Atahualpa Yupanqui, un poeta de la tierra

Se cumplen 15 años de la muerte de uno de los creadores más importantes de la Argentina. Nació en Buenos Aires y murió en Francia, pero el paisaje tucumano está presente en toda su producción.

ENORME TALENTO. El músico, poeta y guitarrista se definía a sí mismo como un “hombre de ningún lugar“.(ARCHIVO LA GACETA)
ENORME TALENTO. El músico, poeta y guitarrista se definía a sí mismo como un “hombre de ningún lugar“.(ARCHIVO LA GACETA)
23 Mayo 2007
Considerado uno de los más grandes creadores populares de la Argentina, Atahualpa Yupanqui nació en Campo de la Cruz, en el partido de Pergamino, en el norte de la provincia de Buenos Aires, el 31 de enero de 1908.
Su nombre era Héctor Roberto Chavero, y se adentró en el mundo de la música cuando aún era un niño. A los seis años estudió violín y poco después, guitarra; de esta última, que se convirtió en su compañera inseparable, dijo: "este instrumento se hizo presente en mi vida desde las primeras horas de mi nacimiento. Con guitarra alcanzaba el sueño...".
A mediados de la década del 30 debutó en una emisora de la provincia de Santa Fe. Después, luego de un período en Córdoba, llegó a tierras tucumanas. El paisaje del noroeste lo marcó para siempre. Recorrió los Valles Calchaquíes a lomo de mula, impregnándose de sus sonoridades y de sus silencios.
Afincado en Raco, encontró los cauces que alimentaron su potencia creativa y que, a la postre, signaron su obra. Yupanqui retrató profundamente su hábitat y cumplió acabadamente aquella máxima de pintar su aldea y, desde ella, reflejar un mundo atravesado por el dolor. De su estadía en Tucumán Don Ata recordaría después los días en que "tomábamos mate y poníamos un pañuelo a la guitarra bajo las cuerdas. Así podíamos tocar hasta el alba sin molestar a los vecinos. El rasgueo parecía una caja de fósforos; lo hacíamos sin gritar, casi íntimo, cantando el uno para el otro, divirtiéndonos y emocionándonos hasta las lágrimas".
A comienzos de la década del 40 se publica en Jujuy "Piedra sola", su primer libro de versos. Pocos años después asume abiertamente un compromiso político que posteriormente le acarrearía detenciones, censuras y prohibiciones.
En 1947 publica su novela "Cerro Bayo", que después daría origen al libreto de la laureada película "Horizontes de Piedra", en la que interpretó el papel protagónico.
A fines de la década del 40 viaja a Europa y toca por primera vez en París, donde conoce a Paul Eluard y deslumbra al ambiente musical. Años más tarde, en la década del 60, ocurre algo parecido con Japón, ampliando las fronteras artísticas de Yupanqui. En 1964 recorre desde las ciudades más importantes hasta las aldeas más remotas de la isla. Sus experiencias en el lejano Oriente son recogidas en una serie de apuntes que se publican posteriormente con el nombre "Del algarrobo al cerezo".
En 1968 recorre España, cuyo público también cae rendido ante el talento y la personalidad de Yupanqui; finalmente, regresa a París, donde establece su residencia, a pesar de que su alma viajera sigue llevándolo por todo el mundo. El mismo decía: "el hombre deja atrás el hogar, el calor de los seres y las cosas queridas, y parte hacia una visión que atrae irresistiblemente, para su dicha o para su dolor". Finalmente, el 23 de mayo de 1992, muere en Nîmes, cerca del Mediterráneo.
Los escritos de don Ata -en unas 1.200 composiciones y media docena de libros- abordan la insignificancia del hombre ante el vasto mundo, ante el paso del tiempo, ante la acechanza de la soledad. En la amplia producción artística del creador se cuentan zambas, canciones, milongas, chacareras, vidalas y estilos que constituyen una sólida columna vertebral para cualquier antología del arte criollo.

Una obra monumental
"El payador perseguido" es quizá la obra que mejor representa a Yupanqui. "...Y yo noto que no soy sólo yo, hay muchísimos, hay miles de ?payadores perseguidos? en mi país. No importa que no sean payadores, pero es penoso que sean perseguidos", decía. Yupanqui canta en esa obra su realidad y la de sus hermanos, con sus frustraciones, desengaños e infortunios; con sus hazañas y sus heroísmos.

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