Los nuevos desafíos de la dirigencia deportiva

09 Abril 2007
Sin dudas, la función del dirigente deportivo cambió en los últimos años de tal modo que en la actualidad pasó a convertirse en una labor con un alto compromiso social. Pero las obligaciones a las que deben hacer frente, no siempre van de la mano de la responsabilidad. Tucumán ha visto en el pasado reciente numerosos casos de personas que no supieron comprender el verdadero rol que debían cumplir al frente de clubes, instituciones, asociaciones y federaciones. De allí que muchas hayan caído en una situación ciertamente delicada, con sus patrimonios afectados y su futuro en peligro.
Las críticas a la labor dirigencial históricamente fueron las mismas: fundamentalmente se apunta a sus administraciones, a su falta de capacitación, a su gestión parcial sin contemplar a todos los estamentos de una entidad.
Muchas veces se dijo que en la actualidad no se es dirigente porque se quiere, sino porque se puede, tanto por tiempo como por recursos económicos. Esta realidad, sin embargo, no debe hacer olvidar los principios que deben regir en la tarea de cualquier persona que toma las riendas de una institución: honestidad, capacidad, creatividad, innovación, transparencia, incluso coraje para poder hacer frente a todos los tipos de vicisitudes que se enfrentan en la función. Pero también es necesaria una preocupación por satisfacer los intereses de la comunidad, entender los nuevos conceptos de motivación, el manejo de recursos humanos, los proyectos, y la gestión deportiva.
El deporte no es sólo un ámbito donde se desarrollan actividades físicas o de esparcimiento, sino un espacio donde confluyen distintas ambiciones y motivaciones. En este ámbito, un dirigente capacitado ya no sólo desarrolla una tarea más amplia en su campo de influencia, sino que puede transformarse en un líder social, incluso político.Una reflexión tradicional sobre la tarea es aquella que indica que el dirigente deportivo se gradúa con pasión dentro de las instalaciones de un club. Y que en su gestión repite lo que generaciones han venido haciendo con mayor o menor éxito. Pero ello, en la práctica, ya no puede ni debe aplicarse.
En la actualidad, el trabajo de un directivo contempla numerosos aristas. Por ejemplo, en los clubes debe saber cómo introducir aspectos culturales. O cómo asesorar a un deportista retirado. Por otro lado, aplicar el marketing, y la relación con los medios de comunicación son temas que no puede pasar por alto. Tampoco cuestiones inherentes a lo económico-financiero; el planeamiento estratégico y el control de gestión; la medicina en el deporte, incluso los aspectos jurídicos que conllevan manejar una institución. Y todo ello en un marco de absoluta vocación de servicio, con entusiasmo y buena voluntad, sin hacer gala de poder y sin promover acciones que resulten adversas o contradictorias.
En situaciones delicadas, a los dirigentes se les pide actitudes de grandeza. En ese sentido, si deben producirse renunciamientos o incorporación de gente que sume, son cuestiones de indispensable y urgente resolución con un único fin: pensar ciento por ciento en el beneficio del club y no en los intereses sectoriales ni -mucho menos- personales. Porque siempre, inevitablemente, las luchas internas terminan provocando un deterioro en todos los aspectos. Y en cuestiones como esta, un dirigente siempre debe estar un paso adelante y advertir en tiempo y forma cuando algo no está bien y se está a las puertas de una situación de peligro que afecte no sólo los intereses institucionales, sino también los personales de cada uno de los asociados.

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