Cortocircuito en el sector azucarero

La certeza de que este año los ingresos en la actividad azucarera serán menores que los esperados lleva a que haya encontronazos entre los industriales y los agricultores. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

28 Mayo 2007
Definitivamente, la zafra 2007 no podrá ni siquiera igualar los logros obtenidos en la supercampaña 2006, aun cuando se estima que este año la producción de azúcar superará en alrededor de un 10% a la de la temporada pasada. Entre los varios aspectos que atentan contra la posibilidad de que se desarrolle una molienda perfecta, uno que se destaca es el humor de los azucareros, bastante venido a menos este año en relación con lo que se vivió en 2006.
En principio, la zafra promete ser un éxito en lo productivo, dado que se estima que aun en el peor de los escenarios se superará la marca máxima histórica de 1,52 millón de toneladas lograda en la campaña 2006. Sin embargo, este año hay problemas en casi todos los frentes, salvo en el laboral, porque la industria logró cerrar un incremento salarial con los sindicatos de Fotia y de FEIA del 16,5% más una suma no remunerativa mensual para obreros y empleados de ingenio de $ 175. De todas formas, todavía resta el acuerdo entre los cañeros y los obreros del surco, negociación en la que Fotia no participa -las entidades cañeras solamente firman con el sindicato de Monte Redondo-, aunque este año pretende incorporarse como parte.
Siguiendo con los cañeros, esta temporada debutaron como flamantes miembros de una mesa de control de la comercialización de azúcar que conformó el sector industrial azucarero argentino, principalmente los ingenios de Jujuy y Salta. La presencia de los productores en un ámbito de tanta importancia -tienen la posibilidad de conocer los números reales de la actividad- es un hecho inédito en la historia del sector y es, además, una muestra de la madurez que habrían alcanzado los azucareros. Lamentablemente, el experimento parece estar fallando, puesto que en la última semana se produjo una ruptura en las discusiones entre industriales y cañeros, al punto tal que estos últimos solicitaron que las autoridades de Atanor intercedan para acercar posiciones.
¿Qué puede haber ocurrido para que esta aparentemente endeble relación haya ingresado en cortocircuito? Todo empezó cuando los cañeros comenzaron a participar del diseño de la campaña exportadora 2007, con un repaso de los resultados del proceso llevado a cabo en 2006. Según los cañeros, las primeras diferencias surgieron cuando desde este sector se solicitó a los industriales que se analice la posibilidad de exportar más azúcares blancos que crudos, debido a las mejores cotizaciones de los primeros respecto de los segundos. Luego, provocó irritación el reclamo de los dueños de los ingenios para que los agricultores acepten un descuento sobre las divisas que les liquidaron por la última exportación, con el argumento de que parte del azúcar finalmente se comercializó al exterior a valores más bajos que los que se pagaron. También los fabricantes del endulzante exigen un adicional por financiamiento, mientras que los cañeros reclaman que se les reconozca una diferencia por una presunta baja en los costos de logística de exportación, con la excusa de que resulta más económico trasladar azúcar crudo a granel que blanco en bolsas.
En una etapa en que los ingresos serán acotados para todo el sector azucarero, en especial porque las subas de los costos no se pueden trasladar a los precios internos del producto, más que nunca los números son observados con lupa por los cañeros.
Una novedad es que los productores ahora quieren participar del auspicioso negocio del alcohol. Quieren que así como reciben la proporción de azúcar que les corresponde por la entrega de caña, también se les permita acceder a una parte del alcohol que deriva de la molienda de la materia prima. La Argentina elaboró en 2006 alrededor de 187 millones de litros de alcohol de caña, de los cuales la mitad se exporta y el resto se vende al mercado interno para diversos usos (farmacéuticos, de bebidas, etcétera). Para este año, se prevé una producción de 220 millones de litros de alcohol en el país. El debate por el alcohol promete ser difícil, puesto que históricamente este subproducto siempre quedó en poder de la industria.
La necesidad de que se mantenga un vínculo sano y responsable entre los industriales azucareros y los cañeros es más imperiosa que nunca, en un año que no se presenta de maravillas. En este contexto, un diálogo armónico entre las partes puede ser la clave para que el delicado equilibrio en el sector se mantenga, para beneficio de todos.

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