28 Mayo 2007 Seguir en 
Muchas veces se dice que los proyectos futbolísticos a mediano o largo plazo son los que tienen mayores posibilidad de llegar a buen puerto. Famaillá acaba de ratificar ese concepto. Un plan iniciado hace casi dos años condujo a la entidad del sur de Tucumán al Argentino B, certamen en el que se unirá a Ñuñorco y a Concepción FC. No fue un camino fácil ni tampoco corto el que debió encarar; pero a través del tiempo mantuvo un ideal y ello terminó dando sus frutos.
Famaillá encontró en el Torneo del Interior de este año el camino que lo condujo al ascenso. Si bien llegó al certamen de manera indirecta y porque otras entidades desecharon su derecho de intervenir, hizo méritos necesarios durante los últimos dos torneos de la Liga Tucumana para tener una oportunidad. Sin lograr títulos, siempre fue gran protagonista y terminó como el mejor de la tabla general.
El club casi centenario -en junio cumplirá 99 años- demostró su temple luego de perder su primera chance. No se entregó por ello y en Chaco logró su objetivo. Y lo hizo de la mano de una gran cantidad de jugadores de la zona, que fueron identificándose con el proyecto. En diciembre de 2006, estos hombres sumaron la experiencia del entrenador Angel Guerrero y de otros futbolistas de extensa trayectoria, y juntos lograron una meta que llenó de felicidad al ambiente futbolístico provincial.
Lo de Famaillá, más allá del éxito futbolístico, representa un proyecto integral. Por ello, la entidad se encuentra abocada a la construcción de un estadio para 10.000 personas, al tiempo de dotar a su polideportivo de todas las comodidades que los famaillenses necesitan. En ese sentido, al apoyo a distintas disciplinas es una realidad palpable; un ejemplo de ello fue el escenario que se acondicionó para albergar en 2006 al Nacional de Cadetes de Voley.
Por otro lado, el logro de Famaillá representa una bocanada de aire fresco para el fútbol tucumano en general, que en los últimos años tuvo más sufrimientos que alegrías, aunque digno es destacar que San Martín pudo cambiar en parte esa realidad el año pasado, al lograr el ascenso a la B Nacional.
El primer semestre del año no fue bueno en cuanto a las competencias nacionales para los clubes locales dedicados al deporte más popular. Y es por ello que lo que acaba de lograr Famaillá puede tomarse como una excelente referencia para entender que, para lograr metas, hacen falta planes serios, alejados del exitismo, graduales y abarcativos.
Muchas veces se repite que de nada sirven las iniciativas con metas inmediatas, asfixiadas por la necesidad de un resultado futbolístico urgente. En esta actividad, quizás más que en cualquier otra y por una cuestión cultural argentina, perder siempre duele. Pero nadie debe olvidar que se trata de un deporte, de un entretenimiento. Que en la carrera hacia el triunfo, hay cantidades ilimitadas de voluntades de todo el país que buscan lo mismo. Y que, simplemente, para lograr la meta se debe demostrar que se es el mejor y no sólo por la cantidad de goles que se les convierte a los rivales.
Nadie puede negar que la sensatez dirigencial, el apoyo del público y de los auspiciantes representan la piedra fundamental para que cualquier proyecto se concrete. Si alguno de estos factores falla o está debilitado, los resultados en un campo de juego pueden ser una consecuencia de lo anterior. En Famaillá apostaron, fueron perseverantes y ganaron. Ahora llegó el tiempo de disfrutar de ello y de trazar un plan para fortalecer los objetivos. Y de esgrimir la bandera de ser el único club tucumano que tuvo algo para festejar, en lo que va de 2007.
Famaillá encontró en el Torneo del Interior de este año el camino que lo condujo al ascenso. Si bien llegó al certamen de manera indirecta y porque otras entidades desecharon su derecho de intervenir, hizo méritos necesarios durante los últimos dos torneos de la Liga Tucumana para tener una oportunidad. Sin lograr títulos, siempre fue gran protagonista y terminó como el mejor de la tabla general.
El club casi centenario -en junio cumplirá 99 años- demostró su temple luego de perder su primera chance. No se entregó por ello y en Chaco logró su objetivo. Y lo hizo de la mano de una gran cantidad de jugadores de la zona, que fueron identificándose con el proyecto. En diciembre de 2006, estos hombres sumaron la experiencia del entrenador Angel Guerrero y de otros futbolistas de extensa trayectoria, y juntos lograron una meta que llenó de felicidad al ambiente futbolístico provincial.
Lo de Famaillá, más allá del éxito futbolístico, representa un proyecto integral. Por ello, la entidad se encuentra abocada a la construcción de un estadio para 10.000 personas, al tiempo de dotar a su polideportivo de todas las comodidades que los famaillenses necesitan. En ese sentido, al apoyo a distintas disciplinas es una realidad palpable; un ejemplo de ello fue el escenario que se acondicionó para albergar en 2006 al Nacional de Cadetes de Voley.
Por otro lado, el logro de Famaillá representa una bocanada de aire fresco para el fútbol tucumano en general, que en los últimos años tuvo más sufrimientos que alegrías, aunque digno es destacar que San Martín pudo cambiar en parte esa realidad el año pasado, al lograr el ascenso a la B Nacional.
El primer semestre del año no fue bueno en cuanto a las competencias nacionales para los clubes locales dedicados al deporte más popular. Y es por ello que lo que acaba de lograr Famaillá puede tomarse como una excelente referencia para entender que, para lograr metas, hacen falta planes serios, alejados del exitismo, graduales y abarcativos.
Muchas veces se repite que de nada sirven las iniciativas con metas inmediatas, asfixiadas por la necesidad de un resultado futbolístico urgente. En esta actividad, quizás más que en cualquier otra y por una cuestión cultural argentina, perder siempre duele. Pero nadie debe olvidar que se trata de un deporte, de un entretenimiento. Que en la carrera hacia el triunfo, hay cantidades ilimitadas de voluntades de todo el país que buscan lo mismo. Y que, simplemente, para lograr la meta se debe demostrar que se es el mejor y no sólo por la cantidad de goles que se les convierte a los rivales.
Nadie puede negar que la sensatez dirigencial, el apoyo del público y de los auspiciantes representan la piedra fundamental para que cualquier proyecto se concrete. Si alguno de estos factores falla o está debilitado, los resultados en un campo de juego pueden ser una consecuencia de lo anterior. En Famaillá apostaron, fueron perseverantes y ganaron. Ahora llegó el tiempo de disfrutar de ello y de trazar un plan para fortalecer los objetivos. Y de esgrimir la bandera de ser el único club tucumano que tuvo algo para festejar, en lo que va de 2007.







