15 Abril 2007 Seguir en 
Lucho Hoyos y Jorge Farall no coinciden en el diagnóstico: el primero sostiene que efectivamente hay concursos, y que en Tucumán el folclore es convocante, además, por cierta idiosincrasia del norte argentino. El segundo afirma que excepto el Pre Cosquín y el Festival de la Canción Universitaria, no hay iniciativas en ninguna área, y se refiere a las categorías de intérprete, instrumentista, solista, grupos y composición. “En general todo se circunscribe a concursos, subsidios o becas convocados por instituciones ubicadas en Buenos Aires, como el Fondo Nacional de las Artes, Sadaic, Trinac y Trime”, sostiene Farall.
Ambos, tampoco están de acuerdo sobre la utilidad de los premios: Farall dice que “agrega un ítem más en el curriculum, y a la larga, es un mimo”. Lucho Hoyos, por el contrario, responde que la categoría del premio siempre depende de la alcurnia de la institución que lo organice. “Cuanto más truchos son, más truchos son los premios. Tuve la suerte de ganar muchos concursos, y sirven en todo sentido, sobre todo para la autoestima; son una especie de empujón en una senda que no es la más ortodoxa como carrera a seguir en la vida; sirve porque es un reconocimiento a tu labor”, asegura. Y no podía faltar una anécdota curiosa. “Una vez gané un concurso del NOA en composición; y el tercer premio fue para una célebre de Pepe Núñez (“Aguita demorada”) que después fue grabada por Mercedes Sosa y por muchísimos artistas más, mientras que al tema mío no lo seguí cantando ni yo. Pero ni te cuento el empujón que significó en mi carrera artística el haberlo obtenido”, agrega el cantautor. Hoyos asegura que es en la cancha donde se miden los jugadores. “Podés tener un curriculum inmenso, pero si no lo sostenés, no existís; por eso creo que obtener este tipo de recompensas no tiene valor para el curriculum”.
Lucho Hoyos cuenta que ya no participa en concursos: “creo que corresponden cronológicamente a un momento de la vida en que uno anda intentando demostrar y sobre todo demostrarse que puede o que debe hacerlo”, reflexiona.
Jorge Farall, por su parte, relató que “el Pre-Cosquín no sólo no les paga nada a los ganadores sino que además promete llevarlos a Córdoba con todo pago. Hasta la última vez que yo participé como jurado, esta situación siempre fue conflictiva, ya que en dicha oportunidad, llegado el momento del viaje, los organizadores convocaron a una reunión en la que adujeron no tener fondos para costear lo que es su compromiso asumido y, lamentablemente, a pesar de eso hubo quienes decidieron ir hasta Córdoba a costa de sus bolsillos; eso fue terrible. A los jurados nos prometieron honorarios que quedaron sin cubrir en su totalidad. El Festival de la Canción Folclórica Universitaria, en cambio, cumplió con todo lo pactado, a los jurados y a los ganadores”, aseguró.
Ambos, tampoco están de acuerdo sobre la utilidad de los premios: Farall dice que “agrega un ítem más en el curriculum, y a la larga, es un mimo”. Lucho Hoyos, por el contrario, responde que la categoría del premio siempre depende de la alcurnia de la institución que lo organice. “Cuanto más truchos son, más truchos son los premios. Tuve la suerte de ganar muchos concursos, y sirven en todo sentido, sobre todo para la autoestima; son una especie de empujón en una senda que no es la más ortodoxa como carrera a seguir en la vida; sirve porque es un reconocimiento a tu labor”, asegura. Y no podía faltar una anécdota curiosa. “Una vez gané un concurso del NOA en composición; y el tercer premio fue para una célebre de Pepe Núñez (“Aguita demorada”) que después fue grabada por Mercedes Sosa y por muchísimos artistas más, mientras que al tema mío no lo seguí cantando ni yo. Pero ni te cuento el empujón que significó en mi carrera artística el haberlo obtenido”, agrega el cantautor. Hoyos asegura que es en la cancha donde se miden los jugadores. “Podés tener un curriculum inmenso, pero si no lo sostenés, no existís; por eso creo que obtener este tipo de recompensas no tiene valor para el curriculum”.
Lucho Hoyos cuenta que ya no participa en concursos: “creo que corresponden cronológicamente a un momento de la vida en que uno anda intentando demostrar y sobre todo demostrarse que puede o que debe hacerlo”, reflexiona.
Jorge Farall, por su parte, relató que “el Pre-Cosquín no sólo no les paga nada a los ganadores sino que además promete llevarlos a Córdoba con todo pago. Hasta la última vez que yo participé como jurado, esta situación siempre fue conflictiva, ya que en dicha oportunidad, llegado el momento del viaje, los organizadores convocaron a una reunión en la que adujeron no tener fondos para costear lo que es su compromiso asumido y, lamentablemente, a pesar de eso hubo quienes decidieron ir hasta Córdoba a costa de sus bolsillos; eso fue terrible. A los jurados nos prometieron honorarios que quedaron sin cubrir en su totalidad. El Festival de la Canción Folclórica Universitaria, en cambio, cumplió con todo lo pactado, a los jurados y a los ganadores”, aseguró.
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