27 Mayo 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Suele decirse que Dios está en todas partes, pero que atiende en Buenos Aires, en referencia al poder de concentración política, económica y cultural que emana la Capital Federal. Sin embargo, no todo lo que reluce es oro en el distrito porteño, por cuyo sillón de intendente pelearán el domingo próximo Daniel Filmus, Mauricio Macri y Jorge Telerman, más otra docena de nombres de chance menor, en una elección que se proyecta como un test más que importante hacia todo el ámbito nacional. Un trabajo que ha confeccionado la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), con la colaboración de Claudio Lozano, economista y también candidato a la poltrona municipal, señala que pese a que los indicadores socioeconómicos de la ciudad están por encima de la media del país, la situación de los sectores más postergados resulta hoy mucho peor que la que existía hace 10 años.El debate televisivo que cruzó a los tres principales candidatos obvió esta cuestión, como otras tantas que los porteños no logran dilucidar como, por ejemplo, el deterioro casi terminal de los servicios y de la infraestructura y que, desde lo administrativo, la ciudad, tal como está concebida, es imposible que sea gobernada bajo el actual modelo de gestión concentrada, sobre todo si se pretende ampliar su radio de acción hacia un cordón metropolitano que involucre a los partidos del Gran Buenos Aires.
¿Por qué alguien habría de querer ponerse al frente de un distrito con tantas dificultades, donde los baches se reproducen como hongos cuadra por cuadra y la suciedad, que no se erradica nunca, deja al desnudo que el principal problema de la ciudad son sus propios habitantes? Precisamente, la respuesta hay que buscarla en la política, ya que en Buenos Aires hoy se dirimen cosas mucho más profundas que una simple elección de alcalde.
Incertidumbre final
La incertidumbre sobre el resultado hará correr de la escena por unos días al proyecto de la concertación revivido en Mendoza y las dudas sobre si el candidato oficial será “pingüina o pingüino”, ya que todo puede terminar en la Capital Federal en una nueva frustración para el gobierno de Néstor Kirchner, en un distrito donde el Presidente conserva buena imagen pero es altamente crítico hacia muchas de sus acciones.
Por eso, queda claro que en esta instancia, la ciudad ha pasado a ser rehén de la política nacional, ya que los candidatos y el Gobierno central se juegan mucho más que un triunfo o una derrota, aun en la instancia de esta primera vuelta.
Si se cree en lo que dicen las encuestas, estas parecen asegurar de que no habrá resolución el 3 de junio y que se necesitará un ballotage, tres semanas después, con un techo para Macri que le alcanzaría sólo para ganar cómodo el domingo próximo, pero que lo volvería a complicar en el segundo turno. Para Telerman, pasar ese primer escollo sería buscar la posibilidad que hasta ahora la Casa Rosada no le ha dado, de quedar posicionado como referente del kirchnerismo. Un tropiezo de Filmus dejaría muy golpeado al Gobierno nacional que, salvo una mención de Kirchner sobre que se equivocó al apoyar al misionero Carlos Rovira y que por eso no quiere pegarse nuevamente en otra elección distrital, sigue firme junto al ministro de Educación. Por último, Macri se convertiría en el jefe de la oposición, y mucho más todavía si el hasta ahora inalcanzable sueño de la primera ronda se le hiciera realidad en el rush final.
Los indecisos no definen
Igualmente, el aporte de los indecisos no parece alcanzarle por ahora al presidente de Boca Juniors para obtener el premio mayor, algo que las encuestas indican que tampoco logra ninguno de los otros candidatos. En el debate por TV, Macri fue el más propositivo, Telerman el más mediático y Filmus el más enjundioso, pero no mucho más para que el carisma de alguno de ellos haya logrado cambiar la intención de voto de los televidentes.
La confrontación dejó también en claro que ninguno de los tres ha logrado operar de modo contundente sobre la esperanza de la gente y, aunque Macri es quien mejor lo ha hecho hasta ahora, inclusive porque consigue mostrarse como ajeno a las transas políticas o a los aparatos, este punto resulta difícil de vulnerar por los candidatos, debido a la idiosincrasia de los porteños, en su mayoría argentinos individualistas y depresivos, pero que a la vez creen que se las saben todas.
La cultura desmoralizante del tango “Cambalache” (“¡Todo es igual!”) tiene básicamente que ver con la ansiedad de una sociedad que quiere conseguir todo rápido, de cualquier modo y que hasta está dispuesta a desdecirse rápidamente y a echar a presidentes si el bolsillo se le resiente. A los sociólogos les competerá establecer si los porteños son así porque les importa poco la institucionalidad o si la falta de instituciones es la que les permite tamañas licencias, algo que el resto de los argentinos parece estar incorporando aceleradamente.
Las cosas por su nombre
Para tomar como ejemplo el caso Skanska, ha sido muy difundida una frase de la conversación que tuvo el auditor local de la firma sueca con uno de los responsables del desfalco destinado al pago de coimas. Palabras más, palabras menos, este le decía a su interlocutor: “si no hacés así, no trabajás (en la Argentina)”. La comparación resulta propia de un manual, ya que quienes conocen el modo de proceder de los suecos dicen que esa sociedad tiene incorporada la mentalidad luterana del esfuerzo, tras siglos de lucha contra la dureza del clima y el suelo, y que, si bien allí hay pillos como en todos lados, la idea general es que estas cosas no deberían ocurrir porque se trata de una estafa a los contribuyentes, que se empobrecen. “No todos son santos ni diferentes al resto del planeta, pero el gran reaseguro es el de las instituciones fuertes”, le comentó a DyN un hombre que vivió en Suecia y que conoce sus costumbres.
Por ejemplo, hace unos meses, se descubrió allí que la empresa estatal que tiene el monopolio de venta de las bebidas alcohólicas, que son importadas, hacía pagos “indebidos” a distribuidores para que coloquen ciertos vinos en las góndolas. Cuando salió a luz la cuestión, se supo que la directora ejecutiva de la empresa era la esposa del primer ministro y, sin embargo, la Justicia se hizo cargo fuera de toda presión del poder político y no se atenuó ni una sola pena.
Otra vez los medios
“Lo que impacta sale a la luz y a nadie se le ocurre hablar con los jueces u ofrecerle cargos públicos”, dijo el informante, quien también está más que al día con el tratamiento periodístico sueco del caso Skanska. “Los medios comentan la cuestión porque hay preocupación ya que el caso va a contrapelo de lo que se espera en Europa de las empresas, a las que se les asigna un rol importante en cuanto a su responsabilidad social”, añadió.
En cuanto a cómo ha intervenido hasta ahora la Justicia sueca sobre el caso Skanska, refirió que el fiscal general “sigue el tema con interés”, pero que no ha tomado cartas en el asunto porque no hay involucrado aún ningún ciudadano de ese país.
Como otro detalle -no menor-, para marcar diferencias, el conocedor de la vida en Suecia aporta que a la cuestión institucional y a la idiosincrasia hay que agregarle la permanente vocación de presencia del Estado, hasta en la cercanía de la gente con quienes gobiernan (“es natural que hagan juntos la cola del correo”) pero, por sobre todo, en “las diferencias mínimas” que hay entre la base y la punta de la pirámide de los ingresos.
Problemas sociales
Esta referencia a la menor desigualdad entronca nuevamente con el espejismo porteño, a partir del relevamiento socioeconómico que hizo Lozano. En él se establece que si se compara los que más ganan contra los que menos perciben, la brecha de ingresos ha aumentado en 10 años de 107,4 a 126 veces. También se verifica que dentro del distrito más rico del país viven 150.000 pobres e indigentes más que en 1996 y que estos suman en conjunto 380.000, lo que representa 14% de la población. En el trabajo se afirma que la velocidad de caída de la desocupación es menor que la mitad del resto del país y que otro tanto ocurre con el aumento de los ocupados, mientras que ha crecido la precariedad y la ilegalidad laboral.
El mismo Lozano afirma que esta y no la inseguridad es la principal demanda de los porteños, y admite que el Gobierno de la ciudad no tiene que ser dador de trabajo sino que debe crear las condiciones para que la potencialidad del distrito, diversificado en innumerables polos barriales, se encargue de absorber este tipo de problemas y corregir las distorsiones.
De esta manera, el candidato de izquierda ha quedado extrañamente emparentado con Macri, ya que los dos pasan a representar los verdaderos rivales ideológicos de esta crucial elección para los porteños. Ambos tienen para mostrar que ninguno ha tenido nada que ver con el deterioro, que viene desde los tiempos en que Fernando de la Rúa era jefe de Gobierno, situación que no han podido cambiar sus sucesores y colaboradores, hoy casi todos enrolados en listas opuestas.
Otro de los misterios de los que los porteños no están del todo informados es cómo va a encarar quien gane la relación con los gremios estatales de la ciudad. La poderosa Sutecba que manejan los vetustos sindicalistas Amadeo Genta y Patricio Datarmine, que aunque un poco venida a menos por la presencia de ATE, sigue siendo un Estado dentro de otro Estado, que pone y saca punteros políticos y condiciona a los gobernantes desde siempre. (DyN)







