Obediencia debida
Los funcionarios no se atreven a contradecir al gobernador. Pero esquivar las normas de esta misma administración afecta la seguridad jurídica. Por Roberto Delgado - Redacción LA GACETA.
15 Mayo 2007 Seguir en 
El debate sobre las obras en el ex Mercado de Abasto se trasladó ahora a la discrepancia entre lo que dictaminó la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural y lo que resolvió el presidente del cuerpo, Mauricio Guzman. Tanto desde la Facultad de Arquitectura como desde el Colegio de Arquitectos se habían pronunciado -con mayor o menor dureza- en contra de la destrucción del viejo edificio. En cambio, Guzman, en consonancia con las intenciones del gobernador José Alperovich, le dio vía libre a la demolición iniciada antes de que fuera autorizada.La situación está muy tensa, sobre todo porque el empresario Jorge Brito, cuya firma tiene la concesión del futuro shopping, advirtió que no aceptará modificaciones al convenio que hizo con la Municipalidad y que tampoco permitirá que se afecte el nombre de su empresa. Por eso se entiende la inquietud del gobernador, que en una desafortunada frase dijo que el ex Abasto era un criadero de ratas. Mucho más se entiende el pánico de los funcionarios menores, que no se atreverán a contradecir al primer mandatario, que sugirió que rechazar el proyecto significaba inseguridad jurídica.
Ahora bien, los funcionarios ofrecen un pésimo ejemplo quebrantando las normas. Aquí está el verdadero problema de la inseguridad jurídica. Y no se trata de leyes viejas, sino sancionadas durante este mismo Gobierno. O bien no sabían sobre qué se estaba legislando, o bien nunca pensaron que iban a tener que usar las leyes 7.500 y 7.535, sancionadas en los tiempos en que se discutía ferozmente sobre la autorización para la venta de tierras y edificios del Estado, conocida como "Activo por activo". De allí surgió la norma sobre patrimonio que ahora molesta.
Otra cuestión es qué consideran las autoridades que es patrimonio. ¿Tendrá que ver, acaso, con la identidad cultural y con el turismo? ¿Tucumán tendrá un sello de identidad alguna vez, o bien se harán acá edificios que se repiten en todas partes, símbolos del "no lugar" y que sólo brindan servicios? ¿Una construcción que tiene paredes altas en tres de sus cuadras -como es el proyecto- integra al barrio? ¿Lo pensará el secretario de Cultura? Esto no tiene que ver con afectar, o no, los intereses de la empresa concesionaria. ¿Por qué no se debatió antes qué significaba el ex Mercado de Abasto, sobre todo si ya se contaba con múltiples ejemplos de edificios emblemáticos destruidos en Tucumán? ¿Por qué no se analizó la postura errática de los funcionarios municipales a lo largo de las licitaciones hechas para privatizar este predio?
Lo que más sorprende es que las cosas estén en este nivel de tensiones, si se considera que aún hablamos de un anteproyecto, no de un proyecto. No se está hablando de una calle con el pavimento mal hecho. Se trata de un emblema de una zona que merece ser parte del progreso y a la vez mantener su identidad.
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