones definitivas.
A principios de febrero pasado, se anunció que el Gobierno iba a destinar $ 5,6 millones para el Plan de Aprestamiento Escolar con la intención de garantizar el normal inicio de las clases. Los fondos iban a ser distribuidos por el Ministerio de Educación, a nombre de los directores de las 800 escuelas de la provincia. Las partidas iban de los $ 8.000 a los $ 18.000, de acuerdo con las características de cada establecimiento, según el informe elaborado por esa cartera. El titular de Construcciones Escolares dijo en esa ocasión que el proceso de aprestamiento escolar estaba dirigido a superar problemas básicos de infraestructura: servicios sanitarios: agua potable, iluminación, desinfecciones, desagote de pozos, cambio de vidrios rotos, arreglo de goteras entre otros ítems. Era de prever que el monto a distribuir no iba a alcanzar para realizar tantas obras.
La Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (Atep), luego de efectuar un reciente sondeo, señaló que más del 50 % de las escuelas carece de las condiciones mínimas para funcionar en pleno invierno, situación que se agrava con la cantidad de chicos porque son, en general, más de 40 por aula.
La directora de una escuela de Villa 9 de Julio, cuyas ventanas están tapadas con plástico, dijo que los $ 12.000 que recibió para el aprestamiento el 21 de marzo sólo les alcanzó para revestir paredes húmedas, arreglar techos y una parte de los baños. Manifestó que solicitó por nota a la Secretaría de Educación más recursos pero le dijeron que no había. Indicó que desde marzo de 2005 la escuela inició cinco expedientes pidiendo a Infraestructura Escolar pintura y arreglos de sanitarios, albañilería, carpintería y herrería, sin respuesta hasta el momento, y agregó que la Legislatura había aprobado un pedido de fondos para la reparación total de la escuela pero nunca pudo cobrar el dinero.
Otro de los tantos establecimientos afectados por los rigores climáticos es la escuela parroquial Divino Maestro, a la que asisten 520 chicos de los barrios más humildes de la periferia; carece de estufas y el frío se cuela por los vidrios rotos y el techo que siempre está húmedo y por donde se filtra el agua cuando llueve. Su directora hizo un llamado a la comunidad para que donara ropa y zapatillas para sus alumnos, ya que muchos concurren con una remera debajo del delantal. La ministra dijo que el dinero otorgado para el aprestamiento les debería haber alcanzado a las directoras para hacer los arreglos más importantes y que hay una ley que dispone que debe haber fondos periódicos para el mantenimiento de las escuelas.
Lo cierto es que las palabras, las argumentaciones y la ley, al parecer, no pueden evitar que los alumnos y los docentes se congelen en las escuelas. Ya es hora de que dejemos de aplicar parches a los problemas y les brindemos soluciones definitivas.







