Reconocer los talentos debajo de la alfombra
El caso del chico tucumano que fue a una feria de Ciencias por Brasil muestra que no hay una política para estimular y desarrollar la creatividad. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
02 Junio 2007 Seguir en 
Erin Brockovich se llama la mujer a la que Julia Roberts caracterizó en la película homónima, y que se hizo célebre por llevar a la Justicia a los responsables de una planta industrial que tiraba desechos cancerígenos en las cercanías de su casa. Más atrás en el tiempo, en las primeras décadas del siglo XX, otra mujer, Ida Tarbell, sacaba de quicio a los Rockefeller con su denuncia periodística sobre los efectos negativos del monopolio de la Standard Oil Company en los Estados Unidos. Tarbell -por quien Rockefeller impuso el mote de "buscadores de basura" para los periodistas que buscan debajo de la alfombra- fue una de las grandes periodistas de investigación del país del norte. Y cierta leyenda cuenta que su interés por develar la historia de la Standard Oil se debe a que ella vio el derrumbe de su pueblo, alguna vez próspero, por la política monopólica que impuso Rockefeller con la Standard Oil.Los dos casos citados son ejemplos de cómo una experiencia personal a veces está marcando el rumbo de una carrera profesional, y cómo una acción deja de ser individual, para transformarse en colectiva. Es lo que le pasó a Adolfo David Soraire (18), que tenía apenas 17 años cuando decidió transformar su experiencia de vida individual en La Trinidad, Tucumán, en una acción colectiva, que redundara en beneficio de su comunidad. Adolfo, egresado de la escuela de comercio de La Trinidad, obtuvo este año el cuarto premio en la categoría "Ciencias Sociales" de la Feria de Ciencia y Tecnología Intel Fest, que se desarrolla todos los años en Estados Unidos.
La anécdota es que Adolfo, que es tucumano, nacido y criado en una zona de ingenios, ganó esa distinción con una investigación sobre la posibilidad de reuso de la cachaza, uno de los desechos de la caña de azúcar que más contamina el ambiente. El dice que investigó el tema por dos motivos: porque nació y creció en medio de la contaminación que genera la industria azucarera, y porque piensa que su propuesta es una alternativa laboral sustentable, en una zona marcada por la pobreza. Lo paradójico es que Adolfo no fue a los Estados Unidos representando a la Argentina, sino a Brasil, ya que su investigación no ganó en la Feria de Ciencia y Tecnología de la Argentina (de donde surgen los representantes a la Feria Intel internacional) sino en la prestigiosa muestra de Novo Hamburgo, en el país vecino.
Sin cuestionar la legitimidad de los jurados que eligieron los trabajos que finalmente representaron a la Argentina, lo que llama la atención es que parecería que lo que Argentina desechó, lo aprovechó Brasil. Y no sólo quedó en "off side" el Estado ("no me dieron ni un peso para el pasaje ni el Gobierno tucumano, ni el nacional", dijo el chico), sino también la dirigencia empresarial azucarera. La investigación sobre el reuso de la cachaza no interesó en Tucumán, pero sí lo hizo en Brasil. El "caso Soraire" (por llamarlo de algún modo) provocó chisporroteos entre los dos países, en niveles ministeriales, ya que no es la primera vez que Brasil se dedica a birlarle potenciales talentos jóvenes a su socio del Mercosur, según se infirió de la queja de la responsable de la Feria Nacional de Ciencia y Tecnología, María Cristina Alvarez.
Al margen de la viabilidad del proyecto en cuestión (no se evalúa en esta columna la calidad científica de la propuesta del joven de Trinidad ) lo que se señala es que tanto desde el Estado como desde la dirigencia empresaria no siempre se propicia la creatividad, aunque se diga lo contrario. Una prueba de esa contradicción es que a la política de impulso a las carreras estratégicas que viene desarrollando el Ministerio de Educación , y entre las cuales están las llamadas "ciencias duras" y las ingenierías, parece faltarle la pata estratégica de la orientación vocacional. David, en cuya breve pero curiosa biografía se adivina una inclinación hacia la investigación científica, dice que se inscribió en la carrera de Ciencias de la Comunicación "porque no tuvo una buena orientación vocacional". Si no funciona una herramienta tan probada como la orientación vocacional, qué decir de aquellos países -o establecimientos educativos privados en la Argentina- que definen y desarrollan estrategias en función de los talentos y atributos individuales de cada alumno. Podrá esgrimirse que no se puede pensar en sofisticaciones si hay chicos que esta semana no fueron a la escuela porque en las aulas tenían frío; o porque preocupan más -y son muchos más, es cierto- los chicos con problemas de aprendizaje por efecto de la pobreza. Sin embargo, el futuro son esos semilleros. Y parece que Brasil ya se dio cuenta.







