El raudo tren de la corrupción

La veloz aparición de nuevos funcionarios y ex directivos de la empresa sueca vinculados con el caso contrasta con la lentitud que muestran las acciones judiciales. Fidelidad. Por Angel Anaya - Columnista.

24 Mayo 2007
BUENOS AIRES.- El raudo tren de la corrupción que arrastra la locomotora Skanska se ha convertido en uno de los más veloces de que se tiene memoria, pero no son pocos los que piensan que no llegará a destino, pues los mecanismos judiciales no funcionan a la velocidad necesaria. Día por medio suben nuevos pasajeros en cuyos haberes curriculares aparece generalmente ese orden cerrado que caracteriza al actual modelo de funcionarios políticos, es decir, la fidelidad al poder supremo antes que al servicio público. Son también muchos los que esperan que a esos viajeros se sume el ministro de Planeamiento, Julio De Vido, pero tal posibilidad está condicionada por el hecho de que se trata de uno de los ejes, tal vez el más importante, con que se ha movido hasta ahora el actual sistema presidencialista.
Hasta ahora, se señala, cuando parece que Kirchner está tratando de acotar previamente los riesgos de que el ministro deje de serle fiel en el llano. Esa y no otra es la razón del decreto presidencial dictado en marzo, y que limita el manejo de fondos públicos a De Vido mediante el control por la Sindicatura General de la Nación (Siguen), un organismo, por cierto, que integra la esposa del ministro, Alejandra Minnicelli. Precisamente ese es el punto donde se halla el eventual detonante de una crisis por implosión.

 Primero el pragmatismo
El ministro de Educación, Daniel Filmus, ha resuelto no solicitar licencia en razón de su candidatura como alcalde autónomo porteño, “por causa de los conflictos docentes”. La explicación parecería razonable si no fuera porque violenta la ley de ética pública y el régimen electoral. La falta resulta pequeña entre el ruido sindical que provocan los paros por salarios y sus consecuencias en el distrito metropolitano. También parece menor que la primera dama, haya reaparecido en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, después de una ausencia de casi seis meses, si no fuese porque como presidenta del organismo no permite que este se reúna sin ella, aunque reglamentariamente pueda hacerlo. Esa comisión es la más importante, por la índole de asuntos que debe considerar, y tiene actualmente pendientes de atención a más de 60 proyectos originales o en revisión. Los casos de Filmus y de la senadora Fernández de Kirchner no son, por cierto, únicos de esa modalidad de gestión que somete las exigencias institucionales a las necesidades del pragmatismo. Filmus quedó envuelto por Santa Cruz y la primera dama por sus viajes al exterior como presunta candidata presidencial.
La corrupción no solo es cuestión de dinero¸ sino que también se muestra en el estilo de gestión. Por eso, lord Asthon dijo memorablemente hace muchos años que “a mayor poder, más corrupción”. (De nuestra Sucursal)