Gestionar la ciudad no es sólo levantar edificios
Si se busca mejorar la calidad de vida de la gente, la transparencia institucional no es un dato menor, porque hace a una gestión eficiente y equitativa por parte del Estado. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
26 Mayo 2007 Seguir en 
“Nuestro modo de producir ciudad siempre está en conflicto”, le dijo a esta cronista hace una semana, una experta en urbanismo, la arquitecta Marta Casares. Palabras más, palabras menos, ella dice que aquí no se gestiona desde el diálogo, sino desde la imposición, o desde la improvisación. La especialista, que trabajó con sus pares Rafael Caminos y Raúl Di Lullo, en el informe ambiental del grupo “Geo” para la ciudad de Tucumán, también acercó en esa entrevista otras reflexiones que pueden echar luz sobre la actualidad tucumana. Cuando se le preguntó sobre la polémica que se ha entablado alrededor del Abasto, y que ha llegado a enfrentar a vecinos de esa barriada con defensores del patrimonio cultural y arquitectónico, respondió: “puede que los dos tengan razón”. Lo que ella dice es que esos dos actores, cada uno a su manera, están reclamando nada más y nada menos que vida urbana. Y que el rol del Estado es -o debería serlo- el de mediar en esos conflictos, el de gestionar la solución de las diferencias.“No se está construyendo ciudad. En los últimos 40 años, Tucumán ha sido pura edificación y nada de urbanización”, ha apuntado la urbanista en otro tramo de la misma entrevista, y su diagnóstico llega al clímax cuando advierte que esta es una ciudad fracturada que le da espaldas al río y a quienes han ido poblando esa ribera, en las últimas décadas, en asentamientos desordenados como el barrio Costanera y otros que han crecido alrededor del “negocio de la basura”. “Si no hacemos algo con esa población, estaremos arrinconando allí nuestra vergüenza social”, afirma Casares, que enfatiza, además, que a la ciudad la hace su gente. Una señal de que no hay gestión del espacio si no hay gestión cívica.
Entre las sorpresas del informe Geo, que ha sido impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) está la ratificación de que la población de Tucumán va camino al envejecimiento paulatino (en sintonía con el resto del mundo). Al mismo tiempo, el mayor índice de natalidad se produce en los sectores sociales menos atendidos por los servicios. En ese tramo del informe Geo colaboraron expertas en Estadísticas de la Facultad de Ciencias Económicas.
Una pregunta del millón es cómo gestionar un futuro más o menos manejable para una población que ha nacido -y ha crecido- casi herida de muerte, como se advierte, por ejemplo, en los resultados de aprendizaje escolar de muchos de los chicos nacidos en 2001, cuando en Tucumán se observaban tasas de desnutrición alarmantes. Es cierto que si hoy es posible detectar problemas de aprendizaje en esos chicos, es porque esos chicos están en la escuela. Sin embargo, hay por lo menos dos cuestiones a considerar al respecto: 1) la educación es condición necesaria para el desarrollo, pero no suficiente y , 2) pese al esfuerzo del Estado, hay todavía muchos chicos y jóvenes tucumanos a quienes el sistema educativo no ha podido retener. Sobre el primer punto, se sabe que el concepto tradicional de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) ya no alcanza como indicador del desarrollo humano de una comunidad sustentable.
Es cierto que en Tucumán hay una cantidad importante de edificios escolares nuevos, en especial en aquellos barrios más vulnerables. Pero las cuatro o seis horas en la escuela se esfuman cuando esos chicos vuelven “a casa”. Afirma Casares que la calidad de vida de los habitantes de cualquier ciudad se asegura con todo aquello que conforma sus ingresos indirectos: infraestructura, servicios, equipamiento urbano, espacios verdes. De modo que para los chicos de los barrios que el informe Geo y otros diagnósticos señalan como problemáticos, la escuela nueva y recién pintada, así como las nuevas propuestas pedagógicas, como la jornada extendida (cuyos méritos no se minimizan) terminan resultando un recreo en el infierno cotidiano. Eso, mientras sigan pendientes de solución las otras cuestiones estructurales.
Es innegable que durante la gestión de José Alperovich se está realizando en Tucumán una importante obra pública. Sin embargo, las recientes denuncias masivas de vecinos de comunas por hechos delictuales en los manejos de fondos públicos están mostrando que los problemas de calidad de gestión institucional atentan en contra de la “ciudad sustentable” o de la comuna sustentable.
En Los Sarmiento, el ahora renunciado delegado comunal está acusado por haber cobrado coimas a los vecinos que querían acceder a un plan de erradicación de letrinas. En otras palabras, se le imputa querer robarles a los más pobres de entre los pobres. En esa comuna, la presión popular logró el alejamiento del funcionario. Con seguridad, con las elecciones de agosto surgirán liderazgos nuevos en el mapa de la representación política tucumana. La reacción de la comunidad de Los Sarmiento puede interpretarse como una advertencia de que la gente está entendiendo que si audita la cosa pública, tendrá más servicios, más ciudad y más calidad de vida.







