Preocupan los paros en la Universidad

27 Mayo 2007
La acción colectiva, emprendida por un grupo de trabajadores, que consiste en negarse a cumplir total o parcialmente su trabajo, es una de las definiciones de la palabra huelga. El paro de actividades se emplea, en general, como un medio de ejercer presión en las negociaciones con el empleador, para obtener una mejora en las condiciones laborales. Pero existen también medidas de fuerza que exceden el marco de enfrentamiento de empleado-empleador y que afectan a terceros. Por ejemplo, un corte de ruta perjudica a cientos de ciudadanos que no tienen ninguna responsabilidad en el conflicto y que deben padecer injustamente sus consecuencias. Cuando la huelga se realiza en el ámbito educativo y se lleva a cabo en forma sistemática, los más afectados son los estudiantes. Ello está sucediendo en la Universidad Nacional de Tucumán.
El comienzo de período lectivo en las escuelas experimentales de la UNT fue conflictivo. Los educadores, nucleados en la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (Adiunt), decidieron el 12 de marzo pasado tomar una medida de fuerza por 72 horas porque las autoridades universitarias no habían respondido oportunamente al reclamo de titularización de sus cargos. El problema se zanjó el 27 de ese mes, cuando el Consejo Superior de la UNT dio lugar al pedido, pero al día siguiente, tuvo lugar un nuevo paro de la Conadu (H), a la cual está adherida Adiunt en reclamo por un cargo testigo de $ 1.500, ya que el actual es de $ 650.
El 9 de abril se produjo un nuevo receso en el marco de la protesta nacional por el docente neuquino Carlos Fuentealba. El paro de Adiunt por cuestiones salariales prosiguió los días 12, 13, 18, 19, 23 y 24 de abril, así como el 3, 4, 22, 23 y 24 del corriente. En el interregno de los 15 días sin clases por la protesta salarial -aunque no hubo inactividad en todas las facultades- el Rectorado decidió descontar los días no trabajados en marzo. El 23 de abril se reunieron gremialistas con directivos de la UNT y acordaron que no avanzar en la deducción del salario. Al día siguiente del acuerdo, en una protesta en el Rectorado, la dirigencia de Adiunt dijo que le había pedido a la Justicia Federal que notificara a la UNT para que se abstuviera de seguir descontando de los haberes los días de paro. Los padres de los alumnos de las escuelas experimentales comenzaron a movilizarse, preocupados por la pérdida de clases de sus hijos. Proponen que los directores requieran a los profesores que dejen trabajos prácticos y guías de estudio a los alumnos para los días de paro, como en 2006, y plantean que se habilite un registro de padres voluntarios para que, eventualmente, den clases de apoyo o sirvan de guía en el estudio de la currícula. En el plano legal, los padres solicitaron a la Justicia una resolución ampliatoria de la medida cautelar que se dictó en 2006, para que la UNT garantizara el dictado de clases. En esa ocasión, la Universidad pidió que se llamara a una conciliación obligatoria pero, como Adiunt no tiene personería gremial, se planteó la incompetencia de la Secretaría de Trabajo para dictar esa medida, según los padres. El rector dijo que las escuelas universitarias tendrán que planificar cómo recuperar los días perdidos. Sin embargo, da la impresión de que los paros continuarán. Nadie pone en duda que los reclamos salariales son justos, pero urge encontrar otras formas de protesta que no perjudiquen la marcha de la educación. Las autoridades de la UNT y los gremialistas deben sentarse a dialogar hasta hallar la salida que beneficie a todas las partes. Los alumnos y la calidad educativa nunca deben ser la variable de ajuste de un conflicto salarial.

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