31 Diciembre 2006 Seguir en 
Algunos críticos suelen cuestionar la edición de biografías sobre escritores célebres, por considerar que muchas veces desvían innecesariamete a los lectores del contacto directo con sus obras. Michael Hofmann, en una nota publicada en el diario inglés "The Guardian" ensaya una variante de esta tesis, pero trasladada al libro que aquí comentamos. ¿Para qué perder el tiempo leyendo la larga descripción -que hace el biógrafo británico Nicholas Murray- de la tormentosa relación de Kafka con su progenitor en lugar de sumergirse directamente en "Carta al padre"?, se pregunta el crítico.
En el caso del escritor checo, hay una correspondencia, un entrecruzamiento, entre su vida y sus textos que suministra un motivo extra para abordar su biografía. Esto no implica negarle autonomía a su obra ni restringir su interpretación. Sino simplemente apuntar que la existencia de Kafka se filtró en su literatura y viceversa. Los múltiples paralelismos entre ambas permiten seguir el trayecto vital del escritor como la contrapartida de sus ficciones, y abrir uno de los muchos ángulos de enfoque de sus escritos.
Nicholas Murray divide su libro en cuatro partes: "Praga", "Felice", "Milena" y "Dora". Los últimos tres son los nombres de los grandes amores del escritor, en torno de los cuales el biógrafo reconstruye las etapas de la vida de Kafka, que corresponden a los años en que se desarrollaron esas relaciones. La primera parte repasa las primeras tres décadas de la existencia del autor, concentrándose en sus vivencias escolares, la relación con su padre, su vocación literaria, su vida social y laboral.
Franz Kafka nació, en 1883, en Praga. Su padre llegó a esa ciudad desde un pueblo checo llamado Wossek y, después de arduos esfuerzos, logró convertirse en el dueño de un próspero negocio de telas. Una de sus mayores expectativas fue que su hijo varón, Franz, completara su ascenso social. Su rigidez contrastaría con la fina sensibilidad de su hijo y daría origen a uno de los grandes conflictos del escritor. La biografía logra ofrecernos una radiografía de esta cuestión central que, más allá de mostrar las diferencias entre la realidad y los escritos de Kafka, revea esa particular manera de percibir el mundo, que define al autor de "El proceso".
El incumplimiento del mandato familiar de ascenso y de integración se plasmaría en distintos órdenes de su vida. Kafka era un hombre introvertido, con dificultades para conectarse con la gente, con escaso interés en los negocios familiares y en sus actividades laborales. Traumáticos fracasos sentimentales se produjeron a raíz de reiteradas rupturas de compromisos matrimoniales, generados por el escritor. Kafka vivió en una tensión permanente entre el anhelo familiar, que él compartía en gran medida, y su pasión por la literatura, que lo impulsaba en sentido contrario. Su frágil salud fue el último obstáculo para ambos deseos. Kafka murió, por una tuberculosis o, quizás, por una desmesurada lucidez, a los cuarenta años.
Murray se concentra en los avatares que rodean a los procesos creativos de las grandes obras de Kafka: "La condena", "La metamorfosis", "América", "El proceso", "El castillo". Hay una coincidencia esencial entre todas ellas y la vida de su autor. Los hechos son lo menos relevante. Trascendentes son, en cambio, el planteo y la actitud que se desprenden de ellos. El drama de los protagonistas y de su creador deriva de la imposibilidad de encontrar un vínculo auténtico con el mundo. Y su heroísmo, de la búsqueda tenaz, indefinida y estéril de ese nexo. Estas relaciones, entre ficción y realidad, son rastreadas y analizadas con pericias por el biógrafo.
Un importante aporte de Murray es el contraste de los datos más fidedignos que se tienen de Kafka con relatos biográficos en los que pueden detectarse fisuras. Uno de ellos es el clásico libro de Max Brod (el gran amigo, promotor y destinatario del pedido de Kafka de destrucción de sus escritos). Apoyándose en estas revisiones (que superan, en algunos casos, a las de excelentes biografías como las de Ronald Hayman o Stach Reiner), "Kafka. Literatura y pasión" logra recomponer la imagen del Kafka histórico, despojándolo de ciertos aspectos míticos, pero sin olvidar, en ningún momento, que su sustancia vital fue su literatura. (c) LA GACETA
En el caso del escritor checo, hay una correspondencia, un entrecruzamiento, entre su vida y sus textos que suministra un motivo extra para abordar su biografía. Esto no implica negarle autonomía a su obra ni restringir su interpretación. Sino simplemente apuntar que la existencia de Kafka se filtró en su literatura y viceversa. Los múltiples paralelismos entre ambas permiten seguir el trayecto vital del escritor como la contrapartida de sus ficciones, y abrir uno de los muchos ángulos de enfoque de sus escritos.
Nicholas Murray divide su libro en cuatro partes: "Praga", "Felice", "Milena" y "Dora". Los últimos tres son los nombres de los grandes amores del escritor, en torno de los cuales el biógrafo reconstruye las etapas de la vida de Kafka, que corresponden a los años en que se desarrollaron esas relaciones. La primera parte repasa las primeras tres décadas de la existencia del autor, concentrándose en sus vivencias escolares, la relación con su padre, su vocación literaria, su vida social y laboral.
Franz Kafka nació, en 1883, en Praga. Su padre llegó a esa ciudad desde un pueblo checo llamado Wossek y, después de arduos esfuerzos, logró convertirse en el dueño de un próspero negocio de telas. Una de sus mayores expectativas fue que su hijo varón, Franz, completara su ascenso social. Su rigidez contrastaría con la fina sensibilidad de su hijo y daría origen a uno de los grandes conflictos del escritor. La biografía logra ofrecernos una radiografía de esta cuestión central que, más allá de mostrar las diferencias entre la realidad y los escritos de Kafka, revea esa particular manera de percibir el mundo, que define al autor de "El proceso".
El incumplimiento del mandato familiar de ascenso y de integración se plasmaría en distintos órdenes de su vida. Kafka era un hombre introvertido, con dificultades para conectarse con la gente, con escaso interés en los negocios familiares y en sus actividades laborales. Traumáticos fracasos sentimentales se produjeron a raíz de reiteradas rupturas de compromisos matrimoniales, generados por el escritor. Kafka vivió en una tensión permanente entre el anhelo familiar, que él compartía en gran medida, y su pasión por la literatura, que lo impulsaba en sentido contrario. Su frágil salud fue el último obstáculo para ambos deseos. Kafka murió, por una tuberculosis o, quizás, por una desmesurada lucidez, a los cuarenta años.
Murray se concentra en los avatares que rodean a los procesos creativos de las grandes obras de Kafka: "La condena", "La metamorfosis", "América", "El proceso", "El castillo". Hay una coincidencia esencial entre todas ellas y la vida de su autor. Los hechos son lo menos relevante. Trascendentes son, en cambio, el planteo y la actitud que se desprenden de ellos. El drama de los protagonistas y de su creador deriva de la imposibilidad de encontrar un vínculo auténtico con el mundo. Y su heroísmo, de la búsqueda tenaz, indefinida y estéril de ese nexo. Estas relaciones, entre ficción y realidad, son rastreadas y analizadas con pericias por el biógrafo.
Un importante aporte de Murray es el contraste de los datos más fidedignos que se tienen de Kafka con relatos biográficos en los que pueden detectarse fisuras. Uno de ellos es el clásico libro de Max Brod (el gran amigo, promotor y destinatario del pedido de Kafka de destrucción de sus escritos). Apoyándose en estas revisiones (que superan, en algunos casos, a las de excelentes biografías como las de Ronald Hayman o Stach Reiner), "Kafka. Literatura y pasión" logra recomponer la imagen del Kafka histórico, despojándolo de ciertos aspectos míticos, pero sin olvidar, en ningún momento, que su sustancia vital fue su literatura. (c) LA GACETA







