29 Mayo 2007 Seguir en 
Viena.- Era la radiante "Sissi", la belleza lasciva en la piscina, la mujer que paseaba por Sans Souci con un doloroso secreto. Pero también la radiante joven adicta a la actuación, la coleccionista de hombres, la buena ama de casa, la alcohólica.
De pocas estrellas existen imágenes tan diversas y contradictorias, y en pocos casos se superponen la vida privada y la de ficción como en el caso de Romy Schneider. Hoy se cumplen 25 años de la muerte de la actriz germano-austríaca por un paro cardíaco. Sin embargo, un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su biografía, su inigualable magnetismo y especialmente su destino siguen siendo material para alimentar el mito. Nacida en Viena como hija de la pareja de actores Wolf Albach-Retty y Magda Schneider, desde temprano lo tuvo claro: "debo convertirme como sea en una actriz". Así lo escribió a los 13 años en su diario y dos años después su sueño se hizo realidad. En 1953, en la cinta "Lilas blancas", la infantil quinceañera apareció por primera vez en la pantalla grande. Interrumpió el colegio y se dedicó en cuerpo y alma a la película. Tuvo éxito, como pudo verse pronto: a los 17 años, en el papel de la emperatriz austríaca Elisabeth, Romy Schneider se convirtió en estrella mundial interpretando a "Sissi". Irradiaba candidez, inocencia y una profunda sensibilidad de forma incomparable, y le entregó así a la época de posguerra y el boom económico aquel romanticismo que tempranamente la convirtió en mito y figura pública. No quería quedar prisionera de esta imagen angelical, pero sus primeros intentos fracasaron, y el público la castigó privándola de su reconocimiento. Logró su cambio de imagen sólo cuando modificó su orientación, se fue con su gran amor Alain Delon a París y trabajó con Luchino Visconti, por primera vez en la obra de teatro "Lástima que sea una puta". Trabajó intensamente, filmó en los años 60 y 70 películas exitosas a nivel internacional con los grandes directores de la época, como Visconti, Orson Welles, Otto Preminger y sobre todo Claude Sautet. Obtuvo numerosas distinciones, como el premio de la academia cinematográfica francesa por "El proceso", de Orson Welles, basado en la obra de Franz Kafka.
Mientras en la pantalla Romy Schneider tenía un gran poder de interpretación, su vida privada estuvo marcada por tragedias y caídas. Tras la separación de Delon, que le comunicó su despedida mediante una nota sobre la mesa de la cocina, se casó con el actor y cineasta alemán Harry Meyen, y en 1967 tuvieron a su hijo David. El matrimonio duró pocos años. Tampoco duró mucho el matrimonio de 1976 con su ex secretario, Daniel Biasini. La pareja se separó poco tiempo después del nacimiento de su hija Sarah Magdalena, y se divorciaron en 1981. Ese mismo año sufrió la muerte de su hijo: el joven de 13 años quedó mortalmente herido cuando resbaló al saltar un cerco con agudas puntas. Romy murió un año después.Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, la historia de Romy Schneider, su inigualable magnetismo y especialmente su destino siguen dando material para alimentar el mito. (DPA)
De pocas estrellas existen imágenes tan diversas y contradictorias, y en pocos casos se superponen la vida privada y la de ficción como en el caso de Romy Schneider. Hoy se cumplen 25 años de la muerte de la actriz germano-austríaca por un paro cardíaco. Sin embargo, un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su biografía, su inigualable magnetismo y especialmente su destino siguen siendo material para alimentar el mito. Nacida en Viena como hija de la pareja de actores Wolf Albach-Retty y Magda Schneider, desde temprano lo tuvo claro: "debo convertirme como sea en una actriz". Así lo escribió a los 13 años en su diario y dos años después su sueño se hizo realidad. En 1953, en la cinta "Lilas blancas", la infantil quinceañera apareció por primera vez en la pantalla grande. Interrumpió el colegio y se dedicó en cuerpo y alma a la película. Tuvo éxito, como pudo verse pronto: a los 17 años, en el papel de la emperatriz austríaca Elisabeth, Romy Schneider se convirtió en estrella mundial interpretando a "Sissi". Irradiaba candidez, inocencia y una profunda sensibilidad de forma incomparable, y le entregó así a la época de posguerra y el boom económico aquel romanticismo que tempranamente la convirtió en mito y figura pública. No quería quedar prisionera de esta imagen angelical, pero sus primeros intentos fracasaron, y el público la castigó privándola de su reconocimiento. Logró su cambio de imagen sólo cuando modificó su orientación, se fue con su gran amor Alain Delon a París y trabajó con Luchino Visconti, por primera vez en la obra de teatro "Lástima que sea una puta". Trabajó intensamente, filmó en los años 60 y 70 películas exitosas a nivel internacional con los grandes directores de la época, como Visconti, Orson Welles, Otto Preminger y sobre todo Claude Sautet. Obtuvo numerosas distinciones, como el premio de la academia cinematográfica francesa por "El proceso", de Orson Welles, basado en la obra de Franz Kafka.
Mientras en la pantalla Romy Schneider tenía un gran poder de interpretación, su vida privada estuvo marcada por tragedias y caídas. Tras la separación de Delon, que le comunicó su despedida mediante una nota sobre la mesa de la cocina, se casó con el actor y cineasta alemán Harry Meyen, y en 1967 tuvieron a su hijo David. El matrimonio duró pocos años. Tampoco duró mucho el matrimonio de 1976 con su ex secretario, Daniel Biasini. La pareja se separó poco tiempo después del nacimiento de su hija Sarah Magdalena, y se divorciaron en 1981. Ese mismo año sufrió la muerte de su hijo: el joven de 13 años quedó mortalmente herido cuando resbaló al saltar un cerco con agudas puntas. Romy murió un año después.Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, la historia de Romy Schneider, su inigualable magnetismo y especialmente su destino siguen dando material para alimentar el mito. (DPA)







