Visto y considerando
Subsistimos en un imperio de reglas restrictivas y prohibitivas, pues fallan las de conciencia. Y a una ley se la interpreta de varios modos. Por Carlos Werner - Redacción LA GACETA.
08 Abril 2007 Seguir en 
Una sola ley, distintas interpretaciones. Sí, como lo lee. Y diversas varas para considerar, juzgar y, eventualmente, sancionar a quien las infringe. Hay desconocimiento, negligencia, error, omisión, viveza criolla, dominio del más fuerte, mezclados en nuestro diario trajinar de ciudadanos. ¿Le suena? Claro, si a todos nos tocan en mayor o en menor medida estas cuestiones en un país (lo dice el mundo) que se acostumbró a lo corrupto. Entre tanto -lamentablemente- para elegir, tomemos un tema al azar: la acción y efecto de transitar, es decir, pasar por vías y parajes públicos. Se ande en auto, colectivo, bicicleta o a pie. Para lo primero, metemos la mano en el bolillero, sacamos papelitos y llegan las preguntas: ¿por qué hasta hace algunas semanas nadie sabía (o interpretaba o hacía valer) que había que sacar el carné de manejo en el municipio donde uno habita? ¿Quién se dio cuenta y por qué? ¿Es por prevención, orden administrativo o recaudación? (comentarios al margen, ¡ahora sí se puede transitar seguro por las calles! Baches, cráteres, bocas de tormenta abiertas, semáforos rotos, carros o autos viejos que se crucen, no son el tema del momento). ¿Qué ahora se trabaja entre los municipios para coordinar la provisión de las licencias? Aplausos (tardíos) para el asador...Una más: para poder transitar en vehículo también se deben tener otros papeles en orden. Lógico, hay una norma nacional para tomar de referencia. ¿Revisión técnica? Se analizan los frenos, los amortiguadores, las luces, la emisión de gases... Ah, usted dice que los talleres que hacen la gestión no exigen lo mismo. Vea, amigo (perdón, Calliera), al que le quepa el sayo que se lo ponga.
Que hay una reglamentación que rige las condiciones que deben tener los colectivos urbanos y su frecuencia, todos lo saben. Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia entre un servicio y otro? Hoy, ir al oeste de la ciudad no es lo mismo que viajar, digamos a Villa 9 de Julio. ¿Ciudadanos de segunda? No, qué va, eso es algo que nadie podría permitir. Mucho menos a la hora del necesario voto.
Los adolescentes al volante son otro tema. Están, no son un invento. Sobre todo, aparecen esos hijos de padres pudientes que aceleran en las avenidas como si se tratara del óvalo de Indianápolis. Aquí no hay broma que valga. Hubo muertes causadas por esta insensatez, por calificar de algún modo a los que dejan las llaves en manos de quienes a veces no saben lo que quieren, pero lo quieren ya. Imputables o no, qué más da. ¿Qué diferencia hay en el delito que estos grandes cometen con relación a quienes delinquen en barrios marginales y usan a menores de edad como pantalla para escapar de la Justicia o atemperar sus penas?
Por estos pagos, el largo brazo de la ley parece tener la medida que le da la voluntad. Subsistimos en un imperio de reglas restrictivas y prohibitivas porque las de conciencia fallan, debido a mensajes poco claros, o discontinuos o que no transmiten nada. Las precariedades asoman en una lista larga y preocupante: leyes nacionales, provinciales y municipales; reglas de convivencia; reglamentaciones policiales; acuerdos civiles y comerciales; decretos; legislaciones; mandatos; estatutos; preceptos; prescripciones. Todo es pasible de ser violado, contravencionado, atropellado, quebrantado, transgredido, vulnerado, conculcado. Tanto, que a esta altura el bien y el mal definen el asunto por penales. Y, ya se sabe, en esta instancia puede pasar cualquier cosa.







