La casa no está en orden

La confrontación entre el Gobierno y la Iglesia -que se extiende en algunas provincias- puede agudizarse en este año electoral. Por Guillermo Villarreal - Columnista de la agencia DyN.

08 Abril 2007
Los recientes enfrentamientos de obispos con gobernadores kirchneristas revelan que las relaciones de la Casa Rosada con referentes del Episcopado no están en orden en esta Pascua, y anticipan que esa confrontación puede agudizarse en un año electoral. A pesar de que el cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires) alentó dos veces esta semana a “curar” las divisiones entre los argentinos, los gestos y los dichos de las partes parecen demostrar lo contrario.
Un clima político de por sí enrarecido, que en lo eclesial debe definir la situación del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, a quien el presidente Néstor Kirchner echó en marzo de 2005 por una frase evangélica que se interpretó como apología de la dictadura y todavía sigue en el cargo. El prelado ya presentó su renuncia por alcanzar el límite de edad canónica y el Vaticano analiza una terna de posibles sucesores. La decisión -según circula en ambientes eclesiásticos- es inminente, pero el obispo elegido por la Santa Sede deberá ser refrendado por Balcarce 50, lo que podría dilatar la respuesta y hasta disolver las capellanías castrenses.
En este contexto, la sucesión de choques entre obispos y mandatarios provinciales no son un dato menor. Tampoco, que Bergoglio haya alegado razones de salud para no ir a un acto ecuménico por los mártires de la fe, que debía presidir el pasado martes en la parroquia Nuestra Señora del Pilar, donde estuvo el secretario de Culto, Guillermo Oliveri.
Tal vez la repentina gripe del purpurado porteño se motivó -se especuló- en los trascendidos sobre la posible participación de un funcionario allegado a Kirchner. Alberto Fernández o Aníbal Fernández, entre los más citados. O bien por el probable nuevo desaire del jefe de Estado al primado, si se confirma que como en 2005 no irá a la catedral metropolitana para el histórico Tedéum por el 25 de Mayo.
Entonces se alegó que el objetivo era “nacionalizar” la fiesta patria; por eso, se la llevó a Santiago del Estero. Ahora sería por el lanzamiento en Mendoza de la fórmula presidencial del oficialismo, que tendría al gobernador radical-K Julio Cobos como candidato a vicepresidente.
Pero la movida gubernamental tiene una doble contradicción. Bergoglio no estará en Buenos Aires para esa fecha porque debe participar en Brasil de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Tampoco el arzobispo mendocino, José María Arancibia, que también asistirá al encuentro continental.
El panorama no es muy distinto en las provincias, donde los enfrentamientos entre obispos y gobernadores, sobre todo aliados del Gobierno nacional, parecen estar a la orden del día. El más reciente se produjo entre monseñor José María Arancedo (Santa Fe) y el gobernador Jorge Obeid, por las inundaciones que sacudieron a esa provincia litoraleña, que dejó  una decena de muertos y más de 50.000 evacuados. Antes había sido monseñor Joaquín Piña (Puerto Iguazú), que se opuso a la reelección indefinida del gobernador misionero Carlos Rovira, a quien le ganó las elecciones a convencional constituyente.También hubo diferencias entre el arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba, y el gobernador José Alperovich, por la referencia a Dios en la reforma a la Constitución provincial y la designación de un sacerdote, que además dejó los hábitos por amor, en la cartera social.
Más recientemente, el propio Kirchner criticó la actitud del obispo de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanín, quien se puso al frente de la protesta salarial de los docentes de Santa Cruz y se quejó por la “militarización” de la provincia.

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