Blanca Rosa Gómez: "Hice lo que había soñado?

Con 82 años y casi siete décadas de carrera en las tablas tucumanas, la actriz y cantante será premiada por el Instituto Nacional del Teatro.

EN 1955. De Oliva y Blanca Rosa Gómez en la obra “Genoveva de Brabante”.
EN 1955. De Oliva y Blanca Rosa Gómez en la obra “Genoveva de Brabante”.
10 Abril 2007
Cuando comenzó -dice- no sabía nada. O casi nada. Tenía una sola obsesión: quería ser artista. "Cuando se lo dije a mis padres se armó un revuelo descomunal. Pero, al final, terminé haciendo lo que siempre había soñado: actuar y cantar", asegura. Con casi 70 años de carrera, Blanca Rosa Gómez es una de las pocas artistas tucumanas que puede contar con lujo de detalles, cómo fueron aquellos "años dorados" del teatro tucumano. En reconocimiento a esa trayectoria, será galardonada la semana próxima con el Premio Regional de Instituto Nacional del Teatro.
"Ya era hora", comenta con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro. "Hace muchos años dejé mi currículum en el Instituto. Estaba a punto de retirarlo porque ya no esperaba ganar", agrega. De lo que no quiere saber nada es de abandonar el teatro. "No pienso en el retiro. Sólo dejaré de actuar cuando la muerte me separe de este mundo o cuando pierda la razón", dice Gómez que, a los 82 años, sueña con la próxima obra que hará en teatro.
Rebosante de vitalidad, locuaz y con la elegancia propia de las estrellas, Gómez (cuyo nombre artístico era Norma Rey) comenzó a los 8 años, cantando. "Fue en una audición musical de LV 7. Recuerdo que me escapé de casa para presentarme en el programa. Me llamaban ?La petit Lamarque? porque yo cantaba canciones de Libertad Lamarque y la imitaba en todo. Era mi artista preferida y yo soñaba con ser como ella", cuenta. Claro que en aquellos años ser artista no era precisamente lo que los padres querían para sus hijos. "Se pensaba que una actriz era una suerte de vedette o de cortesana escandalosa. A las mujeres no nos quedaba otro destino que estudiar para ser maestras. Yo, igualmente, me impuse y un día hablé con mis padres. Les dije: ?quiero ser artista, no maestra?. Y se armó la grande", agrega. Por suerte, su madre la apoyó mucho y, por esa razón, a los 14 años empezó a hacer varieté. "Mis primeros trabajos fueron con Armando de Oliva en el radioteatro. Lo más lindo era cuando salíamos de gira por distintos pueblos. Era conmovedor ver la respuesta de la gente. Una vez, en Mendoza, una comunidad indígena asistió a una de nuestras funciones. Y, como todo era al aire libre, actuamos en el suelo, con las mínimas comodidades. Al final aplaudieron tanto que yo me largué a llorar como una Magdalena", dice.
Era un teatro más intuitivo. Todo fluía del corazón hacia afuera. "Cada vez que salgo a escena siento que no soy yo. Me convierto en esa otra persona a la que debo prestarle mi vida. Es una transformación maravillosa que no estoy dispuesta a dejar de ejercer", indica conmovida. Su último trabajo fue hace dos años, en la puesta "El cerco de Leningrado", con Rosa Avila y la dirección de Carlos Alsina. "No he vuelto a actuar porque ahora estoy dedicada de tiempo completo a mi hogar. Soy ama de casa y estoy al cuidado de mi hermana mayor y de un sobrino de 21 años. Pero no descarto volver al teatro pronto. Estoy esperando que me ofrezcan un papel", dice.
Gómez nunca se casó. "Estaba escrito que mi destino no iba a ser el matrimonio. Eso no quiere decir que no haya tenido mi oportunidad. Lo que pasa es que las historias de amor sólo suceden una vez en la vida. Yo tuve un novio en Mendoza que también era actor, pero él nunca quiso dejar esa provincia para casarse conmigo aquí, en Tucumán. No pudo ser", recuerda. Hoy, Blanca Rosa Gómez está convencida de que su vida trashumante y soñadora fue lo mejor que le pudo haber pasado. "No me arrepiento de nada. He sido y soy feliz. ¿Qué más puedo pedir?", agrega.

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